Benditos por Morrissey 4/11/2004

05 de Noviembre de 2004 | 13:14 |
Benditos por Morrissey

Jueves 4 de noviembre
Estadio San Carlos de Apoquindo


Marisol García C. 4/11/2004

En su última gira por Sudamérica, los Rolling Stones comenzaban su show con "Satisfaction", un golpe directo al mentón, del cual uno no volvía a recuperarse hasta el final del concierto. Morrissey no ha compuesto aún, gracias a Dios, una canción de tales características "institucionales", pero la profundidad de
su entrañable repertorio trueca en impacto emocional lo que en las grandes bandas de rock "clásico" suele medirse en efectos culturales. Con los años, el británico se muestra cada vez más dispuesto a jactarse con alardes de ese fondo de reserva acumulado en más de dos décadas de carrera, consciente de que pocos cantautores atesoran como él una discografía de la que miles aseguran haber recibido beneficios hasta terapéuticos, elevándolo —con todo derecho— a un estatus de culto en extremo inusual, y del cual Chile es un soporte no pequeño.

Uno de los "Satisfaction" de Morrissey se llama "How soon is now?", una canción grabada junto a los Smiths en 1984, y cuya interpretación, al inicio de su segundo show en Santiago, sorprendió a los miles que llegaron hasta la precordillera para presenciar un espectáculo que estuvo muy por sobre las expectativas. Morrissey ya no tiene conflictos con las canciones de su ex banda, y anoche recordó seis de las composiciones que hizo hace dos décadas junto a Johnny Marr. Escogió no las más obvias, sino las más caras a los fans, incluyendo dos joyas del disco The queen is dead ("Bigmouth strikes again" y la inmensa "There is a light that never goes out"), la obra más aclamada del cuarteto. ¿Sentirá el cantante del mismo modo que en su adolescencia versos como "soy hijo y heredero de una timidez criminalmente vulgar" o "morir a tu lado es una manera celestial de morir"?

Los años y el éxito han cambiado el cuerpo y la disposición de Morrissey, no hay duda, pero es innegable que el fondo de reflexión y valiente individualismo que le permitió escribir versos únicos con menos de 21 años sigue ahí, aunque sea como el espejo en el cual se mira para reconocerse y volver a inspirarse. Morrissey es profundamente respetuoso de ese pasado; ese pasado atacado mil veces por reducciones ridículas (que es gay, que es depresivo, que es un misántropo), que olvidan que las principales características de su música son luminosas. Al final, no hay otra cosa en sus discos que una confianza ciega en la canción pop (nada más) como vehículo de transmisión sentimental, y a ella la trata con una sensibilidad de gran artista, guiado mucho más por el humor que por la tristeza (y ahí está el cómico traje de sacerdote con el que cantó durante todo el show) y por el romanticismo que el hastío. Es cierto que no hay en su repertorio canciones convencionales de amor, pero... ¿quién quiere una canción convencional de amor más, por favor, teniendo al otro lado de la ciudad a Álex Ubago para esos efectos, y pudiendo uno reconocerse mucho mejor en la obsesión de "The more you ignore me, the closer I get", los cambios dolorosos que llevan a la plenitud ("Now my heart is full"), el despertar solitario, día tras día ("Last night I dreamt that somebody loved me"); o esas ganas urgentes de tener la playa para uno solo, cuando se siente que el infierno son los otros en vacaciones ("Everyday is like Sunday")?

Sabiéndose dueño de la situación, frente a una audiencia que coreaba incluso las canciones menos difundidas de su último disco (You are the quarry, del cual citó cuatro títulos), el nativo de Manchester compartió su esperable "horror por los resultados electorales en los Estados Divididos de América" y cualquier cosa que se le vino a la cabeza, casi siempre relativas al vínculo íntimo que lo unía con esa masa lejana de hombres y mujeres que no han vuelto a ser los mismos luego de conocer sus canciones, y que la noche del jueves estaban ahí para agradecérselo. En comparación con su visita anterior, Morrissey es hoy un artista mucho más seguro; orgulloso de un muy buen nuevo disco, de dos singles recientes de éxito asegurado (todos a saltar con "Irish blood, English heart" y "The first of the gang to die"), y que, pese a ello, adivina un fin trágico en el corto plazo, pues por algo terminó la primera parte del show con la lastimera "You know I couldn´t last". Pero ese fin viene prediciéndolo desde el primer disco de los Smiths, y uno ya ha aprendido a leer su pesimismo como sarcasmo. Porque aún no pasa nada que indique que su decadencia esté cerca. Sea por sus méritos, sea por falta de alternativas, sea por pura lealtad de los fans; Morrissey sigue siendo tan necesario como recordar de vez en cuando que ni a la más absoluta soledad uno debe tomársela demasiado en serio.
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