Esto sí es público cautivo 11/6/2004

11 de Junio de 2004 | 00:00 |
Esto sí es público cautivo

Una gira de conciertos por prisiones no sólo sirve para descubrir a un público nuevo. Un gendarme músico, un padre juez, un vecino preso: cualquiera puede tener una historia de cárcel cerca. Como las que reúne el disco “Rock & rejas”.


David Ponce 11/6/2004


En diez segundos más, Martín Erazo y otras siete personas van a quebrantar la ley. Están por entrar al Centro de Cumplimiento Penitenciario de Buin y al lado del grueso portón metálico un cartel prohíbe, entre otros artículos, “el ingreso de: sombreros y gorros, lentes de sol y no ópticos, disfraces, pelucas, postizos, ropa de mujer, calzado con plataforma, cosméticos” e incluso el ítem “mujer con pantalón y vestido a la vez”.

Es exactamente lo que traen Martín Erazo y sus socios. Por kilos, en mochilas, en maletas, en un furgón lleno de sombreros, anteojos, pelucas, vestidos y pinturas. Es el equipaje de La Patogallina Saunmachín, un grupo de hombres y mujeres que no sólo siempre se disfrazan, sino que cada vez se disfrazan de algo distinto. Ahora la acordeonista saldrá con sombrero y bigotes pintados. Esta vez será una fiesta adentro de la cárcel.

Es la mañana del miércoles 20 de agosto pasado en Buin, y está por empezar la gira “Rock & rejas”, un ciclo de conciertos en cárceles metropolitanas. La Patogallina Saunmachín, cuyo nombre es una evidente chilenización de la Miami Sound Machine, es el brazo armado de la compañía teatral La Patogallina. Brazo armado de instrumentos musicales: son la orquesta de la compañía, y actúan por cuenta propia y en montajes del grupo como “El húsar de la muerte”.

No será la única atracción de la tarde. De local jugará el Grupo Libertad, un conjunto recién creado en esta prisión, al alero de los populares Chacareros de Paine, folcloristas de la zona. Entre los Chacareros implicados está el sargento Gonzalo Loyola, quien, como su rango indica, además es gendarme. Son quince reos. De modo que no están en libertad. Pero están en Libertad. Y si las tres bailarinas están nerviosas, según confiesa una de ellas con una sonrisa, eso no es un problema para el sargento Loyola. Es más: es una ventaja.

- Ya les he dicho que el artista tiene que subir con un grado de nerviosismo al escenario. Porque si sube muy relajado se despreocupa - instruye. Poco después, La Patogallina Saunmachín y el Grupo Libertad inauguran la gira en el escenario de tablas del patio. La más joven de las bailarinas está por cumplir su pena y saldrá en unas semanas a la calle. Pero el sargento Loyola no quiere perderla.

- La idea mía es que, aunque se vaya en libertad, que ojalá sea muy pronto, no deje de venir.

- ¿Y ella está de acuerdo?

- Totalmente. Ya lo conversamos.


El pabellón de los que se tiran floreos mentales

En las canas chicas es más fácil, dice uno de los presos de Buin, y es cierto: las cárceles chicas no son como el Centro de Detención Preventiva Santiago Sur, más conocido como la ex Penitenciaría. La Peni. Aquí no hay grupo anfitrión.

- Aquí vienen los duros - se jacta un gendarme en el óvalo de la Peni, dos días más tarde, el 22 de agosto. El óvalo es el patio interior. No es como las cárceles de las películas: es todo eso y aparte es pobre. Es un peladero bajo el sol: hay dos gatos pelados, hay dos árboles pelados y está rodeado de ventanas con rejas y viejos portones de fierro. Hace unos minutos esos fierros han sido abiertos y ha salido una masa de presos al patio, mientras otros quedan hacinados y aferrados a las rejas, golpean los barrotes y gritan.

Aquí van a tocar hoy los Pettinellis. El grupo va camino a la Penitenciaría en un furgón. Álvaro Henríquez, el cantante, estrenará una cueca llamada “Cadena perpetua”, que ha escrito un mes antes. No será su primera vez en una prisión. Hace tres años fue invitado a los talleres para presos del poeta Mauricio Redolés. Y mucho antes, los sábados en la mañana, visitaba la cárcel de Concepción con su padre, el juez Fidel Henríquez. Su primera visita habrá sido a los ocho años, calcula. La prisión quedaba frente a su casa, y Álvaro Henríquez se imaginaba a los presos adentro, los veía sacando la basura. También recuerda haber leído desde chico expedientes y cartas de suicidas. Cartas con el encabezado “Señor juez”.

- Claro - recuerda- , y mi viejo era el juez, pues.

Un disco preferido de Álvaro Henríquez es “Murder ballads” (1995), del cantante australiano Nick Cave y su grupo, The Bad Seeds: un disco de baladas sobre crímenes. Algunas de sus propias canciones hablan de eso, como “Dos en uno” o “Pancho”. Y cuando en 1995 grabó cuecas de Roberto Parra en el disco unplugged de Los Tres, escogió entre ellas “El arrepentío”: la historia de un preso en la víspera de su ejecución. Ahora, en el furgón, los Pettinellis se van poniendo camisa y corbata. En una hora más salen al escenario. “Estamos muy contentos de estar aquí sólo de visita”, saluda el cantante, y mientras el grupo toca “Sexo con amor” o “Ch bah puta la güeá” ven desde el escenario cómo el óvalo se vuelve un caos. Un preso persigue a otro a sablazos. Los evangélicos, reconocibles por una camisa blanca, una corbata y un libro bajo el brazo, se repliegan. Un loco baila en el techo con serio riesgo de caer. Loco no es una forma de decir: cuando luego baja a juntarse con sus compañeros, sus ojos están tan extraviados como su risa. Un gendarme explica.

- Ese es del pabellón de los que se tiran floreos mentales.

Pettinellis tocan ahora la canción nueva. “Se va la cuequita”, dice Henríquez, empieza la introducción del ‘Rock de la Cárcel’, de Elvis Presley, y parten los versos de “Cadena perpetua”. Los primeros tunazos fueron al cuerpo / Le molí con un gancho todos los huesos, dice una estrofa. Todos los huesos sí, quedó sangrando / La corté en pedacitos, salí silbando, otra. El tiempo dirá que es una despedida. Pettinellis se disuelve al año siguiente y ésta es la historia de su última canción.


En la cana no se habla de eso

Durante los últimos trece años, Luis Aguirre ha vivido preso. En 1990 fue condenado a dieciséis años por robo con violencia. Su hija nació en 1993. La engendró en un camaro: camaros son los camastros en los que el reglamento permite a los reos tener relaciones sexuales con sus mujeres. Ahora él está preparándose para salir después de trece años. Y en medio le pasó algo importante: entró al Opus Dei. No al movimiento católico: al grupo de rock Opus Dei, iniciado a comienzos de los ’90 en la cárcel por iniciativa de un sacerdote español, miembro del Opus Dei. No del grupo de rock: del movimiento católico.

Luis Aguirre está en la cárcel de Colina 2 y hojea un cuaderno manuscrito con letras de Franco Simone, de Chayanne y también suyas. Ésta la escribió para su mujer, por ejemplo. Dice: Sobre mis palabras, sobre mi corazón. Sobre lo que he tenido, sobre todo lo que soy, quiero poner tu nombre, quiero llamarte amor. Dice que igual merece una condena. “O sea, lleva tus pantalones bien puestos y asúmelo. Es lo mismo que yo con mi hija. No voy a querer que pase por lo que yo he pasado, entonces la quiero, pero voy a tener que ponerle mano dura”, dice. Y ya le tenía puesto un nombre para cuando naciera. Se iba a llamar Jean Vladimir. Pero un día vino su cuñada a la cárcel, a decirle que sería mujer.

- Tuve que buscarle un nombre. Le pusimos Stéfany. Teresa, Luisa, es muy común. Stéfany es más propio. Es como... “¡Stéfany!” Y fá, ella mira al tiro. En cambio, si entre hartos cabros chicos usted dice “Oye, María”, bah, miran como cuatro. ¿Sí o no?

Esta tarde, en Colina tocará Mauricio Redolés, el poeta y rockero que dirige talleres para presos. Redolés ya tiene experiencia. Pero la ha obtenido por ensayo y error. Sólo tres veces ha preguntado a un preso por qué está preso. La primera vez fue en 1973, cuando él mismo cayó preso por ser militante comunista. Nunca fue buena idea preguntar. Los soplones preguntan, por ejemplo. Cuando hizo su primer taller, Redolés pidió a los presos escribir letras como las del grupo mexicano Los Tigres del Norte, que cantan corridos sobre crímenes y narcos. Y aún recuerda qué le respondieron.

- Me dijeron “En la cana no se habla de la cana” - dice- . Fue una gran lección, en todo caso.

Termina el acto y en diez segundos más Redolés va a respetar la ley.

- Gracias - se despide- . No nos importa por qué están aquí. Nos importa haber venido.


El disco

“Rock & rejas, sonidos desde la cárcel”, grabado entre agosto y septiembre de 2003 en nueve penales capitalinos, es un disco documental con canciones de doce músicos y grupos, libres y presos. Pettinellis incluyen “Cadena perpetua”, su última grabación; junto a Florcita Motuda, Mauricio Redolés & los Ex-Animales Domésticos, La Patogallina Saunmachín, DJ Raff & Solo Di Medina, Sinergia, Guiso, Los Rockers y Guachupé. Más información en www.sonidourbano.cl

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