Conjunto de excelencia 25/3/2004

26 de Marzo de 2004 | 18:14 |
Conjunto de excelencia

Gilberto Ponce 25/3/2004

Santiago es una ciudad afortunada. En el ámbito de la cultura musical, los aficionados a la llamada música clásica cuentan con una variada oferta, que incluye orquestas sinfónicas, de cámara, coros y muchos pequeños conjuntos, que enaltecen la vida musical de Santiago. Este es el caso del conjunto de Música Antigua al que no referiremos.

Lo encabeza la destacada soprano Magdalena Amenábar, quien se ha especializado en este tipo de repertorio, y los otros integrantes son Alma Campbell, en espineta y órgano; Gonzalo Valencia, en flautas barrocas; Hernán Muñoz, violín barroco, y Francisco Cortez, en cello, quienes en diversos programas han conseguido un afiatamiento de un profesionalismo de primer orden.

En cada una de las obras interpretadas observamos un verdadero goce por la música y por su interpretación; además, poseen una afinación y una aproximación estilística notables, y lo más interesante, abordan un repertorio que rara vez se escucha, tanto por su originalidad como por su dificultad, obteniendo en este caso un éxito notable.

El concierto se realizó en el Instituto Goethe y consultó obras de autores que iban entre 1500 y 1738, que se agruparon bajo el título de “O Primavera”, cuyos textos están relacionados con el Amor, en muchas de sus variaciones: esperanzado, celoso, herido e incluso con contenido erótico, como en el caso de las canciones de la única mujer compositora incluida en la muestra, la veneciana Barbara Strozzi. Sólo señalaremos la divertida queja de “Amor Dormiglione” donde una dama alega que su amante se ha quedado dormido.

La soprano posee una línea de canto que conjuga melodías y textos con una naturalidad sorprendente, y su sentido del drama es posible observarlo en cada una de las interpretaciones, mientras que la interacción con el resto de los músicos es completa.

Los instrumentistas sobresalieron en las obras para conjunto solo. En ellos no existe ninguna muestra de afectación que ensucie el discurso; todos persiguen un mismo objetivo: el musical. Recordamos las danzas de Praetorius, de Purcell y la Sonata Prima de Salomone Rossi, interpretadas con gran sentido.

En cuanto al resto del programa, tenemos dificultad en señalar cuáles obras estuvieron mejor. Nos permitimos señalar solo algunas.

“Amarilli”, de Caccini, con su énfasis en el texto y la perfecta unión con el clavecín, en fraseos y dinámica. En “Invito a l´allegrezza”, de Marini, tanto la soprano como los instrumentistas sortearon sin problemas todas las grandes dificultades rítmicas y contrapuntísticas. La exquisita introducción instrumental de “Felice qui vi mira” de Quagliati dio paso a la soprano, que se fundió como un instrumento más en esta hermosa obra.

Monteverdi decía que “la música sea la esclava de la palabra”, siendo esta premisa lograda en su “Si dolce e il tormento”. Del mismo autor escuchamos el Prólogo de su ópera “Orfeo”, donde la soprano asume el rol de la Música, para invitarnos a conocer la historia de Orfeo, quien irá a los mismísimos infiernos a rescatar a su amada Euridice. La progresión dramática del trozo fue un ejemplo de interpretación; iguales resultados se obtuvieron en “Laudate Dominum” del mismo autor.

Uno de los logros mayores lo consiguieron con el “Lamento de Dido” de la ópera “Dido y Eneas”, de Henry Purcell. Se trata de una de las más conmovedoras arias de la historia de la música, que será difícil de olvidar en esta interpretación, con el desgarrador final donde se escucha: “Recuérdenme, recuérdenme, pero olviden mi destino”. Ya hacia el final conocimos una curiosa obra “en español” de Haendel, y el emblemático “Ombra mai fu” de la ópera “Serse”, que confirmó la calidad indiscutible del conjunto.
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