Festival Italiano 13/11/2004

15 de Noviembre de 2004 | 13:36 |
Festival Italiano

Gilberto Ponce 13/11/2004

Ahora en un concierto de abono tuvimos la oportunidad de escuchar a José Luis Domínguez frente a la Orquesta Filarmónica del Teatro Municipal. El programa, sobre la base de compositores italianos, fue la oportunidad de Domínguez para demostrar su versatilidad con obras de cámara y otras propiamente sinfónicas.

El rendimiento de la orquesta fue bastante bueno solo con pequeños desajustes que no desmerecieron el total de la presentación.

Del adolescente Rossini se escuchó primeramente su tercera Sonata para cuerdas en Do mayor, obra que podrá ser temprana, no obstante ya presenta el sello inconfundible de su autor. En este caso utiliza dos grupos de violines otro pequeño de violonchelos y contrabajos, otorgándole a cada grupo frases de carácter solístico, en diálogos e imitaciones que requieren de un cierto virtuosismo además de humor. La versión fue certera en estilo, aunque le faltó más virtuosismo en los violines segundos en las secciones rápidas, violonchelos y contrabajos jugaron un papel contrastante de singular valor musical.

Romilio Orellana destacado guitarrista chileno, con éxitos en el extranjero, interpretó el Concierto para guitarra, cuerdas y "timbal" de Mauro Giuliani. Posee una gran técnica, además de musicalidad, no obstante refleja su trabajo como solista, que se permite alargamientos de tiempos que están muy bien cuando toca solo, pero al interactuar con la orquesta reviste peligros, como la dificultad de un perfecto afiatamiento, cosa que ocurrió pues se produjeron desajustes con la orquesta. Pensamos además que a la dirección de Domínguez le faltó fuerza y acentuar las articulaciones que acentuarían los contrastes con el solista.

Sobre piezas para piano de Rossini, su compatriota Ottorino Respighi, escribió su suite de ballet "La Boutique Fantástica", obra que refleja su altura de excelente orquestador. Sus partes contrastantes permiten el lucimiento de una gran orquesta, pues es de una gran exigencia interpretativa, por los constantes cambios dinámicos y de carácter. El director logró una respuesta eficiente, destacándose el Nocturno, donde logró un ambiente de misterio y ensueño notables. Pensamos que con Domínguez más suelto, habría logrado también el humor y la chispa necesarias para una notable versión.

La popularísima obertura de la ópera Guillermo Tell del mismo Rossini, cerró el amable y gustador programa, ya en el inicio con el solo de violonchelos, con un tempo más ágil que de costumbre, se notó el gusto del director y los músicos para con la obra, logrando posteriormente una muy buena descripción de la tempestad, para culminar con el archiconocido final, que hizo vibrar a un público que también agradece la inclusión de este tipo de obras en las temporadas.

Fue una ocasión más para constatar los progresos de Domínguez, que ya debiera perfeccionarse en Europa, para completar su formación.
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