Música Barroca Americana, Misiones Jesuitas De Chiquitos 5/8/2004

06 de Agosto de 2004 | 19:52 |
Música Barroca Americana, Misiones Jesuitas De Chiquitos

Gilberto Ponce 5/8/2004

Uno de los fenómenos más interesantes que se han producido en el ámbito de la música, es aquél referido a los trabajos musicológicos que se están realizando en América Latina, para llegar a revivir la música barroca americana.

En la senda de Stevenson, encontramos al destacado musicólogo chileno Samuel Claro, quien entregó una de las primeras y más interesantes antologías con música colonial americana, que aún es referencia en cualquier repertorio o investigación. Posteriormente y por el estímulo provocado por ese trabajo, una gran cantidad de directores y conjuntos se interesaron en incursionar en un mundo musical nuevo y desafiante, que resultaba incomparable con cualquier referente conocido. En este campo cualquier comparación con la música barroca europea por ejemplo, no tiene sentido.

La música producida en estas tierras tiene indudable influencia europea, donde en ocasiones se produce un sincretismo con las formas musicales propias del nuevo mundo, son pocos los músicos conocidos y muchos los anónimos, en una vertiente artística que nos lleva a nuestras raíces.

Fueron los jesuitas los responsables de gran parte de la génesis de la música en América, y un fenómeno interesantísimo se produjo en las Misiones Jesuitas del Paraguay y Bolivia, esto sin olvidar su trabajo en Chile, en particular en Chiloé y en el centro del país.

Desde Bolivia llegó de visita a nuestro país, y respondiendo a una invitación de la Universidad Católica, la Orquesta y Coro de Urubichá, de la región de la Chiquitanía, en Santa Cruz de la Sierra, bajo la dirección de Rubén Darío Suárez. El músico explicó que una de las razones del enorme movimiento musical de esa zona, que se viene produciendo desde siempre: “ Para los guaraníes, la música lleva al abuelo, o sea al Paraíso”, por lo que los evangelizadores religiosos y musicales, encontraron un camino abonado.

Su presentación en Centro de Extensión de la Universidad Católica, se enmarcó en los actos de celebración del Día Patrio de Bolivia.

El programa se basó preferentemente, en música de Doménico Zipoli, italiano de fructífera labor en América, varias obras de autores anónimos y algunas atribuidas al padre jesuita, G. Schmidt. El conjunto está formado por seis músicos de cuerda además de oboe y fagot. El coro por siete sopranos, seis contraltos además de tres tenores y tres bajos, que en general doblan a los tenores, en razón que la mayoría de las obras está escrita para tres voces.

Se trata de un coro de voces que se pueden catalogar de blancas. La cuestión de los timbres, parece no ser mayormente importante, con una afinación muy notable, con fraseos y contrastes dinámicos, que denotan un largo y acucioso estudio, pero tal vez, lo más importante sea la tremenda musicalidad que poseen. En el caso de los instrumentistas, tienen las mismas cualidades, aunque en las cuerdas ocurren ciertos momentos de afinación no perfecta, pero siempre con buenas articulaciones y fraseos.

Esto podría ser una crítica formal a cualquier conjunto que goza de todas las comodidades para su estudio, pero cuando nos enteramos, que provienen de un pequeño pueblo, donde no existe luz eléctrica ni agua potable, donde los niños juegan con instrumentos musicales, fabricados por artesanos del lugar, en un ambiente de pobreza, sólo nos provoca admiración ante la inmensa labor que están desarrollando estos músicos que son los encargados de este coro y orquesta.

Las obras tienen diferente interés musical, algunas más notables que otras, la mayoría de las presentadas, cantadas en latín, otras en algunas de las lenguas que se hablan en esa región. La mayoría con contenido religioso y algunas incorporando ritmos o melodías propias de los indígenas. En ciertas obras se percibe una lejana pero clara influencia de Vivaldi, como en el “Himno al Espíritu Santo” de Zipoli, o a Haendel en la “Alabanza al Santísimo Sacramento”, que nos recuerda su salmo “Dixit Dominus”.

Sin duda, una visita muy interesante que nos hace mirar hacia uno de los fenómenos más atractivos de la música.

El director Rubén Darío Suárez contó una leyenda que dice que los músicos, al morir y viajar al otro mundo, deben hacerlo con su instrumento en sus espaldas y sobre un cocodrilo. Éste sería el que evaluaría sus actos en la tierra, si estos fueron buenos, irían al Paraíso. No nos cabe duda que estos músicos llegarán al Paraíso.
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