Familiares sepultan a niños asesinados en Baltimore

Ricardo Espinoza y su hermana Lucero Quezada, ambos de 9 años, y su primo Alexis Quezada, de 10, fueron hallados muertos en su departamento de Baltimore el 27 de mayo. Uno de los niños fue decapitado.

13 de Junio de 2004 | 18:51 | AP
TENENEXPAN, México.— Los restos de tres niños asesinados en Baltimore fueron enterrados este domingo en México, en medio del llanto de familiares que se preguntaban en voz alta quién podría haberlos matado, y de amigos que clamaban justicia.

Ricardo Espinoza y su hermana Lucero Quezada, ambos de 9 años, y su primo Alexis Quezada, de 10, fueron hallados muertos en su departamento de Baltimore el 27 de mayo. Uno de los niños fue decapitado, mientras que los otros dos estuvieron a un paso de serlo.

Dos parientes fueron detenidos y podrían ser condenados a homicidio intencional, pero ni la policía ni miembros de la familia saben cuál sería la causa del asesinato.

Aunque los niños nacieron en la capital mexicana, emigraron a Estados Unidos con sus padres, que establecieron residencia en Baltimore, y vivían juntos en el mismo departamento. Sus restos fueron trasladados a este pequeño pueblo agrícola para ser enterrados junto a los miembros de la familia procedente de Tenenexpan.

Los cadáveres llegaron el sábado y los familiares y amigos de aldeas cercanas llegaron hasta el pueblo, rodeado de cultivos de papaya, mango y chile. Anoche asistieron al velorio y hoy por la mañana cargaron los féretros cuesta abajo hasta el cementerio local.

Cuando los féretros descendían a la tumba, la madre de dos de los niños comenzó a gritar: ¡Me vas a matar. Ay, Dios mío. ¡Y no sé por qué!", exclamó Mimi Quezada, de 40 años de edad, la madre de Lucero y Ricardo, mirando al cielo. Fue alejada del lugar por su esposo Ricardo, de 35 años, quien se esforzaba por calmarla mientras él también sollozaba.

Mimi Quezada y su esposo Ricardo viajaron a Estados Unidos hace unos años. Cansada de trabajar como secretaria por poco dinero, María Andrea, de 38 años, decidió seguirlos, cruzando la frontera ilegalmente con sus hijos en diciembre.

Al igual que muchos habitantes de este pueblo, donde los hombres y mujeres se han marchado a la capital o a Estados Unidos en busca de trabajo. Los que quedaron tratan de sobrevivir en las tareas agrícolas.

Los padres de las víctimas tienen intención de pasar unos cuantos días en México y luego regresar a Estados Unidos. Aunque vivían ilegalmente en Baltimore, cuando ocurrieron los asesinatos el gobierno estadounidense autorizó su permanencia en ese país.
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