El llanto y el drama de Guillermo Coria tras perder Roland Garros

Tenista argentino habló sobre el doping que lo afectó el 2001 y a raíz del cual se niega a tomar suplementos vitamínicos.

06 de Junio de 2004 | 18:52 | Dpa

La tristeza de Coria ante los periodistas.
PARÍS.- Antes de que Gastón Gaudio, el nuevo campeón, hablara con los periodistas de sus sensaciones tras el mayor éxito de su vida, Guillermo Coria, el derrotado en la final de Roland Garros, protagonizó una de las ruedas de prensa más dramáticas en años.

Coria, que en el último año cultivó una imagen de imbatible y por momentos soberbio tenista, decidió sacarse toda su rabia de encima y hablar claro tras la final, que perdió en medio de calambres tras disponer de dos match points.

Primero le costó: sus ojos se humedecieron, su voz se quebró y estuvo a punto de claudicar. Hasta que decidió ir a fondo. "Sorry", se disculpó, e hizo un gesto de que no pensaba detenerse hasta haber dicho todo.

"Después de lo que me pasó (sanción por doping involuntario en 2001) estaba esperando ganar esta final. Me quería sacar la bronca que tuve en ese momento. Me acordé del juicio, de las cosas que dijeron de mí los que estaban del otro lado. No veía la hora de ganar este torneo para darle mucha felicidad a mi familia, que me apoyó en momentos muy difíciles, cuando la gente me gritaba ’falopero’ (drogadicto) por la calle".

El rostro de Coria, de 22 años, era a esa altura un manantial de lágrimas, y la sala de prensa escuchaba con un respeto y silencio absolutos.

"Después me banqué (soporté) que a (Greg) Rusedski y (Bohdan) Uhlirach los perdonaran por un caso que es igual al mío. No tengo nada contra ellos, pero... Y tuve muy buenos resultados, y quería cerrarles la boca a los -prefiero no decir la palabra- del juicio. Pero me jugó en contra, no puede ser que me acalambre después de una hora y media de partido".

El drama de Coria pasa por su decisión de no consumir suplementos vitamínicos. Fue precisamente un suplemento contaminado con nandrolona el que lo llevó a ser sancionado en 2001 con siete meses de suspensión. La ATP reconoció que el argentino no tuvo intención de doparse, y por eso la suspensión fue menor a lo habitual en esos casos.

"Ojalá Dios sea justo conmigo. Hasta ese momento (del doping) no creía mucho en Dios, pero voy a creer, porque me ayudó", prosiguió Coria, que fue sincero en extremo: "Me da miedo tomar algo y que me vuelva a pasar lo mismo".

La pregunta que lo quebró del todo fue si su entorno no trata de convencerlo de que los suplementos vitamínicos son necesarios para un deportista de alto rendimiento.

"Sí, tratan de convencerme, porque todos los jugadores toman algo (...) Pero yo prefiero vivir lo que viví hoy y no estar preocupado por el doping".

El problema para Coria es que, pese a que sigue una dieta rica en vitaminas y dirigida por especialistas, el deporte profesional ya no se concibe sin suplementos. La enorme presión que se autoimpuso -ganar un Grand Slam para cerrarle la boca a quienes lo criticaron- potencia además sus problemas, porque le genera un desgaste físico y anímico que su organismo, alimentado sólo por la "naturaleza", no está en condiciones de resistir.

Coria sabe que deba hacer algo para terminar con sus frecuentes problemas físicos, que lo llevaron a renunciar a la Copa Davis en tres ocasiones y a abandonar o lesionarse en partidos importantes.

Por eso recurrirá a Gil Reyes, preparador físico y mano derecha de Andre Agassi, que lo estuvo aconsejando en los últimos tiempos. "Quiero agradecerle mucho, porque me dio muy buenos consejos", dijo, tras revelar su esperanza de que pronto pueda trabajar junto a él.

"Voy a volver aquí a ganar este torneo. Superé la muerte de mi tío, de mi abuelo, de Matías (un amigo) y el doping. Sé que voy a volver, porque tengo mucho huevo. Gracias, y perdonen por todo esto", fue el final de una rueda de prensa que nunca olvidará.
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