Misa en Si Menor de Bach 23/8/2004

30 de Agosto de 2004 | 15:55 |
Misa en Si Menor de Bach

Gilberto Ponce 23/8/2004

Un justificado interés es el que provoca el anuncio de la interpretación de la Misa en Si Menor de Johann Sebastian Bach, uno de los íconos musicales de todos los tiempos, y una de las obras más monumentales que jamás se hayan escrito. Su carácter unitario es tan grande, que no refleja para nada el hecho de haber sido escrita en diferentes momentos de la vida de Bach.

La Misa es fiel reflejo del pensamiento religioso de su autor, donde fue capaz de pasar por encima de las diferencias religiosas que aún desgarraban vastas regiones de Europa, mostrando un cristianismo que superaba la visión Católica o la Protestante, en una especie de adelanto de un Ecumenismo que aparecerá muy posteriormente.

Por consiguiente esta es una obra de Fe, donde ésta se canta desde la primera hasta la última nota, aun más, da cuenta de una fe fuerte, honesta, sin alambicadas explicaciones, que además está signada por el “Soli Deo Gloria” (Solo a la Gloria de Dios) que Bach acostumbraba a colocar al final de sus obras religiosas.

Descontando la genial orquestación, con sus múltiples timbres y colores, en ella la voz es de primordial importancia. Se requiere de un coro muy experimentado y de solistas solventes, pero sin duda lo más importante, contar con un director que sepa darle la dimensión unitaria, dentro del contexto religioso, marcando la progresión dramática del todo y de las partes en particular.

La versión que comentamos se ofreció en la Temporada de la Fundación Beethoven, en el teatro Oriente, teniendo como intérpretes a la Orquesta de Cámara de Chile, el Coro de Cámara de la Universidad Católica, que dirige Mauricio Cortés y como solistas a María José Brañez y Carolina García, sopranos; Pilar Díaz, contralto; Rodrigo del Pozo, tenor; y Patricio Sabaté como barítono; todos bajo las órdenes de Juan Pablo Izquierdo, el destacado director chileno residente en EE.UU.

Difícil es decir cuando terminarán las discusiones en torno a como interpretar a Bach. Los directores se encuentran desde los minimalistas que suponen, que debido a las dificultades en que se debatía Bach, éste sólo podía ejecutar sus obras con los mínimos indispensables, llegándose al extremo de interpretar la Misa, con solo un cuarteto de solistas vocales, hasta los que suponen, cual habría sido el deseo de Bach en cuanto a los medios para su interpretación. Tenemos versiones para todos los gustos, rápidas, lentas, con grandes coros, etc. pero independientemente del concepto que se tenga, hay cuestiones básicas que se deben tener en cuenta: el texto y su significado, y lo que está implícito en la partitura.

Sobre esta versión creemos que Juan Pablo Izquierdo está en una etapa en la que se puede permitir búsquedas, aunque consideremos que el excesivo manierismo de su interpretación la convierte en algo aséptico, donde el sentido religioso, parece no tener importancia, sobre valorándose el fenómeno sonoro en sí mismo.

No dudamos del efecto que provocan ciertas articulaciones o arcos, incluso ciertos fraseos que a veces parecen ser efectismos sonoros, y no como parte de la obra integral.

Los tempi en muchos momentos conspiraron en contra del desarrollo musical de algunos solistas y en otros momentos del coro. La división del Coro en uno más pequeño dentro del grande, no surtió mayor efecto, pues estos cantaron con un volumen igual al tutti, variando solo el peso sonoro y perdiéndose en momentos el sentido dramático de algunas partes, “Credo”, “Et incarnatus est” y “Crucifixus”, por ejemplo.

No dudamos que la versión de Izquierdo, es fruto de un profundo estudio personal, y que todos los logros o deficiencias responden a ese estudio, pues a lo largo del concierto su sello fue claro. Puede que tenga la razón, pero a pesar del enorme respeto que nos merece el director, nos permitimos discrepar en ciertos puntos.

Sus aciertos: aquellos momentos en que el conjunto se vio cantando con soltura y buscando expresión, como el segundo Kyrie, la primera sección del Gloria, el Et resurrexit, el final del Confiteor, el Pleni sunt coeli et terra y el Dona nobis pacem.

El coro: sin duda realizó un trabajo importante durante la preparación, por la seguridad mostrada en la presentación (director Mauricio Cortés). Las sopranos primeras, no obstante sonaron con voces demasiado blancas en ciertos momentos y hacia el final, seguramente por cansancio su afinación no fue clara. Las contraltos cantaron con bello timbre, aunque el volumen no fue suficiente cuando eran grupo pequeño y debían competir con el doble de sopranos, tenores con sólidas voces, aunque confusos en ciertos pasajes de semicorcheas, los bajos bastante solventes y bien timbrados.

Solistas: María José Brañez con bonita voz, con volumen no grande, y con momentos de afinación poco clara, tuvo un buen desempeño en los dúos “Domine Deus” y “Et in unum”. Carolina García, hermosa voz, muy afinada destacando su “Laudamus te”.

Pilar Díaz, la más favorecida por los tempi y el carácter que el director imprimió a sus dos arias, que cantó con su hermosa voz, muy expresivamente, con afinación y seguridad impecables. Su “Agnus Dei” fue emocionante, uno de los puntos altos del concierto. No fue la noche para apreciar las bondades de Rodrigo del Pozo. Se le escuchó con voz insegura y con un lamentable accidente al inicio del Credo, originalmente para coro y ahora cantado por los solistas. En los dúos se le vio mejor. Las dos arias de Patricio Sabaté fueron cantadas con la seguridad que le es característica, con hermoso timbre y salvando la velocidad con que tuvo que lidiar en “Et in Spiritum Sanctum”.

La Orquesta: Buen rendimiento en general, las cuerdas con hermoso y afinado sonido, excelente el solo del concertino en el “Laudamus te”, las maderas sin destacarse mayormente, salvo en el aria de contralto “Qui sedes” del oboe o en el dúo flauta y violín de “Domine Deus”. Alejandro Reyes aportó su seguridad en el continuo del órgano. Los bronces no tuvieron una buena noche: demasiados quiebres sonoros que ensuciaron el resultado general.

A pesar de las consideraciones expuestas, es destacable la programación de estas grandes obras, donde quedó en claro el buen trabajo realizado por cada uno de los participantes, en una versión que respondió a la visión de un gran director que es Juan Pablo Izquierdo, con quien podremos no estar de acuerdo en el enfoque, pero nunca dudando de la seriedad de su trabajo.
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