Sexo, dinero e Iglesias 9/4/2004

09 de Abril de 2004 | 00:00 |
Sexo, dinero e Iglesias

“Coño: ¿tan caro soy?”, dice Julio Iglesias cuando sabe que las entradas más caras a su concierto costarán doscientos mil pesos. Y también dice otras cosas. Viejos y picarescos recuerdos del crujiente piso de madera del Hotel O’Higgins, por ejemplo.


David Ponce 9/4/2004

Es la enésima fotografía con mar, sol y la bronceada sonrisa de Julio Iglesias la que está en la tapa de “Divorcio” (2003), el nuevo disco del cantante español. Pero ahora Iglesias parece demostrar que es algo más que el más famoso playboy del mundo de la música. Y está al tanto de la actualidad local al punto de que, por ejemplo, sabe que casi volvió a cantar a uno de los raros países desprovistos de ley de divorcio en el mundo: Chile.

- Me he enterao perfectamente de que han aprobao la ley de divorcio hace apenas un mes y medio en el parlamento - dice: Julio Iglesias, de sesenta años, está al teléfono en su casa en Punta Cana, la capital mundial del resort en República Dominicana, y faltan días para que venga a presentar “Divorcio”, sin duda el título más contingente de sus 77 discos. Cuidado, Arjona: Iglesias también canta sobre las cosas simples y/o reales de la vida.

- Pero, ¿sabes?, el divorcio del que hablo yo es muy a la cubana - precisa- . No sé si lo puedes decir allí, pero hacen el amor por la mañana, por la noche se divorcian y al día siguiente vuelven a hacer el amor. O sea que se tiran los trastos pero siguen queriéndose.

- ¿Qué opinó tu mujer cuando supo que tu disco se iba a llamar así?
- Bueno, mi mujer (la modelo holandesa Miranda Rijsburger) no se asustó porque como no estamos casados... (risas). Pero el divorcio es una pequeña provocación. Es decir: yo tengo una vida emocional muy estable, gracias a Dios, pero me he divorciado muchas veces de muchas cosas, y “Divorcio” es un título provocativo. Uno se divorcia de las cosas cuando ya no cree en ellas, ¿no? O se divorcian de ti cuando ya no creen en ti. O sea, el divorcio es siempre la no credictibilidad (sic). Sin embargo creo mucho en este álbum. Es un álbum bonito, simpático, no sé cómo va en Chile, pero me han dicho que en el sur de América no anda mal - agrega- . Pero cuéntame de Chile, un poquito, antes que nada. ¿Qué artistas están cantando allá?

- Bueno, varios: Alejandro Sanz, Serrat sinfónico, Chayanne...
- Ah sí. O sea que está toda la pléyade de latinos ahí. Qué maravilla.

- Claro. Tienes competencia. No sé si eso te pone en riesgo...
- Qué maravilla. Noo, feliz de estar con mis compañeros, chico. Por lo menos me encuentro con ellos, que no los veo nunca. Me alegro mucho que estén por ahí. Yo quiero mucho a Serrat, y Alejandro es un creador. Es gente que quiero mucho.

- Ya que preguntas, Serrat justo ha cumplido sesenta años, como tú.
- La mejor edad - recalca- que puede tener un hombre es tener sesenta años y decirlo.

- Pero eso lo dices cada vez que cumples años, ¿o no?
- Exacto. Sabes lo que pasa: o me conformo o protesto. ¿Qué quieres que haga? - se ríe-. Es que a los sesenta años uno puede actuar de dos maneras: abandonar o todo lo contrario. Y no voy a tirar la toalla, yo... yo soy un boxeador de esos que pelean los quince rounds, aunque les estén dando hostias por todos lados. Si no fuera por eso - pausa- , de verdad no tengo necesidad de cantar. Canto porque amo cantar. Porque es vital en mi vida. En primer lugar porque no sé hacer otra cosa. Después, porque como digo siempre a Fernán (Martínez, su representante) y a mi gente querida: “Mira, si yo dejo de cantar me voy a empezar a arrugar. A arrugar, a arrugar, a arrugar y a consumir”.

- O sea, cantas por vanidad.
- Por vanidad canto; sí, señor. Porque la vanidad bien entendida no es mala. En los artistas la vanidad es lógica, porque un artista abandonao es horrible, sale al escenario, no hace soñar a la gente y en realidad nosotros somos vendedores de sueños. En ese caso Neruda, vuestro artista, ha sido muy claro: las poesías no nos pertenecen, pertenecen a las gentes.

- Sobre las canciones de “Divorcio”, en “Corazón de papel” sufres por amor, hay otra que se llama “Guajira”, donde eres pobre y...
- Nah, pero esas cosas son de mentira, ¿no? Aparte que, hombre, la pobreza la tenemos todos en el amor. El que cree que gana está bien jodido. En el amor no gana nadie.

- ¿Ni siquiera tú, con cuatro hijos, una familia bien constituida...? Más de cuatro, en realidad.
- (Iglesias parece tomar un copa y luego susurra) Hay varios amores. Mira, el amor que yo entiendo grande, grande, el de la pasión, dura de los quince a los veinte años. Y después, digamos el amor profundo, el amor tierno, el amor del respeto, ese amor de extrañar las cosas, ese amor bonito de siempre, ése es el que hace que tengas los cuatro hijos que tengo yo después de haber tenido tres. Después de tres hijos, tener cuatro es porque hay un amor muy profundo, ¿no? Sobre todo es una gran oportunidad también para mí para ver crecer a niños pequeños que no vi crecer en realidad, desgraciadamente, cuando tuve los primeros tres.

“El amor de “Corazón de papel” es una canción. A veces los cantantes interpretamos, no somos parte de la historia”.

- Claro, pero ése es un personaje que pareciera complacerte: el vagabundo, el buscavidas...
- Bueno, a los sesenta años ya he hecho todo. A los sesenta años no te olvides que he dado la vuelta a la puerta giratoria del hotel...

- ... ¿Miramar?
- Miramar. Y al O’Higgins, no veas tú las veces que yo he entrado, a la piscina de atrás. Yo casi puedo hablar con el árbol que había allí. ¿Los pisos que tienen madera siguen existiendo?

- Me parece que sí.
- Ahí yo tenía muchas novias... era muy sinvergüenza. Tenía que hacer muy poco ruido, porque las maderas crujían (risas). Eso puedes escribirlo ahí.

- Eso era para quejarse a la administración, yo creo.
- No, todo lo contrario: eso me hacía mucha gracia, porque también sabía cuando se iban mis novias con otros (carcajada).

- Si hubieras venido este año te habrías encontrado con Raquel Argandoña. Eso sí habría sido un serio revival de los ‘70 en Chile.
- Raquel, la quiero mucho, me acuerdo mucho de Raquelita. De todos: César Antonio (Santis), (Antonio) Vodanovic, que sigue presentando el Festival, ¿no?

- Es algo así como vitalicio.
- Yo he hecho programas con los dos. ¿Cómo está César Antonio? ¿Está en televisión?

- Hace mucho tiempo que no lo he visto, en realidad...
- ¿Cómo está Raulito Matas? ¿Está mejor?

- Sí. Otra coincidencia: Serrat también suele preguntar por él.
- Sí, claro, es que Raúl Matas es un poco la historia de todos nosotros. No te olvides de que Raúl Matas es el precursor latino más grande de la música pop. Musicalmente es el papaíto de lo que es la comunicación. Si le puedes mandar un beso a través del periódico me encantaría porque le quiero mucho. Bueno, todos queremos mucho a Raúl Matas.

- ¿Viña del Mar tiene un valor simbólico para ti? ¿Por eso lo elegiste ahora para volver a tocar?
- Hace un mes y medio me dice Fernán: “Julio, podemos ir a Argentina y a Chile, no vas hace muchos años, tienes que hacer televisión y que te vean, porque si no la gente se olvida”. Y encantado de la vida, si he cantado allí desde el año ‘69. Yo, la primera vez que canté fuera de mi país, fue en Viña del Mar. Por eso me acuerdo tanto del Hotel O’Higgins. Me paraba en la puerta y veía entrar a Leonardo Favio, que era ídolo, y a Sandro. Y yo tenía una envidia, decía, “coño, quién fuera Leonardo Favio”.

- Aparte del valor simbólico tiene un valor real ir a verte a Viña. Son de las entradas más caras que recordamos en Chile. Las más altas son de 330 dólares.
- ¿Cuánto vale?

- 330 dólares.
- Y eso qué, es carísimo, ¿no?

- Es un récord, yo creo.
- Tú sabes, te voy a contar un chiste y te va a hacer mucha gracia. Un amigo le dice a otro... a lo mejor lo conoces, ¿eh? Le dice “tengo una novia, una novia que tiene unas piernas... Y bueno, no veas tú el c... que tiene, uno que es la muerte”. “Sigue, sigue”. “Y el estómago, umm, delgada, una piel...”. “Y de cara, de cara ¿cómo es?”. “Carísima” (risas).

“Entonces no tengo nada de eso pero me he puesto carísimo”, agrega. “De todas maneras sí es caro, pero... coño, ¿tan caro soy? No me lo puedo creer”.

- ¿Te sorprende?
- No sabía, la verdad es que ni me enterao. Me da hasta vergüenza que lo digas. Espero que valga todo eso.

- ¿Y estás seguro de valerlo?
- No, la verdad es que yo no valgo un carajo. La verdad es que si estuviera en Viña no iría a verme - se ríe- . No sé, lo que sí puedes asegurar ahí que yo no gano dinero en los conciertos. Porque no, porque es un movimiento de gentes tan grande, ir, volver, terminar, cuando se mueve tanta gente no es tanto. Es como un boxeador. Si ganas una bolsa de cincuenta millones de dólares tienes pagar al gobierno americano el 52 por ciento o lo que sea, al manager el diez por ciento, al agente el quince por ciento, el pobre boxeador se queda con todas las hostias y después terminan pobres.

- Bueno, espero que no pierdas dinero, entonces.
- Yo quiero que sepan las gentes que no es eso, que no reluce el oro, que voy a Chile con muchísimo cariño... hombre, trescientos dólares, chico, pues es un concierto pa’ pocos. Yo tenía un empresario con el que canté en Punta del Este, hace como treinta años, y me acuerdo que de acera a acera había puesto “Julio Iglesias: concierto para pocos” - se ríe- . Y le dije, “oye, pero m..., ¿cómo pones esto de un concierto para pocos?” Y en el concierto no había nadie. Ojalá ahora esté lleno.

- ¿Fernán es tu nuevo representante?
- En realidad Fernán y yo somos compadres desde hace veinticinco años. Trabajó diez años como mi jefe de prensa.

- Y trabajó con Enrique Iglesias luego, ¿no?
- Trabajó después con Enrique, y para Juanes está haciendo una labor increíble, y ahora nos juntamos. En realidad no trabajamos ni el uno pa’l otro. Somos compadres, ¿no? Muy amigos.

- ¿Y con quién se divierte más? ¿Con Enrique Iglesias o contigo?
- Hombre, yo creo que se debe divertir más con Enrique porque con Enrique hay unas chavalas guapísimas, ¿no? (risas). Pero conmigo se debe divertir por el sentido del humor.

- Pero a juzgar por las últimas declaraciones internacionales de Enrique Iglesias no es tan así, ¿no? Estarás al tanto...
- No sé, ¿por qué? ¿En qué sentido?

- Estuvo hablando del tamaño de sus genitales y eso...
- (pausa) Nah, pero eso es en broma, es en broma - se ríe Julio Iglesias, con relajo- . Se ríe, tú sabes.

- Te consta que es en broma. Porque está dejando mal parada a la familia, supongo...
- No, no te preocupes por eso. Ni te preocupes por ese tema, noo - descarta, y recalca- . Lo pasa muy bien, Enrique, ni te preocupes (risas). Todo lo contrario.

- O sea, éste es un desmentido familiar.
- Desmiento absolutamente eso.

- Bueno, Julio. Gracias.
- Ah, ya. Ya tienes la primera página en “El Mercurio” (más risas).

- Podemos seguir hablando. A propósito de tus viajes...
- Tú no te olvides que estoy hablando contigo en Punta Cana. Ayer estaba en Atlantic City y mañana estoy en Washington. Y la semana que viene estoy en Viña del Mar. O sea, imagínate la vida que llevo de nómada.

- ¿Son las ventajas de moverse en un avión privado?
- Tú sabes que gracias a los chilenos yo no viajo en avión comercial hace veintisiete años ya.

- ¿Gracias a los chilenos?
- Como digo yo, sois los que me inventaron al principio, ¿no? (...) En el avión mío viajan seis o siete personas. Aunque pueden viajar quince o veinte.

- ¿Y es parte de tu familia o gente de tu equipo?
- Es mi equipo. Y mi padre (el doctor Julio Iglesias Puga, de 87 años) quisiera venir porque adora a Chile. Pero tiene a su mujer, como sabes, embarazada...

- Vaya, no sabía.
- Así que voy a tener un hermanito - dice Julio Iglesias y se empieza a reír- . Eso pasa hasta en las mejores familias.

- ¿Y para cuándo está previsto el alumbramiento?
- Para ahora, para dentro de un mes.

- ¿Tu padre? ¿Tu padre?
- Sí, mi padre, mi padre, mi padre, mi padre, como te digo. Mi padre es un gran vitalista. No un gran vividor: un gran vitalista. Y es un hombre con una terrible disciplina. Y entonces si le apetece ser papá y ha podido ser papá y le va y su mujer está feliz, pues qué más quieres.

- Entonces no viene contigo.
- No, se queda con su mujer. Pero lo importante que sepas es que vamos con mucho cariño y vamos a tratar de que sea un concierto histórico.

- ¿Es básicamente lo mismo que estás haciendo en Atlantic City, en todos los lugares?
- No, no, por supuesto tiene mucha más connotación de hispanidad. Es un concierto nuestro, latino, de español. Mañana en Washington o Long Island son conciertos totalmente americanos. Si no me tiran - se ríe- . Si no me echan, flaco. Pero es la misma gente. Treinta personas. ¿Tú dónde vas a estar? ¿Allí?

- Si consigo trescientos dólares yo creo que sí.
- No, no, no, flaco: tú entras gratis. Voy a decir que llamen de mi oficina para que te inviten. Y muchas gracias por llamarme.


Julio Iglesias

Sábado, 21 hrs. Teatro Municipal de Viña del Mar, Plaza Vergara s/n. (32) 681739, (32) 688466. Platea baja $200.000, palco $180.000, platea alta $150.000, balcón $100.000, galería $50.000. Boletos en Ticketmaster: 690 2000.

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