“La Cenicienta”: Un espectáculo bien logrado 25/7/2004

30 de Julio de 2004 | 16:18 |
“La Cenicienta”: Un espectáculo bien logrado

Francisco Gutiérrez Domínguez 25/7/2004

En las últimas décadas, la interpretación de las óperas de Gioacchino Rossini ha experimentado un cambio significativo que corresponde a exhaustivas revisiones de las partituras originales, por lo que actualmente, en la mayoría de las ocasiones, son abordadas con especial énfasis en la fidelidad a las indicaciones expresas del autor. Gracias a la labor de Roberto Rizzi - Brignoli, director musical del espectáculo, la reciente producción de “La Cenicienta” en el Teatro Municipal nos permitió presenciar una versión que mantuvo una ejemplar exactitud del verdadero estilo musical con que esta ópera fue creada, tanto en el aspecto vocal como orquestal. La ejecución de la obertura, aunque correcta pero más bien enfática que sutil, no nos hizo presagiar el extremo cuidado estilístico impuesto por Rizzi - Brignoli desde la primera escena hasta el famoso final de la protagonista y que se caracterizó por una vivaz, pero controlada, energía de los tiempos musicales en los complejos conjuntos vocales, una pausada y clara exposición en los temas de mayor lirismo expresivo y una concertación ejemplar y muy equilibrada de las fuerzas vocales e instrumentales.

Por otra parte, la partitura fue presentada en forma completa en los números musicales, incluyendo el aria original de Alidoro (“Ah, del Ciel...), efectuando sólo algunos cortes en los recitativos, lo que no perjudica el equilibrio musical de la obra como sí lo hace el no atenerse a los desarrollos musicales y repeticiones concebidas originalmente por el autor. Por todo lo anterior, la dirección de Rizzi - Brignoli puede calificarse de extraordinaria, imponiendo una seriedad y propiedad en la ejecución de los solistas, coro y orquesta que dio una tónica de gran logro artístico al espectáculo.

En términos generales, el conjunto vocal resultó satisfactorio, en primer lugar porque mostró una rigurosa disciplina musical, tan importante en el logro musical y dramático de los continuos y complejos conjuntos vocales, a la vez que una seguridad ejemplar del estilo interpretativo adecuado. Las diferencias que se produjeron entre los solistas correspondieron al grado de experiencia y a las características vocales de cada uno de ellos. La mezzosoprano Vivica Genaux (Cenicienta) es una artista de sobresalientes cualidades musicales y escénicas, que compensan ampliamente su limitado volumen vocal, aspecto que se hace especialmente evidente en la falta de efectividad sonora de los dos extremos de su registro, cuyo rendimiento, sabiamente, no fuerza en ningún momento para conseguir mayor efectividad. En cambio, el centro de su voz posee un colorido muy especial y atractivo, que ojalá la cantante lograra ampliar al agudo y al grave, ya que además el timbre se caracteriza por una notable agilidad natural que usa en forma muy inteligente en las coloraturas y desarrollos vocales propios de la partitura. En el aspecto teatral, su juventud y su encantadora presencia le permiten un desplazamiento escénico de una finura y sencillez muy apropiadas al personaje, el cual resulta, en líneas generales, de una efectividad cautivante. El tenor John Osborn (Príncipe Ramiro) ha progresado notablemente desde su última actuación en nuestro país (2001) y si su timbre no posee un color muy atractivo, nos sorprendió favorablemente por la seguridad técnica y estilística con que enfrentó un rol que, si no es extenuante, posee momentos muy expuestos como el aria del segundo acto, en la que algunos sobreagudos fueron conseguidos usando una emisión no especialmente grata. Escénicamente su aporte resultó liviano y efectivo. Pietro Spagnoli (Dandini) y Kevin Glavin (Don Magnífico) compartieron homogeneidad vocal, preparación técnica adecuada y contribuyeron con solidez estilística y sonora al éxito interpretativo de los conjuntos vocales, además de interpretar en forma muy sobria y ajustada su cómico e importante dúo del segundo acto. Spagnoli también ha progresado significativamente desde que estuvo entre nosotros y Glavin sorprende por su genuina adopción de un difícil estilo que, nos parece, no es propio a su formación artística.

Completaron el elenco, Luca Pisaroni (Alidoro), un correcto bajo de gran seriedad musical y escénica; Patricia Cifuentes y Miriam Caparotta (las hermanastras Clorinda y Tisbe), de efectiva seguridad musical, aunque la primera carece todavía del volumen necesario y la segunda encuentra en Rossini uno de sus autores más apropiados.

La novedosa escenografía de Germán Droghetti resultó de amplio espacio y apropiada para la agilidad necesaria a los cambios de ambiente. Su traslado de época, aunque con detalles discutibles, se reflejó especialmente en un llamativo vestuario, y no perjudicó el mensaje dramático esencial de la obra. La iluminación de Ramón López fue apropiada y la régie de Matías Cambiasso, aunque también con detalles cuestionables, fue de clara efectividad para resaltar las características musicales y teatrales de la ópera. El Coro, dirigido por Jorge Klastornick, y la Orquesta Filarmónica se desempeñaron con la acostumbrada seguridad, siendo un gran aporte al satisfactorio logro general del espectáculo.
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