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Hege Araldsen: “En Chile el sentido de igualdad no es tan fuerte”

La embajadora de Noruega, defensora de la ley de cuotas e impulsora en nuestro país del portal haymujeres.cl apunta que la desigualdad social atenta contra la igualdad de género.

06 de Marzo de 2014 | 08:41 | Por María José Errázuriz L.
El Mercurio
Reconoce que ella ha tenido experiencias positivas. Cuando trabajaba en la Unicef, en Bogotá, su jefa, la chilena Marta Maurás, le permitió ir a la oficina con su hijo de sólo tres meses, para poder seguir amamantándolo. Para eso, habilitaron una especie de mini guardería donde el bebé permanecía con una cuidadora que ella costeaba, pero al que podía alimentar cuando lo necesitaba.

Dice que no sabe si es necesario tener un jefe mujer para que se genere una situación como la que ella vivió en Colombia y reconoce que no conoce muchas mujeres que hayan tenido esa opción ni en Chile ni en Noruega, su país natal, pero sí cree que la sociedad debe asumir en forma seria y comprometida el tema de la igualdad de género y la participación de las mujeres en el mundo público.

Y claro, la embajadora de Noruega en Chile, Hege Araldsen, viene de un país donde hay un 75% de participación laboral femenina (la masculina de 81%); un 39% de representación de mujeres en el Parlamento y un 53% en los ministerios. Por algo, esa nación ocupa el primer lugar en el Índice de Igualdad de Género del PNUD.

Sabe que la generación de su madre fue la que tuvo que hacer el camino, mientras todos juntos reconstruían el país tras la Segunda Guerra Mundial y por ello, Hege forma parte del grupo que nunca se cuestionó ser profesional y poder desarrollarse a la par de tener una familia.

Casada con un latino, ayudó a criar a dos de las hijas de su marido y su hijo –hoy de 21 años- mientras desarrollaba su carrera en el mundo de las organizaciones internacionales. Con largos períodos en este continente, en Oslo estuvo a cargo del programa noruego enfocado en reclutar, entrenar y desplegar personal capacitado en distintas instituciones vinculadas con la democracia y los derechos humanos.

Por eso no es extraño que a un año y medio de llegar a Chile ya esté involucrada en una iniciativa destinada a visibilizar a las chilenas. Junto a María de los Ángeles Fernández, directora de la Fundación Chile 21, creó hace tres meses una plataforma –haymujeres.cl- destinada a demostrar que hay chilenas capacitadas para asumir cargos en el mundo público y privado.

-Dice que no conoce muchas mujeres que tuvieron la oportunidad de amamantar en la oficina, pero uno ve a Noruega avanzada en eso.
“En Noruega hay una estructura que facilita la participación de la mujer en la vida económica y responde a una política pública creada para que puedan tener familia y carrera. Se trata de construir una sociedad donde se toma en consideración las necesidades cotidianas de la gente y el sistema funciona”.

-Usted viene de una sociedad donde las mujeres no se cuestionan su desarrollo profesional, pero ha visto las realidades de los países latinoamericanos. ¿El contraste debe ser fuerte?
“Sí, pero hay que tener en cuenta que antes de nosotras hubo una generación, la de mi madre, que fue la que hizo el camino. Entrar en el espacio público para nosotras fue algo como obvio, pero no llevamos tanto tiempo en esto”.

-¿Cree que las chilenas están en esa etapa que vio su madre o están más atrasadas que eso?
“Quisiera señalar que el camino hecho por la generación de mi madre fue en paralelo con la reconstrucción del país después de la IIGM y en eso todos participaban. Y esa reconstrucción se basó en un sentido de igualdad social.
“Hombres y mujeres participaban en el mismo proyecto y Chile es un país en donde las diferencias de los estratos sociales son muy marcadas y el sentido de igualdad no es tan fuerte. En muchos sentidos se puede se puede decir que Noruega es una sociedad muy igualitaria, aunque haya excepciones, pero eso ayudó a promover una generación de mujeres que tuvo espacios”.

-O sea, si hay derechos de primera o segunda generación, ¿usted quiere decir que primero se debe avanzar en la igualdad social y después en la igualdad de género?
“No, no quiero decir eso de ninguna manera, pero es un punto de partida diferente y por eso, es difícil comparar la generaciones de mujeres de uno y otro país. Creo que es una característica del desarrollo noruego que se debe tomar en cuenta y en Chile es un tema difícil por ser una cuestión de género, pero también de desigualdad social grande”.

-Ha visto la realidad de otros países latinoamericanos. ¿Cree que nuestros pasos en temas de género van muy lentos considerando nuestro desarrollo económico?
“Si se miran las estadísticas va lento, lento y no se han dado pasos para asegurar que el desarrollo de este tema vaya en la dirección correcta. La paridad se aplicó en el segundo gobierno de Gro Harlem Bruntland (la primera mujer en asumir el cargo de Primer Ministro), pero la ley de cuota fue polémica cuando se legisló en el ámbito empresarial en 2010. Hoy se ve lo efectivo que es y se asume como una medida muy importante para tener mujeres en puestos de toma de decisión porque es una buena inversión para los negocios”.

-Llegó a Chile el 2012, y ha visto cómo Michelle Bachelet se ha convertido en la mayor paradoja en el tema de paridad. En su primer gobierno la aplicó, pero en éste, lo proclamó, no lo concretó y lo lamentó. ¿Se puede retroceder tanto en 4 años?
“Sí, se ve a nivel de ministros y la diferencia es mayor a nivel de subsecretarios. Llevo año y medio en Chile y hay cosas que no conozco, pero sí creo que se debe trabajar en la dinámica interna de los partidos, algo que aplica para todos los países; hay que abordar cómo los partidos administran la paridad”.

-El machismo es políticamente incorrecto y nadie habla de dejar a la mujer en la casa, pero pareciera que en una nueva etapa el machismo se encarga de invisibilizar a las mujeres que ya salieron. ¿Es así?
“Eso es algo que pasa en todas partes y es quizás lo más difícil y duro que deberá enfrentar la actual generación de mujeres; pelear su espacio. Las mujeres deben exigir ese espacio, pero a la par se tienen que preparar para llenar ese espacio, que es algo que cuesta porque hay que tomarse espacios en lugares donde ni siquiera se es bienvenida y menos tomada en cuenta. Es complicado, pero es el camino que hay que hacer”.

-La primera valla a saltar era salir a trabajar, después tener igualdad salarial, hoy ¿es la invisibilidad?
“Exactamente, y es algo que se ve en todas partes y también en Noruega. Hoy, hay menos poder en la esfera política y más en la económica y ahora que las mujeres han entrado en el mundo político se han encontrado con que el poder se encuentra en lo económico, donde no hay mujeres. O sea, es una conquista permanente de nuevos espacios”.

La embajadora se ríe cuando se le pregunta si al escuchar los nombramientos del gobierno de Bachelet, que dieron a entender que “no hay mujeres” en Chile para ocupar cargos, no se sintieron tentadas ella y María de los Ángeles de enviar los currículum de quienes están en haymujeres.cl. “Yo no, pero sería un buen consejo que revisaran un poco nuestra página web”, dice.

-Algunas mujeres se retiran porque no están dispuestas a pagar el costo, ¿cómo lograr revertirlo? Además, resulta un buen argumento para no nombrarlas.
“Para eso no tengo respuesta, pero sobrevivir requiere de una fortaleza titánica. Nosotras pasamos por ese momento porque los hombres de nuestra generación no estaban preparados a diferencia de los actuales, que sí asumen responsabilidades parentales. Muchas de mi generación se quemaron en el camino, y por eso insisto, mantenerse requiere disciplina y fortaleza; pero entiendo a las que se retiran”.

-Embajadora, miramos a Noruega y otros de sus vecinos con cierta envidia. ¿Cree que hemos idealizado a los países escandinavos?
“Lo que han hecho los países escandinavos en este tema de género no es poco y eso es algo de lo que estoy orgullosa. Es decir, hemos logrado definir una política que ha tenido como consecuencia la participación de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, pero nada es perfecto. Mi profesión, la diplomacia, sigue siendo un bastión de hombres y cuando un hombre acompaña a su mujer en una representación extranjera se ve bien poner en el currículum haber cuidado de los hijos tres años, pero no seis o 10.
“La generación que viene tendrá sus desafíos en este campo, pero son nuevos desafíos y tendrá que encontrar su solución; lo triste sería si volvemos a tener los viejos desafíos”.
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