Emperatriz de la Música Antigua 18/6/2004

18 de Junio de 2004 | 00:00 |
Emperatriz de la Música Antigua

Es dueña de una discografía tan extensa que ni ella la tiene cuantificada, y es una de las cantantes que más ha aportado al conocimiento de nuevos sectores del repertorio. Desde la Edad Media hasta Mahler y Debussy, son muchos los siglos de música que caben en la pequeña y ágil voz de esta soprano inglesa. Canta el próximo viernes 25 de junio en el Teatro Oriente.


Por Juan Antonio Muñoz H. 18/6/2004


Hace ya muchos años, algún incauto se animó a calificar la voz de Emma Kirkby de “infantil” e “inexpresiva”, términos absurdos al constatar hoy los prodigios que consiguió extraer de partituras de Monteverdi, Arne, Dowland o Haendel. Hablamos de una de las técnicas vocales más depuradas y una de las artistas con mayor capacidad para hacer adornos —disminuciones, trilli, cadencias—, a veces a una velocidad imposible de igualar. El material es cristalino, la afinación perfecta y sabe comunicar como pocas el sentido de las palabras y la profundidad de los afectos.

Para constatar todo eso no hay más que escuchar el disco “The essential Emma Kirkby” (Virgin), un verdadero banquete para los sentidos y un baúl de tesoros en el que resplandecen un conmovedor “Lamento della Ninfa”, de Claudio Monteverdi, junto al Consort of Musicke; “Can she excuse my wrongs”, de Dowland, en versión que energiza la obra; y “Dolcissimo uscignolo”, madrigal monteverdiano que es como si hubiera sido pensado para ella, hábil en los sonidos suspendidos y famosa por el vuelo aéreo de su línea. Esto último la hace inolvidable en las evoluciones esotéricas de “Dalle piu alte sfere”, atribuida a Emilio de Cavalieri y a Archilei. Cada cual encontrará algo para su sensibilidad, sea nostálgica o de fiesta, mística o carnal, más renacentista o más barroca.

Después de estar en Chile en 1980, junto al laudista Anthony Rooley, Emma Kirkby (1949) regresa como figura de la temporada de la Fundación Beethoven. El primer programa anunciado era muy distinto y curioso; se basaba en obras de Amy Marcy (Cheney) Beach (1867-1944), de quien Kirkby grabó un compilado de canciones en 2002 (“Chanson d’amour”), junto al Romantic Chamber Group of London, conjunto que la acompañaría en su recital santiaguino. Pero todo cambió a última hora. El nuevo repertorio estará dedicado completamente a John Dowland (1563-1641), músico que siempre ha sido parte de su carrera, y con ella estará otra vez el excelente Rooley, con quien forma desde hace 30 años una de las duplas más célebres en el campo de la Música Antigua.

—Al comienzo de su carrera, Schubert y otros compositores de Lieder tuvieron su espacio. Después vino Monteverdi, Dowland y todo lo que ya conocemos. Pero hace pocos años usted cantó la Cuarta Sinfonía de Mahler... ¿Cómo recuerda esa experiencia? Pienso en su voz en el océano de Mahler. ¿Fue una idea de Roger Norrington?

“Fue una gran experiencia, especialmente en cuando se hizo en el Carnegie Hall, con la magnífica Orquesta de St. Luke’s. Fue un placer sentarse atrás —cerca de los timbales, pero incluso eso fue bello y no muy fuerte—. Habían trabajado con Sir Roger muy cerca en el pasado e hicieron sonidos maravillosos. La soprano canta sólo los últimos 8 minutos de la Cuarta de Mahler, un texto acerca de lo que es estar en el Paraíso. Cuando había escuchado los primeros 45 minutos de música, ya estaba lista para flotar y decir mis palabras. Fue enteramente idea de Sir Roger, no mía; él se dio cuenta de las instrucciones de Mahler: la cantante debe estar acompañada muy discretamente y usar un sonido apropiado para dar esa “noticia de un menor del cielo” (“Child’s news from heaven”). Al parecer funcionó bien, ¡pero eso no significa que tenga planes de ampliar mi repertorio al de las grandes orquestas!”.

—¿Y Debussy? El sentido de sus palabras, la poesía de Verlaine, la misteriosa suavidad de Mélisande. Emma Kirkby podría ser una elección ideal. Usted habla muy bien francés.

“Mojé mis patitas en Debussy el año pasado cantando ‘Chansons de Bilitis’ y una de las ‘Fetes galantes’. El equilibrio con el piano me asombró. Era tan fácil; Debussy usa el instrumento con liviandad exquisita”.

—En un comienzo, su próximo recital en Santiago incluía música de Amy Beach, compositora norteamericana del siglo XX que en Chile es absolutamente desconocida. ¿Cómo llegó usted a su obra?

“Nos conocimos con Amy Beach porque ella escribió algunas piezas para una inusual combinación de soprano, cello y piano, y soprano, violín y piano. Esos trabajos eran tan encantadores que comenzamos a buscar más; con ‘Chanson d’amour’ hemos visto asomarse la punta del iceberg. Ella era una compositora prolífica; tuvo que ser autodidacta porque su estatus social la excluía de estudiar en una escuela de música, pero sus canciones en tres idiomas —compuso en inglés, francés y alemán— representan una maravillosa respuesta al trabajo de figuras como Schumann y Debussy”.


Placer y silencio

— La siguiente no es una pregunta sino una propuesta: Robert Johnson, el laudista de Shakespeare (Emma Kirkby grabó para Virgin un álbum titulado “Shakespeare’s lutenist”).

“¡Gracias! ‘Shakespeare’s lutenist’ es uno de mis favoritos también. Robert Johnson es un escritor (de música) contundente e interesante. En ese disco conté con la presencia de David Thomas, lo que me dio gran placer. Es maravilloso trabajar con él; ingenioso e inventivo sin fin, un colega generoso y con un gran sentido del teatro”.

—Usted estudió a los clásicos antes de ser cantante. ¿La ayudó esto en su aproximación a los textos que luego debió cantar?

“Sí, ha sido de gran ayuda, creo... La literatura clásica fue un trasfondo poderoso para intelectuales y el pensamiento artístico en el Renacimiento; he gozado seleccionando algunas referencias de los clásicos en los textos de las canciones. Con Anthony Rooley finalmente pudimos hacer un CD con este tema: se llama ‘Classical Kirkby’ y salió en BIS el año pasado”.

—Pienso en su voz sobre la palabra “cara”, en claro propósito sensual, en “Freni le belle lagrime” (Abel), con la viola coronando todo con pasión; luego la muerte de Dido (Purcell) en la misma vía con el cello; la palabra “amor” en el Lamento de la Ninfa (Monteverdi) sobrevolando el coro... En suma, los instrumentos y la voz hechos uno solo.

“Es enriquecedor el sonido de los instrumentos antiguos; son de gran ayuda para definir mis respuestas ante los textos que propone la música Barroca y la Renacentista. Pero también es un gran placer hacer un dueto con estos sonidos, arraigarme en sus bases y bailar con sus líneas melódicas”.

—En Música Antigua siempre el silencio es importante. ¿Qué relación tiene usted con el silencio?

“Es uno de los fuertes sobre todo en el laúd, que se mueve con tanta emoción desde y hacia el silencio. No existe espacio más bello en el cual cantar”.


El negocio de la música

—“Cipriano da Rore’s Fifth Book of Madrigals” y “Arie Antiche” (donde Emma, en pose seductora, aparece en la cubierta ofreciendo una manzana de oro): ambos discos fueron para el sello Musica Oscura y ambos actualmente no están disponibles en el mercado. En el primer caso, el álbum contiene música sorprendente y desconocida; el segundo, su “Amarilli” (Caccini), su pura y dramática “The Blessed Virgin’s Expostulation” (Purcell) y su visión para el lamento de muerte de Maria Estuardo (Carissimi)... ¿Qué sucedió con esos discos y con ese magnífico sello?

“Es lamentable que todos estos discos nos fueran —siendo bien francos— robados. En particular a Anthony Rooley, quien ideo y forjó el sello. Su socio en esta empresa realizó un fraude muy común en este negocio: una estratégica bancarrota, reapareciendo luego bajo otro nombre... No sabemos qué va a pasar con nuestros títulos, pero al parecer son vendidos de tiempo en tiempo en Internet. ‘Arie Antiche’ es un caso especial, porque siempre me perteneció enteramente a mí; hay planes para reeditar algunos temas en una antología de piezas italianas bajo el nombre de ‘Grazia’. Estén atentos a ello”.

—¿Cómo siente que ha evolucionado el proceso de la Música Antigua? Me refiero a las nuevas generaciones de cantantes, a la explosión demográfica de grupos instrumentales, al nuevo repertorio que abordan los escenarios de ópera, a la antigua guerra entre diferentes estilos de interpretación...

“El peligro es rebajar la esencia de los recitales históricos; sobre todo en la medida que la ópera comienza a usar nuevos estilos barrocos. Algunos de nuestros mejores cantantes han logrado adaptarse espléndidamente, pero otros no... Hay algunos grupos valientes y con experiencia, por ejemplo la Halle Opera Orchestra, que ha comenzado a acercarse a instrumentos barrocos para sus presentaciones”.

“Existe mucha esperanza en el hecho de que nuestros jóvenes cantantes tienen ahora, en gran medida, la oportunidad de escuchar una gran variedad de estilos en presentaciones en vivo; por cierto, los reconocidos históricamente están en el nivel más alto, pero son pocos. Mi gran preocupación es que si el negocio de la música será capaz de sostenerlos, sobre todo ahora que las compañías disqueras más grandes, que tanto hicieron por mi generación auspiciando algunos de nuestros proyectos más arriesgados, se han retirado y buscan éxitos de taquilla y productos ‘mish mash’. Algunos dicen que la audiencia para música clásica ha crecido, pero eso no es así para repertorios más aventurados”.

—¿Podría recordar usted cuántos discos ha grabado? Imagino que no. Por favor, de ellos, háganos su propia elección. ¿Qué recomienda de Emma Kirkby en discos?

“¿Mi discografía? ¡Ayuda! Realmente no conozco la extensión de mi discografía. Ciertamente, lo más abultado de mis proyectos concientemente han sido eliminados; lo único cierto es que uno nunca sabe cuándo las compañías disqueras producirán un nuevo compilado. No tengo los derechos ni el control sobre la mayoría de este material por lo que no estoy informada cuándo estas cosas llegan al mercado. Tampoco hago dinero con ello, pero tengo la fortuna de que promocionan mi nombre ante el público; especialmente el británico, así me mantengo ocupada haciendo recitales. La música en vivo es, por lejos, lo que más me gusta”.

“Sobre mis favoritos, también es difícil de decir. Lo que se me viene a la cabeza es lo más reciente. Menciono las cantatas de Cataldo Amodei, recientemente lanzado por BIS y —qué placer volver a esta música— canciones de consort por William Byrd, con el encantador Fretwork, que saldrá en Harmonia Mundi USA en los próximos meses. Lo más reciente de todo, cantando Dowland con Anthony Rooley en la iglesia Laenna cerca de Estocolmo. Un lugar maravilloso cerca de un lago silencioso y con acústica de terciopelo. No sabemos cuándo BIS lanzará este disco”.

“Entre los favoritos antiguos nunca olvidaré los madrigales de Wert, gloriosamente conmovedores, y la puesta en escena de los mejores textos de Tasso y otros. También cantando ‘V’adoro, pupille’ (de ‘Giulio Cesare’ de Haendel) en la Iglesia St. Jude, Londres, rodeada por todos los instrumentos detallados por el mismo compositor: las nueve musas, un maravilloso set de colores instrumentales en torno mío y a su vez todos nosotros rodeados de cuerdas silenciosas”.

Links:

Discografía
El catálogo más completo de sus grabaciones que se puede encontrar en internet.

Hyperion Records
El sitio del sello británico alberga información sobre la artista y ejemplos de audio.

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