Neruda y la Sinfónica II 3/4/2004

03 de Abril de 2004 | 21:35 |
Neruda y la Sinfónica II

Gilberto Ponce 3/4/2004

David del Pino Klinge, su Director Titular, condujo a la Orquesta Sinfónica en el segundo de los conciertos dedicados al centenario del nacimiento de Neruda, donde tenemos la oportunidad de escuchar obras de autores nacionales, inspirados en las obras del poeta.

Como es habitual, estas obras ocupan la parte central del concierto.

“Romeo y Julieta”, la obertura de Piotr Ilich Tchikovsky, abrió la jornada. Se trata de una de las obras más populares de su autor, donde recrea algunos de los momentos más importantes de la inmortal obra de Shakespeare. Todos los aspectos señalados por el autor, el tema del amor imposible de los amantes, lo sombrío de su destino, hasta la fuerza de las luchas intestinas de Montescos y Capuletos, fueron reflejados certeramente por del Pino y la orquesta. Se trata de una obra que no por popular, es sencilla, respondiendo los intérpretes atentamente a cada una de sus indicaciones.

Las obras en torno a Neruda, siguieron el programa, el “Poema XX” de Hernán Ramírez, para barítono y orquesta, es una obra bastante particular, que parece haber perdido parte de su esencia con la orquestación para orquesta sinfónica, al desaparecer esa atmósfera íntima, característica del famoso poema, llegando a convertirse en una obra casi violenta, con uso excesivo de percusiones y bronces, que además hacen, casi inaudible al solista. Igor Concha poco pudo hacer ante tamaña masa instrumental.

Pensamos que un auditor, que no supiera lo que trata, difícilmente asociaría esta música con el poema de Neruda. Los intérpretes, pusieron todo de sí en su interpretación, con una obra de la que se esperaba mucho más.

Sergio Ortega, el recientemente fallecido compositor, escribió sus “Canciones del Capitán” para soprano y piano. Ahora y por encargo de la Orquesta Sinfónica, se estrenaron para soprano, coro femenino y orquesta. Cada una de ellas se encargó a un diferente orquestador, los que respetaron fielmente el carácter primitivo de la obra. “La Noche en la Isla”, fue orquestada por Jorge Springinsfeld, quien realizó una fina orquestación, respetando el canto de la soprano (una estupenda Patricia Cifuentes), recordándonos algunas de las melodías de “Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta” del mismo Ortega.

Gabriel Brncic, se encargó de “El viento es un caballo”, magníficamente orquestado, donde el texto se ve fielmente reflejado, pero la soprano debe cantar en un registro demasiado bajo, dificultando su audición.

“No solo el fuego” y “El monte y el río”, las orquestó como una sola unidad, Carlos Zamora, incluyendo además de la soprano a un coro femenino. Las propuestas de imitaciones, preguntas y respuestas, entre solista y coro, con el sustento orquestal, fueron plenamente logradas.

Guillermo Rifo, un experimentado compositor y orquestador, lo hizo con “Bella”, para solista y coro femenino, los que no solo deben cantar, también deben recitar. Aquí las voces son tratadas incluso de forma casi “instrumental”, consiguiendo efectos notables. La interpretación a cargo de Patricia Cifuentes y la sección de voces femeninas del Coro Sinfónico (Dir. Hugo Villarroel) cumplieron en forma destacada su labor.

El concierto para piano y orquesta Nº 1 Op. 15 en Re Menor de Brahms, es uno de los más famosos. Supone grandes dificultades, no solo para el solista, pues la orquesta también es bastante exigida. Javier Lanis el joven pianista chileno, se enfrentó a la obra con bastante solvencia técnica, pero a nuestro parecer, con una cierta falta de compromiso con los desafíos dramáticos de la obra. Algunos pasajes fueron interpretados en forma circunspecta, sin vuelo, no continuando el sentido interpretativo, que le imprimían Del Pino y la sinfónica. Incluso, en más de una oportunidad, parecían dos interpretaciones distintas.

Después de la magnífica introducción orquestal del primer movimiento, el piano fue parsimonioso y sin fuego. En el Adagio, la poesía estuvo ausente y las transparencias, se esbozaron levemente. En el Rondó final, el pianista pareció encontrarse con Brahms, y su interpretación, se acercó a lo propuesto por el director con su orquesta. Pensamos que Lanis tiene un promisorio futuro, en el que alcanzará la madurez para enfrentar a cabalidad, desafíos como éste.

Finalmente debemos alabar el compromiso y profesionalismo de la orquesta, para enfrentar, las obras de los compositores chilenos. Sin su aporte, estos estrenos no tendrían ninguna resonancia.
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