US Open, un río de dólares

Un estudio de la alcaldía de Nueva York en 2003 estimó el impacto del acontecimiento en 420 millones de dólares. La cifra supone para la ciudad más que la suma del impacto conjunto en una temporada de tres de sus equipos profesionales: Rangers (hockey), Mets (béisbol) y Knicks (baloncesto).

08 de Septiembre de 2004 | 09:09 | DPA
NUEVA YORK.- El US Open presume de ser el mayor torneo de tenis del mundo. En el aspecto deportivo ese título se lo pueden discutir los otros tres Grand Slams, pero en el numérico sus argumentos son aplastantes.

Como todo en Estados Unidos, el US Open es una pura exageración, un homenaje a lo más grande, a lo más espectacular, a lo más numeroso. Si cualquier otro torneo eventualmente lo supera, el neoyorquino se apresura siempre a volver a ser el primero en ese apartado.

"Creo que el tenis está dando sus primeros pasos de resurgimiento, pero nuestros récords y continuos éxitos son porque somos más que un torneo de tenis", explica Arlen Kantarian. Hace cuatro años, el ejecutivo de 51 años dejó el departamento de marketing de la liga profesional de fútbol americano (NFL) para aplicar sus métodos en la Asociación del Tenis Estadounidense (USTA), el organizador del torneo.

Sus principios están claros: "No somos Wimbledon. Somos más ruidosos, más atrevidos, más duros. Somos una parada obligatoria para Nueva York. Ningún otro evento deportivo puede igualar nuestra combinación de deporte, celebridad y moda. Y esos tres aspectos son importantes en la cultura de hoy en día".

Desde su llegada en 2000 a Flushing Meadows, Kantarian no hizo sino cumplir con lo prometido. Hoy en día, el torneo es una máquina de hacer dinero.

Un estudio de la alcaldía de Nueva York en 2003 estimó el impacto del acontecimiento en 420 millones de dólares. La cifra supone para la ciudad más que la suma del impacto conjunto en una temporada de tres de sus equipos profesionales: Rangers (hockey), Mets (béisbol) y Knicks (baloncesto).

La cifra de asistencia es única. El récord quedó establecido en 2001, cuando a lo largo de las dos semanas asistieron 639.343 personas. El US Open presume de ser el acontecimiento deportivo con mayor afluencia de público del mundo y a ello contribuye el tener una cancha central con capacidad para 23.145 personas. El estadio Arthur Ashe es, por supuesto, el recinto tenístico más grande del planeta.

Considerando el estilo de vida americano y el perfil del espectador de tenis, esas personas son todas potenciales grandes consumidores. Y cumplen. Diariamente se ingresa un millón de dólares sólo con la venta de comidas. La cifra total de ventas de souvenirs y artículos deportivos es desconocida porque está repartida entre las diferentes marcas que alguilan los locales.

Los numeros no extrañan, especialmente si se tienen en cuenta los precios.

La entrada más barata asciende a 44 dólares, y sólo da derecho a acceder a las pistas menores. En el apartado de comida, la clásica hamburguesa cuesta 7,50 dólares. Si además se añaden patatas fritas son seis dólares más. Y la inevitable bebida no sale por menos de 3,50 dólares.

"Es tan bueno que merece la pena pagar ese precio". No es la opinión de un representante de la alta cocina, sino de Laura Snider, ciudadana de Washington, que viajó expresamente a Nueva York para el torneo.

Los gastos no se acaban ahí. Para seguir los partidos que se desarrollan en las 18 canchas del recinto se necesita un programa, que tampoco es gratis: 12 dólares. Y si uno además desea llevarse un recuerdo del torneo, tendrá que sacar aún más dinero. Una simple taza para el desayuno asciende a 15 dólares, una toalla a 24 y una camiseta con el símbolo del US Open cuesta 30.

El río de dinero es tal que el US Open se puede permitir ser el torneo más generoso del circuito, al repartir premios por valor de 17,7 millones de dólares. Por si eso fuera poco, la creación este año de un "mini circuito" con los torneos previos al neoyorquino llamado "US Open Series" puede convertir el premio para el ganador de ambos eventos en 1,5 millón de dólares. Todo de acuerdo a la máxima: "Más ruidoso, más atrevido, más duro". Siempre más.
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