Libro de Gabriel García Márquez fue transformado en ópera

Giorgio Battistelli escribió "El otoño del patriarca", basado en el libro homónimo del escritor colombiano. El estreno de la obra recibió elogiosos comentarios.

07 de Junio de 2004 | 12:04 | DPA
BREMEN, Alemania.- La dictadura del patriarca tiene su caldo de cultivo en un gigante invernadero, en un clima pesado, con calor y humedad, tropical. Allí está el general, en soledad, entre techos de vidrio y sepulturas, asesinando mientras el pueblo lo festeja.

Es el marco en el que el compositor italiano Giorgio Battistelli ambienta la ópera "El otoño del patriarca", basada en la novela homónima del Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, que acaba de estrenar este domingo en el teatro "Musicaltheater" de Bremen.

La reacción del público tras el estreno de la obra que cuenta con libreto de Gotthart Kuppel y cuyos textos son cantados en castellano fue largos aplausos y aprobación.

La puesta en escena es de Rosamund Gilmore, que presenta al patriarca, interpretado por Karsten Kuesters, con muchas caras pero con la constante de que a pesar de haber entrado en años, sigue matando y violando a cuanta mujer encuentra. El déspota sin embargo no soporta ver su rostro en el espejo, como tampoco aguanta la muerte de su madre. Las dudas sobre su existencia lo van carcomiendo paulatinamente.

La ópera muestra con toda crudeza cómo el pueblo idolatra y festeja al dictador. La muerte reina por doquier, los cadáveres y esqueletos de vacas y gallinas son omnipresentes, el tirano asesina incluso a niños, pero el pueblo no da el paso hacia la rebelión, sino que festeja en coro con el puño en alto cuando la concubina (Birgit Eger) y el patriarca se revuelcan en el acto sexual.

En los seis actos de la ópera el patriarca se levanta de su lecho de muerte a semejanza de Jesucristo, mientras hombres y mujeres lo festejan como "el divino que al tercer día resucitó del reino de los muertos".

El pueblo baila en sus vestidos color pastel diseñados por Gilmore. Hay muchas escenas que discurren entre plantaciones de bananos bajo una luz-sol incandescente. El escenario es un cementerio cubierto por un techo de vidrio. El miedo no aparece, no domina la escena, ni siquiera cuando el déspota se deja servir sobre una bandeja de plata a un oficial al que que deja asar y recubre con aderezos y perejil.

Battistelli explica que la imagen del dictador no se reduce a los déspotas de la actualidad, como el iraquí Saddam Hussein. Más importante, para él, es el fenómeno y la relación entre violencia y opresión.

"La televisión nos brinda detalles de dictaduras, nos bombardea con informaciones que se convierten en sedantes, dice el compositor, de 51 años, que con la ópera que acaba de estrenar pretende justamente lo contrario, que al público se le ofrezca una oportunidad para una reflexión profunda.

Battistelli ve al "miedo personal ante la muerte como la mayor fuente de inspiración". Musicalmente se declara un "omnívoro", con acercamiento tanto hacia Mozart como a la música electrónica.

Sin embargo, evita sonidos y acordes demasiado modernos. Sus principales instrumentos son los timbales, el gong, el xilófono, así como todos los instrumentos de viento, mientras que los violines se limitan a formar una alfombra musical.
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