Marko Zaror: Un luchador que se sobrepone a los fracasos

No duda en comentar que sus películas en Chile fueron un fracaso económico, pero hoy, quien es el rostro chileno más conocido afuera, en el mundo de las artes marciales, corona años de entrenamiento y fidelidad a sus sueños, compartiendo el set con Mel Gibson, entre otras leyendas del cine.

04 de Septiembre de 2013 | 08:22 | Por Ángela Tapia. F., Emol
Valentina Campos, El Mercurio.
“Nunca dejes que nadie te tire para abajo, que nadie te invalide. Haz lo que quieres hacer; la vida es súper corta”, es una de las frases que más repite Marko Zaror (@marko_zaror), al repasar parte de sus 35 años de existencia.

Por experiencia en obstáculos y tropiezos, este artista marcial no se queda corto. Influenciado por su madre –cinturón negro en karate- se comenzó a interesar en la lucha oriental, hasta que Bruce Lee, con “Operación dragón”, lo terminó por enamorar de la filosofía y disciplina que profesa hasta el día de hoy.

Pocas personas creyeron en que podría dedicarse a eso algún día, y mucho menos hacer cine en Chile.

Hoy, tras tres filmes -que no duda en decir que fueron un total fracaso económico- está orgulloso y expectante del estreno en octubre de “Machete Kills”, donde su director, Robert Rodríguez, creó un personaje exclusivamente para Marko, tras haber conocido su trabajo en el Fantastic Fest.

Ahí, trabaja codo a codo con leyendas como Mel Gibson y Danny Trejo, sin contar que la película también cuenta con Antonio Banderas, Jessica Alba, Sofía Vergara, Charlie Sheen y hasta Lady Gaga.

“Yo justo llegué un día después que, según me dijeron, había ido Antonio Banderas a visitar el set y nunca supe que estaba en la película hasta que volví a Chile, imagínate. Pero sí trabajé mucho con Danny Trejo y Mel Gibson. Trejo es muy divertido, porque lo ves muy rudo pero es la persona más amorosa del mundo. Y Gibson, al principio fue muy hermético. Es de estos personajes que tienen que ser así, porque si no, no podrían sobrevivir. Todo el mundo quiere hablar con ellos y saludarlos.
Pero una vez que pasaron los días y empecé a hacer mis escenas, se empezó a soltar el tema y  terminamos conversando”, comenta, recordando su experiencia con leyendas del cine.

De irse a Estados Unidos, aprovechando esta puerta que se ha abierto a su trabajo, ni hablar. Puede ir y volver cuando le plazca, si aparece un nuevo proyecto en cine, pero su vida –y su novia- están en Chile. Aquí prepara un centro de entrenamiento con SpeedWorks, está estrenando “Sin límites” –programa que conduce en Canal 13C- y se entrega completamente a Ki-Way, su marca de suplementos alimenticios, a la que se ha dedicado de tal manera que habla con ella con orgullo y cariño.

“Son mi creación, como mis películas. Logré hacerlos de forma que quedaran como a mí me gustan, son productos en los que confío y que sé que ayudan al bienestar de la gente”.

-¿Por qué tanto interés con fomentar la vida sana? Te podrías quedar con que te va bien y listo.
“Es que siento que la vida me ha entregado mucho. No digo que las cosas se me han dado fáciles. He hecho todo lo que ha estado a mi alcance, me he dedicado al 100% a desarrollarme como persona y he tratado siempre de tener una visión de mantenerme honesto y consecuente, de hacerle caso a mi instinto”.

-¿Así de fácil?
“¡Para nada! La sociedad te dice que estás loco, que te va a ir mal, la típica. Somos especialistas en tirarnos para abajo. Pero la vida me ha respondido, porque me he mantenido fiel. A veces no responde como uno quiere… Podría hablar de mis películas ‘Kiltro’, ‘Mirageman’ y ‘Mandrill’, que en Chile fueron un rotundo fracaso económico.
“Pese a toda la frustración, me mantuve fiel y seguí con lo que yo quiero en mi vida”.

-¿Qué es?
“Es la sensación de estar haciendo algo en lo que creo, entendiendo que la cosa no es rígida, y que a veces las cosas no aparecen como las esperabas. Lo importante es el estado en el que estás mientras logras lo que quieres. Eso me lo entrega mi línea de productos, mis películas… Y de a poco se dio que Robert Rodríguez se fijara en mí. Todo se trata de tener fe, porque la vida sola te responde.
“Por eso me siento con la responsabilidad de comunicarlo y decirle sobre todo a los niños, que son las víctimas número uno del sistema, que no se dejen invalidar, que no se trata de consumir -como les dicen que lo hagan- y que el éxito no se basa en lo que tienen”.

-¿Cómo llegaste a esa conclusión?
“Es que tiene mucho que ver con la filosofía samurái. Lo único que nosotros tenemos es hoy. El samurái anda con su espada, ¿sabes por qué?”.

-¿Para defenderse y atacar?
“No, para saber que en cualquier momento se puede morir. La espada simboliza la muerte, y todos los días, el samurái la saluda y respeta. De esa forma, la vida y las decisiones que uno toma son muy distintas cuando sabes que la vida se te puede acabar mañana. Nosotros estamos acostumbrados a vivir pensando que nos quedan mil años y nos endeudamos, creyendo que basta con matarnos trabajando para pagar todo, hasta que nos retiramos, sin saber si vamos a estar vivos para entonces. Vivimos postergados para lograr ese éxito que nos venden”.

-¿Con qué obstáculos te enfrentaste?
“Partiendo por la educación. En este país la educación lo que me nos hace es educar, que es sacar de adentro, descubrir en ti qué es lo que hay para potenciarlo. Pero acá te llenan de información y si no eres ingeniero o arquitecto, vas a ser un fracasado en la vida. Por eso la gente vive con los ojos cerrados, viviendo la vida que supuestamente tienen que vivir, y cuando llegan a los 40 años se encuentran con una realidad que no quieren, pensando ‘¡qué hice con mi vida!’”.

“Para mí, desde el colegio empezó el problema, porque en ningún momento pensaron ‘este cabro tienen ésta inquietud o este don. ¿Qué podemos hacer para potenciarlo, para darle herramientas para que él descubra si es eso lo que quiere?’. En el colegio eres un robot, un número y listo, y después de todo lo que te enredaron, debes tener la capacidad de saber quién eres para tomar la decisión correcta de lo que quieres estudiar. Después de 5 años, te encuentras en la vida con una mochila de información que no sabes si la quieres para desarrollarte como persona en los próximos años que te quedan”.

-En tu caso, ¿fue tan así?
“Yo tuve la suerte que de muy chico supe lo que quería hacer, y siempre vi el colegio como un trámite. En la universidad, estudié un año y me mandé a cambiar. Pero me pongo a pensar en los niños o la gente que no tiene un elemento inspirador tan potente como para que le nazca esa convicción. Y se enfrentan a lo más difícil: saber quiénes son, cómo se imaginan su vida, cómo se sentirían realizados”.

-Pero siempre hay puertas que se te cierran en el camino…
“Sí, millones. Las experiencias más traumáticas fueron los fracasos económicos de las películas en Chile. Llegué de Hollywood, como el doble de La Roca y con un americano con plata y ganas de invertir en estas películas. Mi idea era hacer una industria de películas de artes marciales aquí. Pero fue un fracaso total. Después, la siguiente película no recuperó ni siquiera la inversión. Y con la tercera, no fue nadie a las salas. Esos sí que son golpes bajos. Hoy ya no me atrevo a pensar en otro proyecto así y quiero ver si ‘Machete kills’ cambia un poco el panorama. Pero, ¿sabes qué? Lo importante no son los resultados, es la acción. El darle sentido a lo que haces, porque es algo en lo que crees. Eso es lo que me mantiene feliz”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Ir al cine y comerme la porción de cabritas familiar”.

-¿Solo?
“Sí, me encantan. Y las de un cine en particular, donde tienen las más dulces y crocantes. Yo no es que no coma nunca cosas así me encanta el chocolate, por ejemplo. En la semana me alimento mucho en función de mis entrenamientos, pero el fin de semana, a veces voy al cine solo por comer cabritas”.

-¿No te duele la guata después?
“No, es que hago toda una preparación. Si sé que voy al cine, trato de no comer mucho, antes. Tampoco tomo bebida, desde hace muchos años”.

-¿Qué cosas están prohibidas en tu dieta?
“Trato de mirarle la etiqueta a los productos y ahí me fijo en los ingredientes que están prohibidos para mí, como cualquier tipo de colorante artificial; tartracina, amarillo crepúsculo, color caramelo, azul brillante, rojo 40...”.

-El rojo 40 suena rico…
“¡No, son colorantes! Y todas las bebidas que ves en el mercado los tienen. Basta averiguar un poco para no escuchar solo mi versión”.

N. de R.: De hecho, ya en el año 2011 la FDA (Food and Drug Administration) comenzó una investigación para ver qué tan dañinos son los colorantes artificiales en los alimentos, recordando el lamentable Halloween de 1950, cuando muchos niños de Estados Unidos se enfermaron a raíz del -hoy prohibido- naranja n°1.

Paralelamente, ese mismo año, la AESA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) hizo lo suyo, detectando que la tartracina podía causar reacciones cutáneas, mientras estudios británicos culpaban a una serie de colorantes en comidas –sobre todo en confitería y bebidas- como los responsables de hiperactividad en los niños.
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