"No podía aspirar a más de lo que he conquistado" 1/2/2004

01 de Febrero de 2004 | 00:00 |
"No podía aspirar a más de lo que he conquistado"

Daniel Quiroga acaba de cumplir 90 años, pero su ánimo es el de un quinceañero. Jovial y con un humor punzante, don Daniel es una de las personas que más sabe de música de Chile y, por ello la más indicada para hablar acerca de la actualidad musical del país.

Matías Bakit
(1/2/2004)


Dicen que el reconocimiento y el tiempo le pueden quitar la humildad a una persona. De hecho, se sabe de muchos casos en el que, cegados por su ego, los grandes personajes de la historia han llegado infelices y faltos de cariño a los últimos años de su vida.

No es el caso de don Daniel. Sin ir más lejos, familiares y amigos lo interrumpieron a lo menos seis veces para darles sus respetos y desearle un feliz cumpleaños.

"No me puedo quejar -dijo el festejado- pues he encontrado una solidaridad muy grande cada vez que fue necesario. Dentro de las condiciones que había en Chile no podía aspirar a más de lo que he conquistado. Esto es una crianza de amistades que aún existe".

Sus dotes para la música salieron a la luz en el Conservatorio Nacional, para luego brillar como pianista del Ballet de Chile. Entre sus grandes logros está el haber logrado formar la Agrupación Lírica de Concepción.

Como crítico trabajó en el Diario La Hora, en La Nación, en Las Últimas Noticias y en El Mercurio. Además es el fundador de la revista Proarte y continúa colaborando con otros medios de comunicación.

¿En que ha cambiado la música desde sus primeros años como crítico?
- Hay un ligero estancamiento en lo que se refiere a la llegada de espectáculos. Si uno compara, entre los años 20 y 40 se produjeron grandes avances. Se abrieron las puertas para conocer muchas cosas que en ese entonces se conocían de oídas. Me refiero a la música moderna y a las nuevas corrientes. Fue muy importante descubrirlas y defenderlas. En ese tiempo acá se tocaba de todo, aunque no todos lo aceptaban. De hecho, se presentaron piezas musicales que en Estados Unidos y en Europa ya se presentaban con total normalidad. Hoy no llegan tantas cosas, pero la gente es más tolerante.

¿Cómo considera el desarrollo de la música chilena en cuanto a composición e interpretación?
- En cuanto a interpretación y producción, hay en este momento un sector que es perfectamente conocido por la gente, lo que implica un claro desarrollo de la música chilena. En esto, fueron pioneros Orrego Salas y Claudio Arrau. Esto es fruto de una evolución en la enseñanza musical, que significó que, en definitiva, nos pusiéramos al día en crear cosas verdaderamente chilenas.

¿Cuál es la importancia del surgimiento de tantas orquestas juveniles?
- Mucha. Mientras estuve en el sur, me tocó conocer el nacimiento de la orquesta juvenil de Curanilahue. Esto demuestra el sentido musical de algunos sectores más apartados de las ciudades. De ahí salieron valores muy importantes, lo mismo que en La Serena. Su trabajo es conocido en todo el continente, lo que ejemplifica un mayor interés por la música de parte de los jóvenes.

¿A qué se debe el éxito que han tenido los cantantes de ópera chilenos?
- Se debe a la gran capacidad interpretativa que hay en nuestro país y a la gran habilidad para descubrirla. Yo mismo tuve participación directa en el desarrollo de varios cantantes de ópera chilenos. Lo hice en Concepción, donde se formó una asociación que tuvo sus raíces en la trayectoria de Arturo Medina. Ese grupo presentó una Traviatta en Santiago, con gran éxito. También fui uno de los artífices del descubrimiento de Verónica Villaroel, quien pretendía entrar a la Zarzuela de Faustino García. Su prueba la dio frente a mí, y fue tan brillante que hablé muy bien de ella. Después de eso, estrenó una obra con Luisa Fernández y su carrera subió rápidamente.

¿Cuál es su opinión acerca de los programas de televisión que buscan talentos musicales?
- Lo encuentro muy interesante ya que aparecen cosas increíbles, como por ejemplo, esos cantantes de 5 y 17 años. Ellos implican esperanza, por la edad que tienen y por las condiciones innatas que presentan. Yo creo que, en ese sentido, estos programas son muy positivos.

Si la música cambia, el crítico también debe hacerlo ¿Cuáles han sido las medidas que ha tomado para actualizarse?
- La forma de actualizarse es buscar la mayor cantidad de información posible y enterarse de las razones de las cosas. A mí me ayudó mucho el haber tenido la posibilidad de viajar para conocer otras culturas y otros estilos. Todo esto le ayuda a uno a pararse en un contexto de realidad diferente a el que tiene la gente, que divide la música en moderna y otros tipos. Yo nunca me cerré a combatir por una o por otra corriente porque el que es muy conservador no llega a ninguna parte.

El Gobierno ha dedicado gran parte de su tiempo al fomento de la cultura y la música ¿Cree que el objetivo se ha cumplido hasta ahora?
- Si, creo que se ha conseguido. Es cosa de ver que los conciertos al aire libre se llenan. Ha habido un acuerdo tácito entre los organizadores de que si un día asisten 300 personas, al otro día tienen que ir 400.

¿Qué opina de los espectáculos gratuitos?
- No sé que pasará. No me parece una buena costumbre el no cobrar dinero. La gente puede crearse el hábito y las cosas no pueden ser así todo el tiempo.

¿Cuáles son los mejores recuerdos que tiene en la música?
- A mí me tocó ver las primeras audiciones de autores como Ravel. También destaco a las obras modernas italianas. En esos casos uno no iba a trabajar, sino a escuchar y a tratar de explicarse porqué esto sonaba distinto, pero a la vez era interesante y atrayente. Además, tengo una colección de partituras y las escucho bastante seguido.

90 años y aún con sentido del humor

Si una persona cumple 90 años ¿Cuál es la fiesta de cumpleaños que se esperaría que le hicieran? Claramente, no una con globos de todos colores, ni con carteles colgados de las ventanas de la casa.

No obstante, este era el ambiente en la casa de Daniel Quiroga. Alegría pura. Hospitalidad desinteresada. ¿Era lo que cabía esperar? Si hubiese conocido antes al festejado, la respuesta hubiese sido sí.

La celebración consistía en un abundante almuerzo y en una presentación de obras de Bach y Mozart, entre otros. Todo estaba listo ¿Todo? El cumpleañero no aparecía por ninguna parte.

Cuando lo hizo, las personas que no conocían su carácter juguetón se quedaron con la boca abierta. Daniel Quiroga llevaba una peluca afro en su cabeza, un poncho que cubría su cuerpo y un gong en miniatura que hacía sonar para avisar que la fiesta podía empezar.

Su familia le había preparado un muro repleto de fotos con los hitos más importantes de su vida y las muestras de cariño eran impresionantes. Claro, no todos los días se cumplen 90 años.

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