El pequeño gran hombre 5/1/2004

07 de Enero de 2004 | 17:39 |
El pequeño gran hombre

Marcelo Contreras 5/1/2004

Armando Manzanero desafía las leyes de la balada romántica y él es el primero que lo sabe. Lejos, muy lejos de encarnar el ideal de belleza que imponen los representantes del género, y por completo ajeno a los gestos de virilidad fríamente calculados para provocar el suspiro femenino, el artista mexicano es de los jerarcas del estilo sólo por su innato talento para escribir canciones de amor sin fecha de vencimiento. Historias simples, que el sábado por la noche capturaron por completo la atención del público del Casino de Viña, que recibió al artista a sala repleta después de casi una década de ausencia de los escenarios chilenos.

Con Manzanero el tiempo se detiene primero consigo mismo. Está idéntico, aunque ya no lleva esos trajes blancos que eran su marca registrada. El sábado optó por un sobrio esmoquin, elección que no hizo más que realzar la estampa de Crooner a la mexicana que practica en escena, apoyado por una poderosa banda de seis músicos - todos chilenos, dirigidos por el mexicano Leonardo Sandoval- que funcionó como si fueran sus camaradas de siempre. A estas alturas, Manzanero maneja de sobra todos los códigos de un espectáculo en vivo, ordenando sus cartas para que la nostalgia coordine las emociones. Dedicó un amplio pasaje de su show a recordar, junto a tres guitarristas, canciones de Los Panchos, segmento en el que consiguió sus mejores momentos de comunión con la audiencia. Sazona todo con abundantes chistes y recuerdos de su vida en Yucatán. Da las gracias al filo de la zalamería y listo, la receta de un clásico nuevamente funciona aunque por diez años el plato estuvo fuera del menú. Un gran retorno.
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