No sufra más y deje de “amarlo” tanto

Luego de tratar a alcohólicos y drogadictos, una terapeuta estadounidense notó cómo las parejas de éstos tenían similares características: eran adictas a sus relaciones y “amaban” demasiado.

11 de Marzo de 2011 | 11:58 | Emol
Emol
¿Es adicta a las relaciones amorosas? ¿No concibe su vida sin un hombre a su lado que le convenza con su amor de que ud. no es lo peor del mundo, que de verdad vale la pena como mujer y, de paso, apacigüe una que otra carencia emocional que arrastra desde su niñez? ¿No es entonces ese mismo hombre merecedor de todos sus esfuerzos para “ayudarlo” a que madure y se transforme en alguien más adecuado a su persona, alguien que no le haga rabiar ni pasar penas, mientras deja de lado proyectos y tiempo para ud.?

Si las respuestas son afirmativas, usted es una de las mujeres que aman demasiado. Es ese término el que le dio Robin Norwood, terapeuta estadounidense, a aquellas adictas a los hombres y a las relaciones insalubres que se mantienen de pie entre parches y arreglos provisorios y que por motivos personales, que generalmente se atribuyen a trancas no superadas, se agarran de las uñas para no ser alejadas de su romance tóxico.

Luego de tratar a alcohólicos y drogadictos, Norwood se dio cuenta de ciertas similitudes entre las esposas y parejas de sus pacientes, que le revelaron la profundidad de la adicción de estas mujeres a hombres, que a su vez, eran adictos a sustancias. “Sus historias personales revelaban la necesidad de superioridad y sufrimiento que experimentaban en su papel de ‘salvadoras’”, comentó en su libro “Las mujeres que aman demasiado” (Ediciones B), inspirado en estas y otras mujeres que parecen necesitar cada día más y más a hombres que no satisfacen sus necesidades y que paradojalmente, por esta razón, se transforman en objeto de adicción.

La idea es “ayudar a reconocer ese hecho a las mujeres que tiene patrones destructivos de relacionarse con los hombres, comprender el origen de esos patrones y obtener las herramientas necesarias para cambiar sus vidas”, dijo la terapeuta, quien no duda en afirmar que este tipo de vicio de “amar” tanto, tiene comportamientos típicos de una adicción a alcohol u otras sustancias. En el caso de los alcohólicos, existe una adicción a la bebida, mientras que en las mujeres adictas a su pareja, es a la relación. Además, en ambos casos existe una negación de los alcances del problema, se miente para ocultar lo que realmente sucede, hay repetidos intentos de controlar la situación, pero admiten ser incapaces de hacerlo; y aparecen cambios de ánimo inexplicables y dolores físicos, por el abuso del alcohol, en el primer caso, por el estrés en el segundo.

Incluso afirma que no es poco común que esta adicción a los hombres vaya de la mano con el consumo de bebidas u drogas o a algo más típico, como la comida. “Hemos comido en exceso o escasamente, o ambas cosas, para olvidar la realidad, para distraernos, y para insensibilizarnos al vasto vacío emocional que hay en lo profundo de nuestro ser”, dice Norwood, quien agrega: “Cuanto más dependamos del alcohol, las drogas o la comida, más culpa, vergüenza, miedo y odio por nosotras mismas sentimos. Cada vez más solas y aisladas, es posible que nos desesperemos por el consuelo que parece prometer una relación con un hombre” (...) “utilizamos las relaciones de la misma manera en que utilizamos nuestra sustancia adictiva: para alejar el dolor”.

Y manos a la obra: Hacia la dependencia emocional

“No hay atajos para salir del patrón de amar demasiado (...) Es un modelo aprendido a temprana edad y muy bien practicado, y el hecho de abandonarlo será temible, amenazados y un constante desafío. (...) Si elige iniciar el proceso de recuperación, dejará de ser una mujer que ama a alguien con una intensidad tal que resulta dolorosa, para empezar a ser una mujer que se ama a sí misma o suficiente para evitar el dolor”, promete Norwood.

La terapeuta enumera una lista de acciones para realizar, en el orden cronológico que ella misma ha visto que generalmente experimentan las mujeres que a su criterio, han logrado salir adelante y superar su extrema dependencia amorosa. “Los pasos son sencillos, pero no fáciles. Todos son igualmente importantes”, advierte.

1.- Busque ayuda: Para eso, sirve desde un libro de autoayuda hasta pedir hora con el terapeuta. “(Esto) no significa amenazar a su pareja con el hecho de que usted está pensando en  hacerlo”, explica la Norwood, ya que sería un intento de chantaje a cambio de que él corrija su comportamiento.

2.- Haga que su recuperación sea la prioridad absoluta en su vida: No importa cuánto cueste, usted se recuperará. “Si bien todo su trabajo y todos sus esfuerzos no pueden cambiarlo a él, usted sí puede, con el mismo gasto de energías, cambiarse a sí misma”, dice la terapeuta quien también aconseja no posponer nunca la hora con el terapeuta o alguna otra actividad personal porque a última hora él la llamo para juntarse.

3.- Busque un grupo de apoyo integrado por pares que le entiendan: La terapeuta propone buscar, y si no existe, crear un grupo de mujeres que pasen por la misma situación. La idea es tratar de entender qué las hace tan dependientes de sus relaciones, más que sólo ir a compartir los problemas conyugales.

4.- Desarrolle su lado espiritual mediante la práctica diaria: Esto significa elegir un camino que le produzca placer y la lleve más allá de usted, que le otorgue perspectiva. Este puede ser Dios, la naturaleza, la meditación, etcétera.

5.- Deje de manejar y controlar a los demás: Referente a la pareja, esto es no ayudarlo ni aconsejarlo en exceso. “Supongamos que este otro adulto a quien usted está ayudando y aconsejando tiene tanta capacidad como usted para encontrar un empleo, un apartamento, un terapeuta, una reunión de A.A., o cualquier otra cosa que necesite”, ejemplifica Norwood.

6.- Aprenda a no “engancharse” en los juegos de la comunicación: Con esto, la terapeuta propone no participar de la dinámica común que aparecen en las discusiones de pareja, donde tanto usted como su pareja se comportan como víctimas, recriminadores y controladores, descartando así que se expresen los verdaderos sentimientos y problemas. “Deje de tratar que las cosas salgan como usted quiere mostrándose amable, enfadada o indefensa. Cambie lo que pueda (...) deje de necesitar ganar. Deje incluso de necesitar pelear, o hacer que él le dé una buena razón o excusa por su comportamiento o su abandono. Deje de necesitar que él se arrepienta lo suficiente”, comenta la norteamericana.

7.- Enfrente con coraje sus propios problemas y defectos: En esta etapa en que ya se ha decidido no controlar más la relación ni la pareja, la atención cae inevitablemente el la propia vida y el propio dolor.

8.- Cultive lo que necesite desarrollar en usted misma: De manera más clara, esto es no esperar que él cambie antes de seguir con la vida, ni buscar su apoyo para realizar cosas. “Actúe como si no tuviera nadie más que usted misma en quien apoyarse”.

9. Vuélvase “egoísta”: Esto significa buscar actividades que la beneficien sólo a usted y darle al resto el derecho de que sean ellos los que se responsabilicen por sus propios actos.

10.- Por último, la terapeuta aconseja que comparta con otros lo que ha experimentado y aprendido.
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