Juan Pablo II pide para 2004 nuevo orden internacional y paz

En la homilía de la misa celebrada en la basílica de San Pedro, Juan Pablo II llamó hoy al mundo a educar para la paz y a promover un nuevo orden internacional basado en la solidaridaridad entre países ricos y pobres, construyendo una civilización del amor y del perdón.

01 de Enero de 2004 | 11:05 | DPA
CIUDAD DEL VATICANO.- En la misa de primero de año, el papa Juan Pablo II llamó hoy al mundo entero a educar para la paz y a promover un nuevo orden internacional basado en la solidaridaridad entre países ricos y pobres, construyendo una civilización del amor y del perdón.

En la homilía de la misa celebrada en la basílica de San Pedro, Juan Pablo II trajo a colación varios aspectos que había tratado ampliamente en el mensaje en ocasión de la XXXVII Jornada Mundial de la Paz que se celebra hoy pero que fue difundido a mediados de diciembre bajo el título: "Un compromiso siempre actual: educar para la paz".

Ante el cuerpo diplomático, cerca de 10.000 fieles que llenaron la basílica, cardenales, obispos y religiosos, el papa insistió en que la paz es posible y una obligación, en una tácita alusión a los conflictos de Medio Oriente y de Irak.

Juan Pablo II se opueso a la guerra de Irak, criticando a Estados Unidos por no haber respetado la decisión de las Naciones Unidas, critica solapada que retomó en el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz.

Frente a la situación de injusticia y de violencia que oprime a varias zonas del globo y ante la continuación de conflictos armados, a menudo olvidados por la opinión pública, se hace más necesario aún construir juntos los caminos de la paz, por eso es indispensable educar para la paz, dijo hoy el Papa que leyó toda la homilía con bastante claridad.

Juan Pablo II, que redujo su programa de actividades para estas Navidades por recomendación de su médico pero que celebró y participó de los principales eventos, apareció bastante fortificado pese al mal de Parkinson que a los 83 años le impide caminar y le provoca problemas para hablar.

El momento de la consagración durante la misa fue celebrado por el cardenal secretario de Estado, número dos del Vaticano, Angelo Sodano. Una familia de siete personas de Lesotho, una familia coreana, una religiosa de Belén y un estudiante de Beirut llevaron hasta el altar el pan el agua y el vino necesarios para la ceremonia.

Ubicado en su silla de ruedas a la base de los escalones que conducen al altar, el Papa permaneció arrodillado durante todo el momento de la consagración eucarística.

Juan Pablo II recordó en la homilía la figura del nuncio apostólico en Burundi asesinado hace pocos días y dijo que ante los focos de violencia que persisten en el mundo, es necesario un esfuerzo de todos para que se supere la lógica de la simple justicia abriéndose también a aquella del perdón porque no hay paz sin perdón.

Aun reconociendo los esfuerzos de las Naciones Unidas por conseguir la paz en el mundo, el pontífice llamó a crear un nuevo orden internacional que proponga soluciones fundadas en la dignidad de las personas, en un desarrollo integral de la sociedad, en la solidaridad entre los países ricos y pobres, en el compartir los recursos y los extraordinarios resultados del progreso científicos y técnico pero también, dijo, en una civilización del amor porque no puede haber paz sin amor.

Estrictas medidas de seguridad rodearon la basílica de San Pedro, vigilada permanentemente desde el 24 de diciembre, cuando las autoridades italianas decidieron reforzar los controles ante el temor de un atentado. En la plaza de San Pedro, la policía italiana tuvo a cargo la vigilancia con detectores de metales y algunos centenares de policías de uniforme y de civil. Dentro de la basílica, la seguridad fue casi imperceptible.

Un caluroso aplauso despidió al Papa mientras su silla de ruedas atravesaba el pasillo central de la basílica impartiendo la bendición.

En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz el Papa dijo que la lucha contra el terrorismo no puede reducirse sólo a operaciones punitivas o represivas sino que es necesario un profundo análisis político para llegar a los motivos subyacentes de los ataques terroristas y evitar que prevalezca la ley del más fuerte.

El fin nunca justifica los medios, recordó, haciendo un llamado a los terroristas porque, dijo, comprometen la causa por la cual combaten al usar el terrorismo como método, que es inaceptable.

En tácita referencia a Estados Unidos y la guerra en Irak, recordó que los pueblos, los individuos y las naciones deben respetar el orden internacional, cumplir los acuerdos firmados libremente sobre todo en los momentos en que se percibe la tentación de apelar la derecho de la fuerza más que a la fuerza del derecho.

Dijo asimismo que las Naciones Unidas han contribuido notablemente a promover la libertad y dignidad de los pueblos pero que se requiere un grado superior de ordenamiento internacional, auspiciando que la organización internacional se transforme en autoridad moral entre las naciones.
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