Enfermera de Hitler relata las últimas horas del Führer

Erna Flegel, de 93 años, dijo que el dictador alemán se sintió profundamente abatido cuando el Ejército soviético se tomó el centro de Berlín. "Él había envejecido mucho en los últimos días y daba la impresión de ser un hombre quince o veinte años mayor".

02 de Mayo de 2005 | 10:08 | EFE

Adolf Hitler.
LONDRES.- Una enfermera de la Cruz Roja Alemana que acompañó al dictador alemán Adolf Hitler en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial ha roto por primera vez su silencio para relatar las últimas horas del Führer y de sus colaboradores.

En una entrevista que publica hoy el diario británico "The Guardian", Erna Flegel, de 93 años, asegura, entre otras cosas, haber intentado persuadir a la esposa del ministro de propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, para que no matara a los seis hijos de la pareja.

"Yo quería que se hubiese llevado de la ciudad (Berlín) al menos a uno o dos de sus hijos", pero Magda Goebbels, se negó: "Yo pertenezco a mi esposo. Y mis hijos me pertenecen a mí", le respondió la mujer.

Eran unos niños encantadores, recuerda la enfermera, según la cual el propio Hitler les tenía mucho cariño, tomaba con ellos chocolate caliente y les dejaba utilizar su propia bañera.

Magda Goebbels, a la que Flegel describe como una mujer "inteligente", toleraba sin rechistar las conocidas y frecuentes infidelidades de su marido.

Flegel afirma, por otro lado, que el "Führer" se sintió profundamente abatido después de que el Ejército soviético llegara al centro de Berlín y viera claramente que Alemania había perdido la guerra.

"Hitler no necesitaba cuidados especiales. Yo estaba allí exclusivamente para ocuparme de los heridos. Él había envejecido mucho en los últimos días y daba la impresión de ser un hombre quince o veinte años mayor", recuerda.

Según la enfermera, Hitler tenía un fuerte temblor, le resultaba difícil caminar y su lado derecho seguía muy debilitado por culpa del atentado contra su vida.


El führer junto a Eva Braun.
La enfermera de Hitler califica a la amante del dictador, Eva Braun, de jovencita insignificante y asegura que la muerte de Blondi, el perro del Führer, los afectó más que el suicidio de ella.

La decisión de Hitler de casarse con Eva Braun convenció a Erna Flegel de que el Tercer Reich tocaba su fin, recuerda.

Erna Flegel, una de las dos sobrevivientes del búnker de Hitler que todavía viven, trabajó en la cancillería del Reich, en Berlín, a partir de enero de 1943.

Según su relato, Hitler se despidió de todo su equipo médico en las primeras horas del 30 de abril de 1945 antes de quitarse la vida de un disparo aquella tarde.

"Salió de un cuarto lateral, nos estrechó la mano a todos, dijo unas cuantas palabras amistosas, y eso fue todo", recuerda su ex enfermera.

Flegel no llegó a ver el cadáver de Hitler, pero supo que el dictador había fallecido al ver de pronto en el búnker más muertos de los que había normalmente. Su cuerpo fue llevado al jardín de la cancillería e incinerado.

Después del suicidio del Führer, un grupo de oficiales de las SS intentaron escapar del búnker, pero Flegel fue una de las seis o siete personas que esperó dentro a la llegada de los rusos, el 2 de mayo de 1945, hoy hace sesenta años.

Flegel, que vive actualmente en una residencia para ancianos en el norte de Alemania, recuerda que a partir de noviembre de 1944 y mientras se derrumbaba el Ejército alemán, Hitler continuó en Berlín, retirándose de cuando en cuando al búnker con los miembros de su entorno.

Según su ex enfermera, el dictador hablaba regularmente con todo el personal a su servicio. "Su autoridad era extraordinaria. Siempre se mostró cortés y encantador. No había nada que objetarle", recuerda.

La existencia de la ex enfermera había sido un misterio hasta ahora. El diario británico llegó a ella tras una larga búsqueda a raíz de la desclasificación por la CIA de un interrogatorio al que fue sometida en noviembre de 1945 por los estadounidenses.

La secretaria de Hitler, Traudl Junge, cuyas memorias ha inspirado la última película sobre las últimas horas del dictador, encarnado por Bruno Ganza, falleció en 2002, y otro testigo de esos últimos momentos, su telefonista Rochus Misch, de 88 años, se niega a hablar con la prensa.
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