Más de 200 personas se ofrecieron a caníbal alemán para ser devorados

Wolfgang Buch, de la policía de investigaciones (LKA) del Estado federado de Hesse declaró ante los magistrados que hasta ahora se han encontrado los mensajes de 204 personas dirigidos al caníbal Armin Meiwes, consintiendo ser devorados.

16 de Enero de 2004 | 13:15 | AFP
KASSEL.- Más de 200 candidatos se ofrecieron a través de internet al caníbal alemán Armin Meiwes para que éste los devorara, dijo este viernes ante la corte que juzga el escalofriante caso un agente policial a cargo de las investigaciones.

Wolfgang Buch, de la policía de investigaciones (LKA) del Estado federado de Hesse declaró ante los magistrados que hasta ahora se han encontrado los mensajes de 204 personas dirigidos a Meiwes, quien confesó haber matado en 2001 a un ingeniero berlinés, con su consentimiento, para comerse su carne.

Hasta el momento no hay más indicios sobre otras víctimas del "caníbal de Rotenburgo", agregó el agente. Uno de los mayores obstáculos de las investigaciones fue precisamente el hecho de que Brandes borró todos los datos de su computadora instigado por el caníbal.

La policía no pudo identificar a la totalidad de las 204 personas que escribieron a Meiwes, de 42 años, ofreciéndose para ser comidas por él. "No hemos podemos establecer todavía si entre las personas no identificadas se puede encontrar alguna otra víctima", dijo Buch.

Un testigo contradijo este viernes las declaraciones prestadas por otros conocidos y amigos de Brandes, de 43. Un joven que se prostituye en las calles de Berlín y que conoció al ingeniero como cliente dijo que la víctima era masoquista y quería que lo castraran.

El joven declaró a los magistrados que el ingeniero le había ofrecido todo lo que poseía, dinero, ahorros, a cambio de que le cortara el pene.

Una ex amiga de Brandes alegó en cambio que el ingeniero era un hombre muy sensible al dolor, psíquicamente estable y sexualmente normal, no violento.

Meiwes confesó ante la justicia haber dado muerte y descuartizado a Brandes, a quien conoció a través de internet. Tras haber asado y comido su pene junto con él, el experto en computación ingirió algunas otras partes anátomicas del ingeniero y guardó el resto en el congelador para su posterior consumo.

El policía dijo que Meiwes se pasaba su tiempo libre ocupado en sus perversas fantasías. En una oportunidad se citó por internet con un posible candidato en Holanda, pero cuando llegó al lugar se encontró con la puerta cerrada y sin poder ver a su interlocutor epistolar. "Te ví, pero tuve miedo y no abrí", le escribió después el holandés al caníbal alemán en un correo electrónico.

El policía dijo que las investigaciones le habían afectado mucho a él y a otros compañeros de tarea y que a menudo no podía comer ni hablar del caso con su esposa. "Estoy desde hace 20 años en la policía, pero lo que viví aquí nunca creí que fuera posible, algo tan perverso y degenerado", agregó Buch.

El padre de Meiwes también estuvo este viernes en el tribunal citado como testigo, pero se negó a prestar declaraciones y ni siquiera quiso mirar a su hijo. El caníbal en cambio dirigió la mirada a su padre cuando éste abandonó la sala por una salida lateral. El progenitor de Meiwes abandonó a la familia cuando Armin tenía ocho años.

Un superior jerárquico de Brandes elogió al ingeniero ante la corte calificándolo de ’’un hombre fino’’ y buen compañero de trabajo.

El padre de la víctima del caníbal alemán, no se explica cómo pudo haber ocurrido el hecho y no se imagina tampoco que su hijo haya querido morir, según una declaración leída ante el tribunal.

En el protocolo el padre de la víctima expresó que hasta el día de hoy no entiende lo sucedido aquella noche del 10 de marzo de 2001 en la casa de Meiwes en Rotenburgo y agregó que no tenía conocimiento alguno de que su hijo sufriera de depresiones.

El ingeniero, que convivía en una relación homosexual con un amigo de 27 años, había desaparecido de su domicilio en 2001 y era buscado por la policía hasta que se descubrió el crimen en 2002.

El caníbal leyó a los jueces las cartas de condolencias que había enviado al padre y al compañero sentimental del ingeniero en las que expresaba que se arrepentía "mucho del acto" y que solamente quería comerse a Brandes, pero no matarlo.
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