Eterna Primavera

29 de Marzo de 2004 | 11:18 |
Daniel Quiroga

Por cierto, en nuestro hemisferio no estamos en situación de saludar a la primavera. Pero si se trata de escuchar una voz autorizada que nos conduzca por el camino del canto, allá en Italia del tiempo barroco, debemos confiar si se trata de la laboriosa soprano Magdalena Amenábar. La cantante nacional, acompañada por un grupo instrumental de sobresaliente disciplina, ofreció en el Goethe-Institut un recital de diecinueve títulos (del 1400 al 1700), recorriendo la alegría y la pasión, el amor y el dolor. La entrega se dio con el título italiano “O Primavera”, como el madrigal de Luzzaschi.

Si la cantante ha bien ganado los méritos que la distinguen en su género, allí estaban las voces de Cara, Praetorius, Monteverdi, Marini, Caccini, la Strozzi, en Italia, cerrando el ciclo con Purcell y Haendel. Un recorrido lleno de pasión, que la soprano entregó con dominio expresivo, sobrepasando los artificios vocales, con el disciplinado apoyo de los ejecutantes instrumentales Alma Campbell (espineta y órgano), Hernán Muñoz (violín barroco), Francisco Cortez (cello) y Gonzalo Valencia (flauta). La entrega sonora, equilibrada y dúctil, acompañó el relato vocal pleno de exigencias y adornos de época. El conjunto despertó un aplauso igualmente cálido y agradecido por una tarea artística ejemplar.

Daniel Quiroga
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