¿Qué eliges: bebidas o agua? Chile se aleja de la tendencia de países desarrollados

La botella de bebida de fantasía (sea negra, de colores o energética) es la reina de la mesa en el almuerzo chileno. Un fenómeno que, al menos en EE.UU. está quedando atrás. ¿Por qué el agua está cobrando relevancia en los países desarrollados?

21 de Octubre de 2015 | 13:27 | Emol
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Por miles de años el agua ha sido el principal sustento de la vida de los seres humanos. Al menos, hasta que la revolución industrial y el boom de la publicidad cambiaron nuestros hábitos. Hoy, luego de un siglo de de dura batalla con las bebidas procesadas, la tendencia parece volver a lo "natural".

¿Por qué el agua?

La literatura a favor del agua es vasta: estudios y estadísticas de las más variadas fuentes del mundo académico y corporativo hablan sobre los beneficios del consumo de agua. No son propiedades mágicas pero si considerables, entre las que se encuentran mantener el balance de los fluidos del cuerpo, ayuda a controlar las calorías, ayuda a energizar y optimizar la musculatura, mejora la apariencia y hidratación de la piel, ayuda a conservar los riñones y a mantener la función normal intestinal, entre muchas otros beneficios.

¿Cuánta agua tomar?

La OMS es clara: No hay sustitutos saludables para el consumo de agua. Una opinión que es también unánime entre los especialistas: la recomendación es tomar entre 2 y 3 litros de agua al día dependiendo de la edad y del sexo. En términos más específicos, los hombres mayores de 19 años deben tomar 3 litros y las mujeres sobre esta edad 2,2 litros diarios. Aproximadamente el 80% del agua diaria incorporada al organismo proviene de la ingesta directa de agua. Un mecanismo que no sólo es necesario para estar vivos: en un mundo donde la obesidad es una pandemia que afecta al 30% de la población (adulta e infantil) es una de las soluciones para mantener el peso a raya.

Agua vs. la industria mundial: "si no puedes contra ellos, úneteles"

El amorío de Estados Unidos con las bebidas gaseosas o "sodas" fue largo, intenso y el quiebre ha sido lento. Por más de dos décadas las bebidas fueron la elección número uno con un consumo “peak” de 204 litros por año en 1998, de acuerdo a los datos de Beverage Digest.

Desde esa fecha la tendencia ha ido retrocediendo. Hoy la cifra se ubica en cerca de 166 litros anuales dependiendo de las fuentes, que si bien aún es un número alto, representa una caída de cerca del 20% en dos décadas. La inmensidad de recursos en marketing invertidos por grandes compañías del rubro -las principales The Coca Cola Co. y PepsiCo- en lograr que las personas beban más gaseosas en vez que agua embotelladas no ha sido capaz de frenar el cambio.

Es por eso que la industria, siempre flexible y atenta, dio un fuerte giro y se "apoderó" de los beneficios de lo natural con su nuevo producto estrella: el agua embotellada, que según algunos estudios sería hasta 2.000 veces más cara que el agua de la llave, a pesar de que diversos análisis muestran que no sería ni más beneficiosa ni tiene mejor sabor que la corriente.

El agua embotellada esta nueva tendencia con un consumo de 79 litros por año. Además, es difícil estimar o rastrear el consumo de agua de grifo, porque existen otros usos como la ducha o el lavado lavar de platos y ropa, pero cuando se considera el consumo de agua embotellada y de grifo juntos, se estima que éste comenzó a sobrepasar a las gaseosas con 219 litros el 2008 de acuerdo a Beverage Digest.

El consumidor de agua embotellada tiende a elegir por precio, es decir, comprar la más barata, lo que presiona a las compañías a mantener precios competitivos, impactando el margen o rentabilidad en esta categoría e impulsándolas a recortar costos. Aún en el segundo lugar aparece el agua de la llave, pese a que se espera que durante los próximos años su consumo se dispare. Esto por la creciente relevancia que cobran factores que preocupan a los compradores: la preocupación de los consumidores por la cantidad de residuos que producen las botellas plásticas, las críticas a los efectos del plástico sobre el contenido del producto, el ahorro de dinero, la nueva percepción que el agua de grifo no tiene mal gusto, y últimamente la promoción de de su consumo por parte de la ciudades como es el caso de New York City y otras ciudades.

Los expertos prevén que el consumo de agua se mantendrá en el primer lugar en el mediano y largo plazo, pero es difícil estimar si beberán del grifo o agua embotellada. De acuerdo a Michael Bellas, CEO of Beverage Marketing Corp, el agua embotellada por si sola sobrepasará a las gaseosas en las próximas décadas. Una cifra estremecedora, sobre todo si consideramos que de acuerdo a Beverage Digest, las ventas de gaseosas en Estados Unidos son 5 veces mayores que las de agua embotellada en términos de ventas en dólares y sólo el doble en términos de volumen.

La triste radiografía del consumo en Chile

Según un estudio realizado en conjunto por el Centro de Estudios Avanzados de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Playa Ancha (Upla), y el Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos (Inta) de la Universidad de Chile, entre 1987 y 2007 el consumo diario de bebidas aumentó de 116 cc diarios a 289 cc per cápita. Es decir, en 20 años, los chilenos aumentaron el consumo de bebidas en un 151%.

Una tendencia que los expertos en salud critican y relacionan de manera directa con los altos índices de obesidad que hay en nuestro país. "Nuestro perfil alimentario no es bueno en este momento y tenemos que hace un llamado a consumir productos más naturales, a volver a nuestras preparaciones tradicionales, porque nuestra dieta tiene un alto componente de productos ultraprocesados que son grandes aportadores de densidad energética, grasas saturadas, azúcares agregados y sal", señala Mirta Crovetto, decana de la facultad de Ciencias de la Salud de la Upla.

Según la especialista, esta triste radiografía es en gran medida consecuencia de la falta de una información o educación alimentaria en los hogares y las familias, que les permita hacer una elección más correcta sobre los alimentos que necesitan. El problema -estima Crovetto- es que sin la información y educación necesarias para modificar conductas, "es muy difícil que podamos lograr cambios en un tiempo menor a 15 años".

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