"Brasilificando" las noches 13/2/2004

24 de Febrero de 2004 | 10:45 |
"Brasilificando" las noches

Íñigo Díaz 13/2/2004

Este lamento parece tener bastantes años. La letra de la canción de Carlos Lyra “Influência do jazz” dice Pobre de mi samba/se fue mixturando/se fue modernizando/y se perdió/donde está/casi se murió/de repente mudó/por la influencia del jazz. Fue la pieza que el grupo Branco utilizó como despedida las dos noches de actuaciones en un ciclo musical veraniego organizado por la Municipalidad de Providencia. Un reclamo que a primera vista no calza con la propuesta sonora del conjunto, pues éste, aunque se mueve con propiedad por el repertorio de la Música Popular Brasileña (MPB), ya viene “jazzificado” desde la fábrica.

Los textos de Lyra luego dicen: El samba se mueve de un lado para otro/y el jazz va para adelante y para atrás. Un vaivén melodioso, de todas formas. Sugerente, por lo demás. Y si está bien coordinado rítmicamente desemboca en una música festiva, ideal para iniciar la noche, sobre todo si ésta es adornada por brisas como las del aquel día. Branco ofrece bossa nova setentero, “siútico”, como lo definió su frontwoman, la cantante Cristina Araya. Calificativo correcto.

El quinteto saca bajo la manga sets intermedios de canciones caladas, como los standards “Desafinado”, “Garota de Ipanema” y “Agua de beber”. Uno tras otro, son interpretados en tempo rápido por un grupo de muchachos de ordenado comportamiento sobre el escenario, salvo algunos tropiezos menores que hacen que el show no sea demasiado mecánico. Entre estos músicos destaca ampliamente el pianista Américo Olivari (si no ha sido formado en las claves del bop, sería tremendamente extraño). Olivari, como Araya, más el bajista eléctrico Gato Arrieta y el trompetista Jaime Navarrete integran además el grupo pop Feria, por lo que se conocen hasta las mañas más ocultas. El último miembro de Branco es el baterista Alejandro Ramírez, curioso ejemplar proveniente del grupo jazz-rock La Matraca, pero que en esta ocasión cambia los “palos” por algunas caricias.

Integramente cantando en portugués (chapurreado a veces más, a veces menos), el repertorio presenta un interesante paquete de canciones no necesariamente clásicas, que hacen de Branco una más de las ofertas especiales para quienes se desviven por la música popular brasileña y necesitan con urgencia escuchar el cancionero en vivo. Estos aficionados no son pocos, por cierto. Tal vez Branco debiera desdoblar su perfil de grupo funcional que se rearma cada vez que alguien lo solicita. Tal como ya lo han hecho también el grupo Saudade en sus actuaciones de la Sala Master, o el trío Os Desafinados en el club Thelonious, o el conjunto Café da Manha sobre el escenario de La Máquina. Junto a Branco, ellos conforman el batallón de músicos nuevos que enarbolan el estandarte de la MPB que amenazan con popularizarla definitivamente.
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