Primer Concierto de la Temporada Internacional de la Sinfónica 10/7/2004

15 de Julio de 2004 | 12:03 |
Primer Concierto de la Temporada Internacional de la Sinfónica

Gilberto Ponce 10/7/2004

Con un triunfo absoluto de la solista en violín Natasha Korsakova, se dio inicio a la Temporada de Invierno de la Sinfónica. El complejo y difícil concierto Nº 1, Op. 77, para violín y orquesta de Dmitri Shostakovich, sirvió para dejar en claro la total excelencia de la joven solista, demostrada en todas sus visitas a nuestro país. Poseedora de una técnica y una afinación absolutas, sus presentaciones se aguardan con expectación por el significativo aporte que resultan.

Los cuatro movimientos de la obra son un verdadero catálogo de dificultades, ritmos con cambios constantes, velocidades casi inauditas, dobles cuerdas, armónicos y, como si esto fuera poco, el solista está obligado a mantener un volumen que sobresalga de una orquesta muy grande, utilizada en todas potencialidades por el autor.

Desde la entrada de los violonchelos en el primer movimiento, quedó en claro en compromiso de la orquesta y de su director David del Pino Klinge, por lograr el mejor de los resultados, pues en todo momento se logró una perfecta amalgama entre la solista y la orquesta.

A lo largo de su interpretación fue posible advertir el evidente gozo de la solista, a quien no le preocupan las dificultades técnicas, que las tiene completamente resueltas, sólo lo está en función de la música y sus resultados.

El Scherzo, de complicaciones rítmicas constantes, fue rematado en forma impecable. La Passacaglia, conmovedoramente poética, alcanzó verdaderas cimas interpretativas, tanto de la solista, como de la orquesta. Antes del movimiento final, viene una cadenza, de una dificultad insólita, en la que se explotan todas las posibilidades del instrumento, y donde es posible recordar otras obras del mismo autor. El Burlesque final, que resume todas las dificultades anteriores con un ritmo electrizante, fue vertido con una perfección digna de una grabación. La enorme y larga ovación retribuyó el excelente trabajo de la solista y la orquesta, que bajo la certera dirección de del Pino, fue fundamental en este logro.

Debemos consignar los aplausos que la orquesta brindó a una solista, que convierte en un evento sus presentaciones, para los que tenemos el privilegio de asistir a ellas.
“Los Planetas”, suite sinfónica Op. 32 para coro femenino y orquesta de Gustav Holst, obra popular gracias a “Marte” portador de la Guerra, uno de sus siete movimientos, que influyó sin duda en compositores de música para el cine, cerró un programa que estaba destinado a convertirse en un gran éxito.

La obra, que no pretende según su autor ninguna descripción objetiva, pues “estas piezas fueron sugeridas por la significación astrológica de los planetas” (Holst), está tan alejada de la astronomía como de las aventuras espaciales. Fue escrita para gran orquesta y, en su estreno en 1919, causó gran impacto. Sin embargo, en la actualidad, algunos de sus movimientos no resultan particularmente atractivos. La versión de del Pino, fue de una gran pulcritud, exagerando tal vez los “fortísimos”, pero buscando nuevos caminos interpretativos en los movimientos tranquilos. La participación del coro (director Hugo Villarroel) está reducida al último número, y contribuye a la atmósfera del mismo, y tal como está sugerido por el autor, cantó desde fuera del escenario. Su actuación fue sutil y sugerente.

Creo que en esta obra, la orquesta es lo más importante y, por alguna razón inexplicable, se la puso en un segundo plano, al colocar un telón sobre el escenario, que impedía a gran parte de los espectadores ver toda la orquesta, sólo para proyectar una serie de imágenes de planetas, galaxias, etc. de gran interés astronómico, pero para nada musical. Sólo sirvieron de distracción, con muchas imágenes prácticamente iguales, y proyectadas desde el escenario hacia el público, con el potente foco hacia los espectadores, provocando una molestia que llevó a algunos, a abandonar la sala antes del final de la obra.

La Sinfónica se basta sólo con la música y estos agregados no aportan en nada. Música e imágenes están bien en un Planetario.
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