Ésta sí que es cueca lola 17/9/2004

17 de Septiembre de 2004 | 00:00 |
Ésta sí que es cueca lola

Su maestro es un patriarca y la descendencia es una fiesta de músicos jóvenes: ésta es la nueva generación de cuequeros urbanos de Chile. La cueca brava no muere.


Los Trukeros.
David Ponce 17/9/2004

Habrá fondas, ramadas, fiestas chilenas en parques y estadios, pero la cátedra cuequera de esta temporada ya tiene sede única. En La Yein Fonda, junto al elenco de Álvaro Henríquez y al lado de Los Bunkers, María Esther Zamora o Pepe Fuentes, va a reaparecer este año la eminencia de la cueca brava: don Hernán Núñez, Nano para sus amigos y discípulos.

Nano Núñez tiene 90 años y es historia pura. Cantante, compositor y fundador del legendario cuarteto Los Chileneros, en los años 60 empezó a grabar una música desconocida para la gran audiencia habituada al folclor campesino: la cueca urbana, o cueca brava, o chilena. Hoy, en su casa del mismo barrio de Pila del Ganso donde nació, Núñez recibe a una oleada de músicos jóvenes que van a mostrarle cuecas nuevas y lo invitan a tocar. Don Nano no sólo es un veterano. También es una escuela.

Esa generación ya está desplegada. Los Santiaguinos, Los Tricolores, Las Torcazas, Las Capitalinas, Los Porfiados de la Cueca o Los Trukeros han actuado entre los últimos tres y seis años, ya tienen discos y son una renovación cuequera, como explican Luis Castillo y Sebastián Vega, de Los Tricolores. "Los mismos antiguos dicen que por mucho tiempo desgraciadamente las cuecas eran siempre lo mismo. Todavía pasa igual: para septiembre ponen "La consentida", "Adiós, Santiago querido", "Chicha de Curacaví", "El guatón Loyola"".

Un puñado de músicos mantuvo viva la cueca urbana en las últimas décadas. En los 60 fueron Los Chileneros. En los 70, Los Paleteados del Puerto, veteranos porteños aún saludables y activos. Hacia fines de los 70, Los Afuerinos. En los 80, Los Pulentos de la Cueca, Héctor Gitano Pavez y el grupo Altamar. En 1996, Los Tres dieron el golpe a la cátedra al popularizar las cuecas choras de Roberto Parra. Y en el mismo año empezó a tocar el primer grupo de la nueva escuela: Los Santiaguinos.


El impacto chilenero

Cristián Cáceres, cantante y guitarrista Santiaguino, recuerda cómo conoció esta música. "En mi casa había un disco de antología de cien cuecas, y había tres que eran las únicas que no me aburrían", explica. Eran cuecas de Los Chileneros. Luego él conoció la cueca en persona cuando el mencionado Héctor Pavez le presentó a Los Chileneros en 1996. "Ahí casi me caí", recuerda.

Luis Osses, guitarrista de Los Porfiados de la Cueca, vio a Los Chileneros por primera vez en la Fiesta de la Cultura del 2000, una tarde que cambió su vida. "Me llamaba la atención porque yo soy del sur, de Cabrero, y escuchaba la pura cueca centrina. Pero la única que no me aburría era la cueca urbana", coincide.

Igual que él, Luis Castillo, de Los Tricolores, es del sur. Del pueblo de Yungay, "al lado de Chillán", precisa. Pero tampoco le gustaba la cueca campesina. "Todo partió con la admiración por el estilo chilenero, la cueca urbana, pero pensando en que estaban muertos, porque no teníamos idea de qué año sería eso. Después nos encontramos con la sorpresa de que estaban vivos".

Para todos ellos, conocer esta cueca fue entrar al tiro al ruedo. Cristián Cáceres apareció junto al patriarca en el documental "La cueca brava", de Mario Rojas, y dos Santiaguinos escoltaron a Los Chileneros en la segunda Yein Fonda. Nano Núñez tocó con Los Tricolores y acaba de escribir varias cuecas para el recién lanzado segundo disco de Las Capitalinas, cuyas edades fluctúan entre los 15 y 24 años. Y todos estos grupos tienen una opinión que recordar del veterano cuequero. Es natural: al revés de la cueca centrina, la cueca urbana es más rica en melodía y armonía, cuenta historias de barrio bravo y suele ser tocada con piano, criada en casas de huifa de Santiago antiguo. En vez de poncho y espuelas, es con traje y corbata. En vez del arroyito de mi tierra, habla del piano de la Carlina. No hay dónde perderse.


Del mismo jarro de pipeño

El cantante de Los Porfiados de la Cueca, Marcelo Fido Campos, tiene una escuela aún más directa. Hijo del eminente guitarrista folclórico Humberto Campos, se crió en una casa a la que todos los patriarcas chileneros iban de visita. Él no vio tocar a Nano Núñez en fondas, dice. "No, yo lo veía en asados en la casa".

Fido no toca guitarra: canta con voz chinganera en un grupo que busca innovar la cueca. Los Porfiados fueron primero una banda de rock. "Pero si haces rock, hay cien mil bandas más. En cambio, tomó forma la cueca y nos empezó a comer el tiempo", explica el baterista Marcelo Negro Muñoz, cuyo grupo canta cuecas con títulos como "La geisha" o "El noticiero", con una letra que cambia según la actualidad. "La cueca siempre ha sido contingente y nosotros mantenemos esa tradición, pero actualizamos la parte musical".

Las Torcazas coinciden. Ellas son capaces de tocar la inolvidable cueca "Mándame a quitar la vida", de Segundo Zamora, pero también de renovarla en un bonito arreglo de tres voces y a capella. "Soy joven y no canto vestida de china, porque mi vida, mi mundo es la actualidad, las vivencias del amor, del desamor", dice la guitarrista Joyce Valle, de 24 años, compositora del quinteto. "Si tocamos canciones de Santiago, del puerto, y con batería y bajo, ponerse un vestido de china no tiene nada que ver. Somos cuequeras urbanas", coincide Pilar Ramírez, guitarrista de Las Capitalinas, sambernardinas igual que Las Torcazas.

Y Los Trukeros son de la misma línea, iniciados en la música de teatro. "No conocíamos bien el canto de la cueca urbana. Al comienzo, nos pegábamos los trucos, no más", dice el cantante y guitarrista Rodrigo Miranda, en alusión al nombre. "Ahora seguimos haciéndolo, pero ya con más información y con la base de la cueca brava". El grupo mezcla coreografías, actuación, un chinchinero que recita décimas y composiciones más largas y ambiciosas, aunque cantadas con sabor criollo, como "Veleidosa" o "Quinto patio": ése es un tributo a la picada feriana del mismo nombre, tras las cocinerías de Recoleta, en calle Artesanos.

"Las dos salieron del Quinto Patio", sonríe Max Cárcamo, el bajista. "Del mismo jarro de pipeño".


Soy tramoya y soy cartero

Si los cuequeros bravos de antes eran canillitas, matarifes, cargadores, carretoneros o boxeadores, los nuevos también tienen sus oficios. Muchos son profesores o hacen clases de música, pero Gerardo Hoffmann, el cantante Santiaguino, es cartero. Dos de Los Porfiados trabajan en el sindicato del Colegio de Profesores. Uno de Los Tricolores es empleado del Servicio de Salud, y otros dos son tramoyas de Canal 13.

De modo que, entre otras cosas, no tienen mucho tiempo para ensayar. "No es de irresponsables. Es que no podemos juntarnos, así que las cuecas las vamos fogueando cuando tocamos", dice Luis Castillo, cantante Tricolor. Y no es un detalle: Los Tricolores no tienen tiempo para engalanar la cueca con nuevos arreglos ni floreos. Puristas, su guía es la vieja escuela.

"Respetamos lo que se haga. Hay que innovar la cueca, pero manteniendo la raíz. Empezó a resurgir la cueca brava pura, que es lo que estamos tocando ahora", dicen. Y Los Santiaguinos coinciden, tras iniciarse con nuevas armonías y melodías aplicadas a la cueca. "Si algo vuelve a nacer, no nace igual. Pero quisimos acercarnos más a la cueca brava y dejar el artificio", explica el bajista Athol Gemmel. "Siempre ha sido un referente obligado el ejemplo de los viejos, de cómo tañar la cueca, cómo cantarla. Pero llegar a la calidad de las canciones de ellos nunca va a pasar porque son inigualables", agrega el guitarrista Cristián Cáceres.

Innovadores o puristas, hay tradiciones que se mantienen. A veces, estos grupos se juntan a cantar cuecas en rueda, como antaño. Y en fiestas armadas en peñas, gimnasios o fondas, cuando llegan los bailarines con terno, corbata y pañuelo y la cueca no sólo se arma en el escenario sino que prende en la pista, estos nuevos chileneros parecen un pedazo de la historia viva, y entonces es posible sentirlo: así deben de haber sido las chinganas de avenida Ecuador donde se educó en la cueca don Nano Núñez.

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