Segundo reparto de “Romeo y Julieta” (2/6/1997)

03 de Octubre de 2003 | 11:05 |
Federico Heinlein

2/6/1997

En el Teatro Municipal vimos el segundo reparto de "Romeo y Julieta", con música de Serguéi Prokófiev y coreografía de John Cranko. Siempre de nuevo sobrecoge la genialidad con la que Cranko traduce el drama shakesperiano en danza; una danza de gran expresión y belleza, con muchos elementos propios que enriquecen el lenguaje del ballet tradicional. El emocionante espectáculo, con escenografía y trajes de Elizabeth Dalton e iluminación de Ricardo Yáñez, lo remontaron en esta oportunidad Marilyn Burr, Elba Rey y Patricio Gutiérrez, maestros del Ballet de Santiago.

El arte de Cranko mezcla humor y poesía, gracia y perfección del detalle, ofreciéndonos un goce permanente, sobre todo en el primer acto donde todavía no se desata la furia del destino, aunque ya sintamos la tensión entre las dos familias malquistadas. En su rol protagónico, Valentina Chepacheva hace derroche de juvenil encanto y elasticidad. De Romeo, Miguel Angel Serrano cumple cabalmente como danzarín y como actor.

En la actuación participan de manera esencial los instrumentos de la orquesta, ya que la multicolor partitura colabora en todo instante con el acontecer dramático. Notable fue el lucimiento de Fernando Moraga en el llamativo papel de Mercucio. Miroslav Pejic completó adecuadamente el trío de compañeros.

Ciryl de Marval dio perfil marcado al pendenciero Teobaldo, y la pálida figura de Paris fue adecuadamente interpretada por Alfredo Ligabue. Georgette Farías y Claudio Muñoz encarnaron con matización sutil a los padres de Julieta; Edymar Acevedo hizo de diligente nodriza; Hugo Zárate impresionó como Duque de Verona.

Vida y animación proporcionaron Natalia Berríos, Paola Hartley y Lidia Olmos (gitanas) y los personajes carnavalescos de César Morales, Mónica García, Sergio Morales, Cherie Mancilla e Italo Jorquera. Buen efecto causaron varias escenas del cuerpo de baile, y sobre el cadáver de Teobaldo Francisca Moya tuvo su gran momento.

El tercer acto, de mayor truculencia, no decayó en cuanto al engranaje de todos los factores visuales y auditivos. Muy aclamada fue la Orquesta Filarmónica dirigida por el maestro Santiago Meza, quien logró elocuencia, brillo y precisión sorprendentes de cada grupo instrumental.

En suma, una función deslumbrante y muy aplaudida.
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