Paraguayos también dan pena en la Copa Libertadores

La despotenciación de Guaraní, Libertad y Olimpia ratifica la pobre liga que tiene el país mediterráneo, contrastante con su riqueza a nivel de selecciones.

15 de Abril de 2004 | 16:56 | EFE
ASUNCIÓN, Paraguay.- Tres partidos ganados, siete empatados y ocho perdidos es el paupérrimo balance que ofrecieron Libertad, Guaraní y Olimpia, los tres equipos que representaron a Paraguay en la presente edición de la Copa Libertadores.

Si hace un par de años el Olimpia lograba su tercera Copa Libertadores, ahora Paraguay, un país al que su selección ha dado la de cal con no pocas alegrías en los últimos meses, ha visto como en grupos relativamente accesibles sus equipos daban le daban la de arena.

Mientras la "albirroja" marcha segunda en las eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Alemania, la selección juvenil logró la clasificación para los Juegos Olímpicos, un tercer puesto en el sudamericano sub 20 y acceder a los octavos de final del mundial de la categoría, los equipos guaraníes naufragaron estrepitosamente.

De todas las actuaciones, quizá la más decepcionante haya sido la de Libertad, que a pesar de pasearse desde hace más de dos años por el campeonato local con una insultante superioridad que le ha llevado a golear por cuatro o más tantos en cuatro de sus seis últimos partidos, sigue sin dar el salto de calidad en América.

Guaraní se clasificó como segundo el año pasado con una gran recta final del equipo entonces dirigido Oscar Paulín, algo que la directiva no tuvo muy en cuenta cuando decidió prescindir del técnico argentino cuando apenas se había disputado una jornada de la Copa.

A pesar de ello, la joven y prometedora plantilla aborigen tuvo oportunidades hasta el último momento de pasar a la siguiente fase.

La crisis del Olimpia es más profunda. Desde que conquistó la Copa Libertadores en 2002, el equipo deambula perdido por los campos sin un proyecto deportivo. El Decano ha fichado un gran número de futbolistas en los últimos años, algo que no ha mejorado la calidad del equipo -se pueden contar con los dedos de una mano los que han estado a la altura de la camiseta franjeada-, al tiempo que no supo retener a jóvenes valores.

Los tres equipos coincidieron en una circunstancia: sustituyeron al entrenador que comenzó la temporada en el transcurso de la competición cuando aún tenían más o menos posibilidades de clasificación.

Echar al entrenador cuando las cosas apenas empiezan a ir mal es una costumbre muy arraigada en el fútbol paraguayo, baste decir que antes de cumplirse la primera fase del Torneo Apertura nueve técnicos de equipos de primera (todos salvo el de Cerro Porteño) fueron destituidos.

Tal vez sea duro medir al campeonato paraguayo por la actuación de sus equipos, pero hay datos que hablan por si mismos, independientemente de la falta de continuidad en los banquillos, de la ausencia de planes de trabajo a futuro o de la simple mala suerte.

A los paraguayos no les interesa su campeonato. Los equipos de primera no consiguen enganchar a los aficionados y los campos presentan sus gradas desiertas jornada tras jornada.

En la última jornada se recaudaron unos 12 mil dólares en todos los campos de primera, en los que pagaron apenas 5.800 personas.

El dato de la recaudación global de todos los partidos de primera desde el principio de temporada es lapidario: menos de 200 mil dólares en diez jornadas.

La cifra contrasta con los alrededor de 300 mil dólares que recaudó la Asociación Paraguaya de Fútbol por la venta de entradas en el Paraguay-Brasil del pasado 31 de marzo.

Y es que los aficionados paraguayos, buenos degustadores de fútbol, saben bien desde hace tiempo que ni José Cardozo ni Roque Santa Cruz ni Carlos Gamarra ni Carlos Humberto Paredes juegan en su país.
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