Actualidad de la música antigua (26/11/1999)

15 de Julio de 2004 | 15:13 |
Daniel Quiroga

26/11/1999

Verdadera antología del dolor femenino por causa del abandono amoroso fue la base del programa “Donna Abbandonata”, expresión musical del período barroco. Personajes y música de la literatura y la ópera de los siglos XVII y XVIII fueron ofrecidos en la Sala América de la Biblioteca Nacional por la soprano Magdalena Amenábar junto a Alma Campbell (clavecín), Daniel Ganum (tiorba), Ricardo Simián (flauta) y la actriz Elvira López.

Fue un espectáculo organizado por el matrimonio Amenábar-Muñoz. El periodista Juan Antonio Muñoz preparó una nota al programa que, cuidadosamente, se completó con su explicación sobre los textos en italiano e inglés, los que la actriz dijo, con ajustada actuación y en su traducción castellana, antes de la ejecución.

De este modo, los quince números del programa incluyeron obras de Monteverdi (1567-1643), Frescobaldi (1583-1643), Purcell (1659-1695), Haendel (1685-1759) y autores menos conocidos, como Bárbara Strozzi (1619-1664) - quien sufrió en experiencia propia la temática del programa- y el curioso texto español usado por Haendel en “Dizente mis ojos”. Personajes frecuentes en las óperas de la época, como Ariadna, Dido, Olimpia, entregaron su dolido mensaje, a veces exaltado y colérico, realizados con recursos compositivos que piden cualidades vocales de exigente técnica y musicalidad. Por ello fue necesario un extenso período de investigación de partituras europeas, detenido su estudio, en coordinación con el acompañamiento instrumental. Tal esfuerzo, en busca de la autenticidad estilística, tuvo un resultado encomiable. La soprano une a su bello timbre la técnica vocal capaz de cumplir los desafíos múltiples de un estilo a veces sobrecargado de dificultades de ejecución. Saltos interválicos, adornos de complicada emisión, afinación a toda prueba en cambios de la armonía, etc. hablan de la riqueza expresiva de una época que hace imprescindible la honestidad interpretativa en sus múltiples desafíos o, de lo contrario, la exaltada expresión se convierte en notas sin verdadero sentido. Magdalena Amenábar fue la intérprete con el manejo vocal y musical requerido, y su coordinación con el grupo instrumental fue en todo momento equilibrada y justa. Al término del programa el aplauso del auditorio pidió más, y fue complacido con el contraste de la alegre y danzante pieza de brindis “Damigella tutta bella”, de V. Callestani, que disipó el clima de ira, pena y abandono.

Un bello obsequio al recuerdo de dos compositores nacionales fallecidos, Federico Heinlein y Juan Amenábar, a quienes los intérpretes dedicaron este notable concierto.

Daniel Quiroga
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