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¿Aguardiente o los hijos?

08 de Junio de 2010 | 11:58 |
Mont-Belo, República de Congo .— Hay un secreto horrible de pobreza mundial, uno que reconocen en raras ocasiones los organismos de ayuda o los informes de Naciones Unidas.

Es una verdad tajante que es políticamente incorrecta, desgarradora, frustrante y omnipresente: Es que si las familias más pobres gastaran tanto dinero en la educación de sus hijos como lo hacen en licor, cigarrillos y prostitución, cambiarían sus perspectivas. Mucho sufrimiento se causa no sólo por los bajos ingresos, sino también por las decisiones, cortas de miras, del gasto privado que toma el jefe de familia.

Es probable que eso suene moralista, altivo y cruel, pero ha estado en mi mente mientras he viajado por el centro de Africa con un universitario en mi recorrido anual gane un viaje. Aquí, en esta aldea congolesa de Mont-Belo, conocimos a Jovali Obamza, un alumno brillante de cuarto grado, a quien están a punto de expulsar de la escuela porque su familia no ha pagado la colegiatura desde hace tres meses. (En teoría, la escuela pública es gratuita en la República de Congo. De hecho, cada escuela que visitamos cobra cuotas.)

Pedimos ver a los padres de Jovali. El papá, Georges Obamza, quien teje bancos de paja que vende en un dólar cada uno, es indiscutiblemente muy pobre. Dice que la familia está atrasada ocho meses en el pago de seis dólares mensuales de renta y están en riesgo de que los desalojen, y no tienen a dónde ir.

Los Obamza no tienen mosquiteros, aun cuando han perdido a dos de sus ocho hijos a causa del paludismo. Dicen que simplemente no pueden pagar los seis dólares que cuesta un mosquitero. Ni tampoco pueden pagar los 2.50 dólares mensuales de colegiatura por cada uno de sus tres hijos en edad escolar.

“Es difícil ganar el dinero para mandar a los niños a la escuela”, explicó Obamza, algo avergonzado.
Sin embargo, Obamza y su esposa Valerie sí tiene teléfonos celulares y dicen que gastan juntos 10 dólares en llamadas.

Además, Obamza va varias veces a la semana a beber a un bar de la aldea y gasta cerca de un dólar en aguardiente por noche. Según sus cálculos, eso suma cerca de 12 dólares mensuales, casi tanto como la renta y las colegiaturas combinadas.

Le pregunté a Obamza por qué prioriza al alcohol por encima de la educación de sus hijos. Su mirada fue de reproche.

Otros aldeanos dijeron que Obamza bebe menos que el hombre promedio de la aldea (las mujeres toman muchísimo menos). Muchos otros hombres beben todas las noches, dijeron, y también gastan dinero en cigarrillos.

“De ser posible, bebo todos los días”, dijo francamente Fulbert Mfouna, de 43 años, cuyos hijos también tuvieron que abandonar la escuela o repetir año por no pagar las colegiaturas. Su hijo mayor, Jude, aún está en primer año tras repetir durante cinco años por no pagar. Entre tanto, Mfouna reconoció gastar dos dólares diarios en licor y cigarrillos.

Tradicionalmente, un joven aquí podría haber pagado a la familia de su esposa un “precio por la novia” de un par de cabras. Ahora el “precio por la novia” empieza con jarras enormes de vino y dos botellas de gisqui.

Dos economistas del MIT, Abhijit Banerjee y Esther Duflo, encontraron que es típico que los pobres del mundo gasten cerca de 2% de su ingreso en la educación de sus hijos, y, a menudo, un porcentaje mayor en alcohol y tabaco: 4% en el campo de Papúa Nueva Guinea, 6% en Indonesia y 8% en México. Los indigentes también gastan cantidades significativas en refrescos, prostitución y festivales extravagantes.

Miren, no quiero ser un aguafiestas afectado. Sin embargo, he visto demasiados niños muriendo por el paludismo que necesitan un mosquitero, y el padre me dice que no puede pagarlo, aun cuando gasta cantidades mayores en licor. Si queremos que los hijos de Obamza tengan una educación y duerman bajo un mosquitero, bueno, la opción más sencilla es que su papá pase menos noches en el bar.

Debido a la creciente evidencia de que es más probable que las madres gasten dinero en la educación de los hijos que los padres, una solución es darles a las mujeres mayor control del dinero y más derecho legal a los activos. Algunos organismos de ayuda y de las Naciones Unidas trabajan en ello.

Otro enfoque es los microahorros para ayudar a los pobres a ahorrar dinero cuando no les interesan a los bancos. Queda cada vez más claro que la parte más poderosa de las microfinanzas no es los microcréditos sino los microahorros.

Los programas de microahorro, organizados por CARE y otras organizaciones, trabajan para convertir una cultura de consumo en una de ahorro. Es frecuente que se conserven los ahorros familiares bajo el nombre de las mujeres en los programas, para darles a las madres mayor voz en las decisiones sobre el gasto y los he visto funcionar en Africa, América Latina y Asia.

En ocasiones, humanitarios bien intencionados pulen el sufrimiento para que parezca más virtuoso y noble de lo que es frecuentemente. Si hemos de avanzar, y lograr que niños como los Obamza vayan a la escuela y duerman bajo mosquiteros, necesitamos ver resueltamente las verdades incómodas; y, entonces, tratar de reorientar el dinero familiar que hoy se gasta en vino y prostitución.
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