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Columna: Al abordaje, muchacho

28 de Marzo de 2001 | 18:54 | emol.com
Me invitó, quién lo iba a creer.

Esteban es mi gran amigo peruano a quién conocí cuando vino a estudiar fotografía. Hacíamos todos los trabajos juntos, nos reíamos harto, y con los días de conocerlo me di cuenta de que los peruanos tienen otra personalidad, parecen tímidos y después no hay cómo pararlos...

Pero ése es otro tema, de eso no pensaba en el avión.

Esteban me llamó hace como un mes para invitarme con todos los gastos pagados a ver el partido Chile-Perú. Parecía un sueño, mi única labor era el permiso en la pega, y mi jefe no pudo decir que no.

Viajé el mismo día del partido con mi camiseta, la 11, la del Matador brillando por su ausencia, regalo de pascua de mi hermano quien cuando me la pasó me dijo que si la usaba nunca más íbamos a perder.

Amanda KiranEsteban me esperaba en el aeropuerto vestido con su propia camiseta de cábala. Un abrazo -inmortalizado por más de un flashazo de varios periodistas que se encontraban en el aeropuerto- y de ahí partimos de una al estadio.

Casi no habíamos hablado. Estábamos entre un mar de poleras albirrojas respirando la tensión dura de quien quiere que su equipo gane. Era tan bueno estar con él y al mismo tiempo tan peligroso, porque la amistad podía durar ese partido. No tuve tiempo para seguir pensando, la gente se sentaba en los pasillos y en las escaleras ocupando lugares imposibles. Esteban miró el entorno de peruanos y me pidió que no hablara.

Cuando empezó el partido, yo era todo nervio, mientras de reojo veía a Esteban, callado, tranquilo por efecto de las cervezas. Fue justo antes del final del primer tiempo cuando se me salió el "Vamos Chile, mierda" que no sé cómo la hinchada peruana respetó sorprendida y callada. Esteban no se aguantó y me abrazó fuerte: "Por eso te invité, chica, sabía que lo vibrarías como yo".

Sufrí más en el segundo tiempo, porque nadie me podía explicar por qué no estaba Tello ni qué le pasaba a Zamorano. Estaba en el medio de una noche llena de emociones, muerta de susto, ya no quería ni mirar, menos después del uno cero, que transformó el partido en una película de terror.

Ni siquiera me di cuenta cuando estaba saltando con el empate, pero fue tan corta mi alegría al ver a Esteban celebrando el dos a uno con una tranquilidad que sólo entendí que lo hacía para no desairearme. Yo me derretía de rabia.

El resto fue una nebulosa, mezcla de tercer gol, gritos, desconocidos cantos de alegría, risas lejanas y mis lágrimas escondidas detrás de mi orgullo que lo único que pedía era salir rápido de todo esto.

Ya pasó todo. Esteban me invitó a estar la semana con él y con su gente, recorriendo Perú. Me siento rara, soy la única chilena feliz acá adentro.


Amanda Kiran
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