La lucha de las feministas judías ante Muro de los Lamentos

11 de Enero de 2010 | 10:29 |
Jerusalen.- Feministas judías se enfrentan una vez por mes al oprobio y los insultos de sus correligionarios masculinos por ir a recogerse, orar y cantar al Muro de Lamentaciones en Jerusalén, el lugar más sagrado de su fe.

Estas mujeres, pertenecientes a las corrientes modernistas del judaísmo, dicen ser víctimas de discriminación debido a su sexo.

Pero para sus adversarios, empezando por el rabino del Muro de Lamentaciones, Shmuel Rabinovich, las mujeres violan los preceptos del judaísmo e incurren en "provocación".

El porte del chal de oración ("talit") o el rollo sagrado de la Torá está reservado a los hombres, aseguran los haredim ("temerosos de Dios"), judíos ultraortodoxos. Los cantos también, ya que según ciertos rabinos las melopeas femeninas podrían estimular la concupiscencia entre los hombres, que rezan al lado, aunque de forma separada.

El primer día del mes en el calendario lunar judío, las militantes de la asociación "Women at the Wall (WoW) -las "Mujeres del Muro"- se congregan en el Kotel Hamaaravi (el Muro occidental, en hebreo, o Muro de las Lamentaciones), último vestigio del segundo templo destruido por las legiones de Tito, en el año 70 de la era cristiana.

Las mujeres acuden a rezar pese a los insultos que proceden de la sección adyacente, mucho más amplia, y reservada a los hombres. Los gritos surgen de las filas ultraortodoxas: "¡Nazis!", "¡Váyanse con los curas!".

El mes pasado, una de las "Mujeres del Muro", Nofrat Frankel, fue brevemente detenida por la policía por haber llevado el "talit" portando la Torá.

Esta infracción a la ley religiosa puede ser castigada con seis meses de prisión y una multa de 3.000 dólares.

El rabino Rabinovich, que custodia el Muro, alude a una "inadmisible provocación".

Pero las mujeres no están de acuerdo: "Nada tiene que ver con el judaísmo. Se trata de un fundamentalismo que desacraliza este lugar", opina Anat Kaufman, dirigente de WoW, que lleva en la cabeza una corona de papel con la inscripción: "El Kotel pertenece a todos".

Según un dictamen de la Corte Suprema israelí de 2003, la presencia de estas mujeres que recitan oraciones frente al Muro de las Lamentaciones es susceptible de alterar el orden público.

Es cierto que los haredim han impuesto a lo largo de los años su control sobre el Kotel, ignorando a las demás corrientes del judaísmo, lamenta la dirigente de WoW.

"El Muro Occidental se ha convertido en su discoteca", ironiza.

Interrogado por la AFP, el rabino Rabinovich asegura que hace todo lo posible para complacer a todos los visitantes del lugar.

"Pero las oraciones de este grupo (de mujeres) no son conformes a las tradiciones judías (...)", afirma.

En cambio, Peretz Rodman, un rabino más moderado, no duda en comparar la detención de Frankel con las persecuciones religiosas en la ex URSS.

"Uno de mis colegas me contó que es exactamente lo que ocurría hace 40 años en Moscú, cuando alguien osaba llevar en público un talit y la Torá", escribió el rabino Rodman en un editorial publicado por el diario en línea Y-Net.

"Pero aquello era la Unión Soviética, un régimen totalitario y represivo. Aquí, estamos en Israel, y en el siglo XXI", afirma.
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