Antonio Gades, extracto de fuego y veneno

*Entrevista con Antonio Gades, publicada por El Mercurio el 26 de mayo de 1995, a raíz de sus presentaciones en Chile de ese año.

20 de Julio de 2004 | 15:02 | Juan Antonio Muñoz H, El Mercurio en Internet
*Entrevista con Antonio Gades, publicada por El Mercurio el 26 de mayo de 1995, a raíz de sus presentaciones en Chile de ese año.

Opiniones
Federico García Lorca: ‘‘Poeta’’.

Lola Flores: ‘‘No se la puede catalogar. Ella era un genio. No me atrevo a decir si era una cantaora, una bailaora... Era un monstruo, una fuerza de la naturaleza’’.

Montserrat Caballé: ‘‘La disciplina, la voz, la musicalidad. Y buena persona, que lo es, que la conozco’’.

Joaquín Rodrigo: ‘‘El Concierto de Aranjuez’’.

Paco de Lucía: ‘‘Entrañable como ser humano y genio como artista’’.

Alfredo Kraus: ‘‘Dignidad’’.

La Zarzuela: ‘‘Me encanta’’.

Julio Iglesias: ‘‘No me interesa’’.

Nacho Duato: ‘‘Le conozco poco y no he visto su trabajo, pero me parece que está trabajando mucho y lo está haciendo con dignidad’’.

Fuenteovejuna: ‘‘Pues todos a una’’.
SANTIAGO.-Antonio Esteve Ródenas, más conocido como Antonio Gades (1937), viene a Chile en septiembre. Tiene 59 años y anuncia que será su última gira internacional. "Así lo creo, al menos, y quiero que sea con vosotros. Esperamos daros lo mejor y que juzguéis si es o no bueno", dice.

Lo expresa medio convulsionado por la sangre gitana que le puso la danza en las venas, y con ese decir sencillo de los que comieron en mesa pobre. Pero muy pronto reaparece el fenómeno Gades y el creador impetuoso sale para mostrarse, y el contrapunto se proyecta del tacón al habla, y el bailaor tiene que controlar el arrebato para no derramarse de una vez.

¿De donde lo de Gades? Pues de Cádiz, que así se llamaba antaño esa ciudad, de donde tomaban a las bailarinas para llevarlas a Roma en tiempos del Imperio.

— ¿Comienzo el interrogatorio?

"Comience. Pero así como usted pregunta lo que quiere, yo respondo lo que puedo o quiero. Usted cree en la libertad de expresión, ¿no?".

— Claro, ¿cuándo supo que la danza era lo suyo?

"Lo supe tarde porque yo a la danza llegué por hambre y no porque me gustara. Yo era hijo de un albañil; para nosotros, las universidades estaban cerradas y prácticamente también los colegios. A los 11 empecé a trabajar para ayudar a mi familia. Y, bueno, cogí lo que nos dejaban. Probé a torear, a botones, a fotógrafo, a tipógrafo, probé a todo lo que pude y caí en la danza. Yo soy bailarín por hambre".

— ¿Y le gustó serlo, finalmente?

"Estoy agradecido de mi profesión, pues por ella pude quitar a mis padres de trabajar. Gracias a ella he conocido muchas culturas, a grandes artistas y personalidades. No hablo de figurones sino de gente como poetas; personas que me han enseñado a leer y que me han dicho qué libro tenía que tomar primero para no partir con el último. Además, cómo no voy a estar agradecido si hoy vivo de mi trabajo".

— ¿Cómo define el flamenco?

"Es una filosofía, no un ejercicio. Hay mucha gente que cree que yendo a una academia en Manhattan va salir bailando... Y van a clases dos veces a la semana y luego salen a tomarse un vaso de leche y a comer una hamburguesa con cajú... Para conocer la cultura de los pueblos, hay que vivir con ellos, llorar con ellos. Hay que beber el vino que se bebe".

— ¿Qué es más el flamenco? ¿Sexo, pobreza, vigor, valentía...?

"Es un compendio de todas esas cosas. Un compendio ético y estético. Y también es un placer; si uno no lo siente intensamente, como el fuego, tiene todo perdido. Es un extracto de llama y veneno".

— ¿Está vivo hoy el flamenco?

"Sí que lo está. Hay cierta gente que quiere masacrar esta cultura, pero habemos algunos que no estamos dispuestos a dejarnos masacrar".

La sangre y las bodas

A Gades lo sacó la casualidad de sus labores como tipógrafo del ABC madrileño. "Ve, niño, a inscribirte donde la maestra Palitos", dijo una vecina al joven de 15 años. A los tres meses, Pilar López lo contrató para su compañía, donde estuvo diez años, aprendiendo casi todas las disciplinas del baile español: la jota navarra, el flamenco andaluz, el baile catalán y vasco. En forma paralela, estudió danza clásica.

Al dejar ese grupo, entre 1963 y 1964 fundó lo que más tarde sería el Ballet Antonio Gades. Creó una coreografía para el "Bolero" de Ravel destinada a la Opera de Roma; produjo una versión de "Carmen" para Spoleto, y La Scala lo reclamó para "El amor brujo" y nuevamente "Carmen". Siempre en Roma, en 1974, debutó con "Bodas de sangre", su consagración a nivel mundial y una de sus creaciones más queridas. Pero un año más tarde, tras conocer la condena a muerte de cinco compañías opositoras al régimen franquista, Gades decidió disolver su grupo y retirarse de la danza.

En 1978, tras la muerte de Franco, se le encargó la dirección del Ballet Nacional Español, con el cual Gades se dedicó a la recuperación del folclor de su patria. Tres años después, sin embargo, "por razones de naturaleza política", el Ministro de Cultura revocó su cargo.

Volvió al cine en 1981 y retomó su trabajo con el Ballet Antonio Gades para parar nuevamente en 1991. Tres años más tarde, recién en septiembre de 1994, reunió un nuevo grupo para el que creó "Fuenteovejuna", espectáculo basado en el drama homónimo de Lope de Vega, con el que debutó en diciembre en Génova. A propósito del estreno, "El País" escribió:

"Fuenteovejuna puede llegar a consolidarse como "La mesa verde" (Kurt Jooss, 1932) de la danza española moderna, tanto por su contenido político como por su sentido social. Ambas hablan de crisis globales, de recobrar la escala humana, de denuncia de los poderosos. Fuenteovejuna es una obra que no elude su compromiso, algo rarísimo en los tiempos que corren y dentro de un teatro".

— ¿Por qué en algún momento Antonio Gades dejó de bailar?

"Uno pertenece a la raza y cuando uno es un hombre o procura serlo, porque ésa es la profesión más difícil, hay momentos en que siente que debe apartarse. Son determinadas circunstancias que te hacen recapacitar y uno no puede andar recapacitando por el mundo con una maleta".

— Y eso, entonces, lo hizo terminar con su compañía.

"Yo no quería ser una máquina. Es lo que sucede con las baterías: tenía que cargarme bien. Uno sabe cuando llega el momento de parar y si no lo haces, jodes como las baterías".

— ¿Afectó alguna vez a su creación el entorno político o social en el que se encontraba?

"Yo no soy panfletario, pero indudablemente soy una persona que siente y sufre junto con el resto de la sociedad, como cualquier ser humano normal. Lógicamente, los acontecimientos me han influido. Algunas cosas me enriquecieron; otras me han destrozado, y otras las sobrelleva uno. Todo eso se refleja en el trabajo, pero no soy panfletario. Yo los panfletos los llevo a la calle, a una manifestación, pero no al teatro".

— Pero no por nada su última obra es "Fuenteovejuna".

"Llevo diez años detrás de ella. Me daba mucho miedo hacerla. Era el sentido, la tesis, lo que me gustaba. Le voy a decir la verdad: a mí no me interesa el barroquismo que tiene la obra y todo eso. Lo que me impresiona de verdad es la solidaridad de un pueblo ante la injusticia".

— ¿Está conforme con el desarrollo de España después de Franco...?

"Ese tipo de cosas me gusta hablarlas en vivo y en directo. Cuando esté en Chile, ningún problema. Y no es que me dé miedo".

Alicia y el País de las Maravillas

—Cristina Hoyos dijo que había una Cristina Hoyos antes, durante y después de Antonio Gades. ¿Es así también para usted? ¿Hay un Antonio Gades antes, durante y después de Cristina Hoyos?

"No, en absoluto. Tendrá que recordar que cuando Cristina Hoyos ingresó a la compañía, Antonio Gades ya existía. Ella es una gran bailarina que hizo unos trabajos conmigo, pero la compañía siguió sin ella".

— ¿Cómo fue su colaboración con Carlos Saura? ¿Hubo alguna pelea de gallos? Le pregunto esto pues me imagino que en algún momento usted habrá querido enfatizar un gesto y mostrarlo, y esto último tenía que hacerlo Saura...

"No. Yo me peleo una vez, nada más. Y con Saura fueron tres películas. Fue un muy buen trabajo. Primero vino "Bodas de sangre", que antes fue ballet y luego filme (1981). Con las otras dos, al contrario; "Carmen" (1982) y "El amor brujo" (1986) partieron como películas".

— ¿Volvería a hacer cine?

"Mire, cada vez que he hecho cine ha sido porque esas películas representaban un proyecto entre gente que tenía ideas que correspondían a mi manera de pensar y sentir. Por eso hice filmes como "El último encuentro" y otras que no tenían nada que ver con esto del baile. No he hecho cine pretendiendo emular a los grandes astros de la pantalla".

— Tampoco lo tentó Hollywood...

"Para nada. Nunca me interesó y me lo ofrecieron...".

— ¿De sus trabajos para la danza tiene alguno que sea su favorito?

"No es el favorito, pero es como el hijo que no te ha traicionado: Bodas de sangre".

— ¿Qué significaron en su vida Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba?

"Fueron muy importantes para mí. Yo llevaba ya casi cinco años fuera del baile y ellos me recuperaron. Son grandes amigos. Tuve la suerte de bailar con Alicia una obra que se llamó "Ad libitum" un paso para dos. Luego hice Hilarión en "Giselle" con ella en Estados Unidos... En fin, ellos fueron vitales para mí en un momento determinado".

— Alicia Alonso dice que ella vive por la depuración de lo clásico y que la manera de desarrollar esto es perfeccionándolo, haciéndolo todavía más puro y auténtico; en suma, haciéndolo aún más clásico. ¿Es eso aplicable al flamenco?

"Yo soy como los cangrejos. Cada vez voy más para atrás. Se habla del modernismo y la gente va tirando pa' delante. Pero yo quiero reivindicar la memoria, porque lo que ahora quieren es que la perdamos".

— Entonces está de acuerdo con Alicia.

"Sí, estoy de acuerdo. Yo no entiendo mucho de clásico, pero si ella lo dice es porque lo habrá meditado".

—Le pregunto esto por las tantas derivaciones del flamenco en la actualidad. Usted sabe, hasta tragedias griegas como "Medea" se han hecho en onda flamenca...

"Mire, le voy a decir algo que no lo va a creer. Cuando no trabajo, me dedico a leer y navegar. Ya he visto demasiadas cosas y tengo miedo de que me deformen".

— ¿Qué es lo que más le gusta leer?

"Me leo todo, hasta los pies de imprenta".

— ¿Un autor que lo conmueva especialmente?

"A mí me conmueven los sentimientos. A veces quiero leer "Hojas de hierba", y otras, a Miguel Hernández. Me gustan cientos, según la ocasión. Hay un tiempo para un autor y un tiempo para otro. Lo mismo pasa con la pintura. Hay días para Goya y otros para Mondrian...".

— ¿Algún sueño?

"Yo no tengo sueños. Ni sueños ni religión, que son lo mismo. Lo que tengo en mente desde hace años es un personaje, un entorno y una historia que me gustaría hacer, pero no sé si tendré fuerzas físicas e intelectuales: el Quijote. Lo que pasa es que estoy viejo pa’ bailar y estoy joven pa' hacer el Quijote".

— ¿Se siente un poco Quijote?

"No sé. Me siento más bien un chaval de barrio que ha crecido, que ha envejecido. Nada más".

— ¿Obsesión de turno?

"La mar".

— ¿Algo en especial en ella?

"No sé, el horizonte".

— Como una meta...

"Bueno, la meta es el punto de partida y no el de llegada. Lo que pasa es que ahora se han confundido".
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