Serrat vistió con clase el traje sinfónico 1/4/2004

03 de Abril de 2004 | 21:40 |
Serrat vistió con clase el traje sinfónico

Unas 1.500 persona llenaron el Municipal en el primero de sus tres conciertos.

Gabriela Bade 1/4/2004

Algo tiene Joan Manuel Serrat que puede ponerse en cualquier escenario como si fuera un traje hecho a medida. Para un hombre sin corbata como él, los perfumes, vestidos brillantes y peinados recién salidos del horno podrían parecer complementos exóticos. Pero anoche en el Teatro Municipal de Santiago eran sólo parte del paisaje. O tal vez parte de la tradición garbosa del llamado primer escenario del país, que se combinó de manera curiosa con la autoridad que caracteriza a Serrat y su público.

Aunque el lugar es casi siempre un dato intrascendente, anoche no fue el caso. El propio músico lo aclaró: “Para mí es una noche muy especial, 33 años después de haber pisado este escenario por primera vez. Las emociones se precipitan. Espero que no excesivamente por el bien del concierto”.

Por supuesto el trovador catalán cumplió. A pesar que la solemnidad que impusieron los arreglos orquestales podrían haber sido muy pomposos, el trabajo de llevar las 22 canciones del disco Serrat sinfónico, se hizo acorde a la personalidad del autor y es amable.

Sí. El concierto de anoche como el concierto del álbum fue íntimo pero no exactamente relajado. Inevitablemente el teatro impuso todo su temperamento protocolar sobrio y bien educado.

Apenas algunas fans gritaron dos o tres saludos al músico. No había espacio para mayores demostraciones de afecto que no fuera el silencio y los justos aplausos entre tema y tema.

Como ha explicado el músico, tanto el disco como el concierto no son ni un grandes éxitos ni una antología. Es una selección de canciones a las que le queda bien el sonido sinfónico.

“Penélope”, por ejemplo, es uno de los que mejor visten los nuevos arreglos. Un pulso un poco más acelerado que su tempo original rejuveneció sus versos y la trajo al presente casi como si no tuviera 30 años.

En general esa es la norma de “Serrat sinfónico”. Mantenerse en el formato de canción popular pero con la sonoridad sobrecogedora de una gran orquesta.
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