Chemical Brothers: El tecno como puente

Los dos ingleses estructuraron un espectáculo en el que hubo que mantener los ojos bien abiertos (cinco pantallas, tres de ellas, gigantes) y los oídos bien atentos ante la música del mejor proyecto electrónico de Manchester.

25 de Octubre de 2004 | 09:59 | Por Marisol García C.
ESTADIO SAN CARLOS DE APOQUINDO.- Lo han dicho en entrevistas y lo explica su nacionalidad: los dos músicos que dan vida y forma a The Chemical Brothers son jóvenes criados por la tradición rockera; que en Inglaterra se interioriza casi sin conciencia, como en nosotros la leche Nido. Su camino juvenil y adulto definió ciertamente su llegada a la electrónica, pero el rock es una fuente innegable en el trabajo de los autores de "Block rockin’ beats" y una explicación poderosa para el alcance masivo de su trabajo.

Uno ya lo sospechaba al puro escuchar sus discos, preocupados siempre de incorporar voces reconocibles por los auditores de radio (Noel Gallagher; Bernard Sumner, de New Order) y de suplantar el estribillo de la canción con breves líneas melódicas que a uno le permiten corear algunas de sus composiciones. Se vio el domingo en el estadio precordillerano. De repente, surgían actitudes impensables en un concierto con pretensiones de gran rave: la gente seguía algunos temas con palmas, y saltaba de alegría al reconocer las primeras notas de sus temas favoritos ("Hey boy, hey girl", "Music: response", "Block rockin’ beats"; actúan en el grupo a modo de "grandes éxitos"). Porque todos nosotros, incluso los dos ingleses sobre el escenario, estamos educados según los códigos de la canción popular que ante los Chemical Brothers no hay por qué dejar de lado. Qué prueba más elocuente que el que el grupo haya salido de camarines al son del primer verso de "Tomorrow never knows", una de las canciones que The Beatles incluyó en el disco Revolver.

De ahí en adelante, Chemical Brothers estructura un espectáculo ante el que es mejor mantener los ojos bien abiertos: cinco pantallas (tres de ellas, gigantes) despliegan un hermoso trabajo visual, con videos de figuras diversas en blanco y negro (ancianos con bastón, mariposas, bloques de departamentos) y colores muy sobrios para primeros planos de personajes inquietantes. Es eso o el disparo de un láser verde de largo alcance.

El dúo se adapta bien a las exigencias de un espectáculo en vivo, y comprende que en un estadio de Sudamérica a medio llenar, al cual a la gente se la ha convocado a una hora insólita (¿domingo a las 22:30 horas? ¿Y por qué no durante la tarde?), es mejor mantener la atención bien en alto, pues no bastará con el puro baile. Las comprendieran o no la masa juvenil que no paraba de hablar por celular, las citas del show a la sicodelia actúan a la manera de un puente entre aquella tradición hippie que sustentó parte importante de la cultura rave en sus inicios, y el vistazo al futuro que The Chemical Brothers permite esta noche con sus máquinas de alta tecnología y su despliegue de estética de Primer Mundo. No hay presente sin pasado, dicen. En el tecno vital y abarcador del mejor proyecto electrónico de Manchester, el futuro de la música parece un fenómeno profundamente respetuoso de sus antepasados.
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