Neruda poco audible en la Sinfónica (2/4/2004)

02 de Abril de 2004 | 13:18 |
Por Mario Córdova

Con un programa que se extendió más de la cuenta, la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por su titular David del Pino Klinge, dio inicio a su 4.o Festival Internacional, dedicado este año a homenajear a Pablo Neruda, al cumplirse un siglo de su nacimiento. Este breve ciclo contempla cuatro fechas, que alternarán obras del repertorio sinfónico tradicional con piezas de chilenos sobre textos del insigne poeta nacional.

Lo tradicional del primer programa estuvo en la apertura y el cierre, con el Concierto N° 5, “Emperador” de Beethoven y “El mar” de Debussy, respectivamente. Entre la interpretación de una y otra obra hubo diferencias. El célebre concierto pianístico contó con un lectura orquestal sólo correcta y mucho más destacada por parte del eximio pianista alemán Oliver Triendl. Mientras que en los “bocetos sinfónicos”, el servicio ofrecido por Del Pino fue excelente, desplegando múltiples matices y cuidando hasta los más mínimos detalles de la rica partitura.

En lo nerudiano las cosas anduvieron de regular a mal, y no por la interpretación sino por las obras mismas. Primero se ofreció “Las preguntas”, para barítono y orquesta, compuestas por Eduardo Cáceres en 1985 sobre cinco de aquellas tantas ingenuas pero profundas interrogantes del “Libro de las preguntas” del vate. La fórmula de abordar cada parte del ciclo es la misma: el barítono (Patricio Sabaté) recita la pregunta y luego viene un desarrollo orquestal de carácter descriptivo sobre el cual el barítono vuelve a sentenciarla, ahora cantando, pero inaudible ante arremetidas sonoras de un aparato sinfónico gigantesco. Así las cosas, la palabra de Neruda, que debiera ser lo más relevante, se ve castigada, tratando de hacerse oír en medio de una grandilocuencia orquestal que hace sucumbir el texto. De las cinco partes, la más lograda resultó ser la cuarta, alusiva a “donde termina el espacio”, pues sólo en ella el canto, la orquesta y un claro afán descriptivo caminan sin darse puntapiés.

En menor grado el mismo fenómeno apareció en el posterior estreno absoluto de las “Cuatro canciones del mar”, para soprano, barítono y orquesta, concebidas como musicalizaciones de versos de Neruda realizadas consecutivamente por Edgardo Cantón, Rafael Díaz, Aliocha Solovera y Gabriel Mathey. La delicada voz femenina de Patricia Herrera afloró dulce y decidida en bastantes pasajes de las canciones segunda (la más lograda) y tercera. En la primera y cuarta, Sabaté sufrió también menos de la embestida orquestal y alcanzó su mejor momento en la última al conseguir mágicos efectos de parte de un coro recitante y cantante, emanado de las voces de los propios integrantes de la orquesta.
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