Juan Pablo II exalta el servicio de amor de Cristo en la Pasión

En la liturgia de Jueves Santo el Papa invitó a los fieles a ejercer su propia caridad y hacer ofrendas de dinero, que este año irán destinadas a los niños enfermos de Ruanda y Burundi.

08 de Abril de 2004 | 18:10 | EFE
CIUDAD DEL VATICANO.- Juan Pablo II exaltó hoy el "servicio de amor" de Cristo en su pasión y muerte en la solemne celebración litúrgica de Jueves Santo, que abrió en la basílica de San Pedro del Vaticano el Triduo Pascual.

El Papa, que por la mañana presidió la Misa Crismal, durante la que bendijo los Santos Oleos y recordó el estrecho vínculo existente entre la Eucaristía y el Sacerdocio, dedicó su homilía vespertina a glosar el rito del lavatorio de los pies.

"Con un gesto que habitualmente correspondía al siervo, Jesús quiso imprimir en la mente de los apóstoles el sentido de lo que le ocurriría poco después", dijo el Pontífice, antes de subrayar "la importancia de este ejemplo de caridad".

De forma paralela, el Papa invitó a los fieles a ejercer su propia caridad y hacer ofrendas de dinero, que este año irán destinadas a los niños enfermos de Ruanda y Burundi, al igual que en 2003 fueron para los que sufrían en Irak las consecuencias de la guerra.

Como ya es habitual en los últimos años, Juan Pablo II no pudo cumplir con el rito de lavar los pies, que, en su nombre, llevaron a cabo con doce presbíteros el decano del colegio cardenalicio, Joseph Ratzinger, y el secretario de Estado vaticano, Angelo Sodano.

Si que tuvo en cambio el Pontífice un gesto que no pasó desapercibido, al arrodillarse tanto en la adoración de la Eucaristía ante el altar como luego en la llamada capilla de la Reposición.

Durante su alocución de la tarde volvió a leer una parte de la carta dirigida a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo para concluir que "sólo una Iglesia enamorada de la Eucaristía genera, a su vez, santas y numerosas vocaciones sacerdotales".

Pese a la larga duración de las dos celebraciones litúrgica de hoy, el Papa no mostró especiales signos de cansancio, más allá de lo que le producen sus conocidos problemas de salud, que volverá a ser puesta a prueba en los próximos días.

Mañana viernes, Juan Pablo II presidirá uno de los actos litúrgicos más emblemáticos de la Semana Santa, el Vía Crucis nocturno que se celebra en el Coliseo de Roma, símbolo del martirio de los primeros cristianos.

Debido a las dificultades físicas que le impide prácticamente andar, Juan Pablo II confiará la cruz que otras veces ha llevado a lo largo de las 14 estaciones a varios "cirineos", entre ellos una joven madrileña, en recuerdo de la pasión vivida en España con la masacre terrorista del 11 de marzo.

Tras la vigilia pascual del sábado, el Pontífice presidirá la celebración del Domingo de Resurrección, que finalizará con la tradicional bendición "urbi et orbe", es decir, a la ciudad de Roma y al mundo.

Todos estos actos estarán rodeados de fuertes medidas de seguridad, que se han extremado de forma particular esta Semana Santa por la alarma terrorista que se vive en el mundo tras los sangrientos atentados de hace un mes en Madrid.

Los fieles y turistas que se acercan estos días a la Plaza y a la basílica de San Pedro deben pasar algunos controles no excesivamente llamativos, mientras numerosos policías de paisano velan por la seguridad.

Las autoridades italianas decidieron hoy, como única medida extraordinaria, el cierre durante estos días en horas nocturnas de la transitada Vía de la Conciliación, que une el Vaticano con Roma, en una reunión en la que estuvo presente un representante de la Santa Sede.
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