Las mujeres, al hacerse la mamografía, deben pedir el cuello protector

Las investigaciones coinciden en que las personas susceptibles serían más propensas a desarrollar cáncer de tiroides.

15 de Marzo de 2013 | 12:47 | Carolina Canales H
El Mercurio
Someterse a radiografías dentales tendría más consecuencias que diagnosticar una enfermedad, ya que también podría provocar una patología de mayor gravedad. Y es que a pesar de que la relación entre exponerse a radiación y el cáncer de tiroides ha sido tema de debate entre los especialistas, recientes estudios demuestran que efectivamente la probabilidad de desarrollar el cáncer aumenta. Pero hay una forma de tomar resguardos.

Cuando un paciente acude al laboratorio porque requiere de una radiografía, debe saber que en el lugar tienen que tener un cuello de plomo que cumple la función de proteger la zona de la tiroides. Este objeto es de suma importancia para obtener más seguridad, sin embargo, podría disminuir la calidad de la radiografía. El problema es que muy pocas personas lo conocen y en los centros médicos no los entregan como implemento para el examen aunque tienen la obligación de hacerlo, por lo que es fundamental solicitarlo.

El jefe de la Unidad de Radioterapia del Centro Clínica del Cáncer de Clínica Las Condes, Pelayo Besa, explica que “el cuello de plomo para la radiografía diagnóstica es importante, porque disminuye en forma muy significativa la radiación detrás de la protección, por lo tanto es muy útil utilizarlo y no es ninguna molestia ponerse el cuello”.

La luz de alerta se produjo en un episodio del programa Doctor Oz donde se habló el tema y mostraron un, hasta entonces, desconocido protector de plomo. Pero los riesgos se conocen desde un par de años antes, gracias a la investigación del Brighton & Sussex Medical School de Inglaterra en 2010. El organismo logró identificar que las personas a las que se les tomaron más radiografías dentales, más opciones tuvieron de desarrollar cáncer de tiroides.

Asimismo, se extrajo que los antecedentes médicos de un paciente con cáncer de tiroides dan cuenta de exposiciones frecuentes o extensas a radiación en algún período de sus vidas, en especial durante la niñez. La conclusión cuenta con el apoyo de la Asociación Americana de Tiroides (ATA).

Besa aclara que la radiación produce una variante del tipo de cáncer de tiroides. “El tipo de cáncer que produce la radiación es uno bien diferenciado que se puede tratar de forma muy efectiva y curar, en la mayoría de los casos, con cirugía. Pero es muy curable. El riesgo es tener que operar. El peligro de morir de este tipo de cáncer de tiroides es bajísimo”, sostiene.

La radiación no es acumulativa, pero depende de la dosis que una persona reciba, el daño que podría tener. Por lo que si a un niño se le trata en reiteradas ocasiones con radiación, cuando llegue a la adultez habrá absorbido mucha más cantidad que la de una persona normal, incrementando las posibilidades de desarrollar un cáncer, por lo que el uso del cuello de plomo evitaría complicaciones.

“Si se está tomando una radiografía no en la tiroides o en la zona de la tiroides, obviamente conviene protegerlo, y tenemos radiación directa si se irradia en la glándula. Hay una radiación que es imposible de proteger que es la interna. Al irradiar se desvían haces en todas las direcciones incluyendo la tiroides”, indica el doctor Besa.

La tiroides es una glándula que está más propensa a recibir los efectos de la radiación porque “tiene que ver con cambios biológicos a nivel del material genético y cambios que van a generar eventualmente una transformación a células malignas y cáncer”, según afirma Besa. Además, sufre los efectos ‘s’ donde la tiroides resulta dañada aunque haya sido expuesta a una baja radiación, lo que se denomina radiación escape.

En la misma línea, otro estudio de la revista médica Acta Oncológica determinó que los trabajadores de áreas relacionadas con las radiaciones como los laboratoristas de radiología o los dentistas, tienen una alta probabilidad de padecer cáncer de tiroides, además de otras enfermedades como meningiomas o tumores salivales. Esto, sucede exclusivamente por los efectos de la radiación reiterada y frecuente, ya que los investigaron señalaron que no incide la edad ni el sexo.

Por esto, los investigadores recomiendan no someterse a radiografías dentales a menos que se tenga una orden médica en casos determinados y donde sea absolutamente necesario, y que el personal de los laboratorios de radiología cumplan con la indumentaria adecuada.

Por su parte, Pelayo Besa aconseja resguardar siempre la salud. “Lo más importante de una radiografía es que esté bien indicada, o sea, que va a servir al paciente, que es más importante que tenga la radiografía a que no la tenga, porque va a permitir hacer el diagnóstico y corregir una enfermedad”, dice.

El caso de la mamografía

El temor se ha extendido hacia la realización de mamografías y el daño que pudieran ocasionar producto de la radiación. Para ayudar a dilucidar la incógnita, un artículo del American Journal of Roentgenology, indicó que el riesgo de de generar un cáncer de tiroides a raíz de este examen anual entre los 40 y 80 años, corresponde a 1 entre 17,8 millones de casos, mientras que el diagnóstico de cáncer de mama se da en uno de ocho.

Como complemento, la cantidad de radiación durante la mamografía alcanza los 0,0005 miligrrays -unidad de medida de la dosis absorbida- que no representan peligro, según información del American College of Radiology (ACR) y de la Society of Breast Imaging Statement on Radiation. Esto dado que la tiroides absorbería en un año cerca de 17.500 veces más que lo que acumularía por la exposición a otras fuentes de radiación. De este modo, los estudios - hasta ahora- revelan que no habría incidencia de la mamografía en el diagnóstico del cáncer de tiroides.

El doctor Besa asegura que “la mamografía tiene una pequeña radiación de escape que puede llegar a la tiroides. Ahora, las mamografías se empiezan a usar en las mujeres después de los 40 años y ahí el riesgo es menor”, y agrega que “la mamografía está indicada 100% independiente de que haya un riesgo menor de cáncer a la tiroides”.

El especialista también resalta la importancia de conseguir diagnósticos que puedan salvar la vida de los pacientes, aún cuando exista un riesgo mínimo asociado a otra patología. “El cáncer de mama es la enfermedad más frecuente en las mujeres, entonces si lo diagnosticamos a tiempo, esa mujer se va a curar. Si no le tomamos la mamografía por temor al cáncer de tiroides, es una brutalidad, porque permitiríamos que tenga un cáncer avanzado y se pueda morir”.
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