Marcelo Contreras
El rostro duro de sus portadas muta en expresión amable. Ismael Serrano, el último prócer de la trova española, si bien no regaló muchas sonrisas para las graderías repletas del teatro Caupolicán la noche del miércoles, prodigó gestos de agradecimiento. Lo sabe. Con Naves ardiendo más allá de Orión, su último álbum y motivo de la visita, su nombre se confirma en tiempos yermos para la lírica comprometida.
Como un político de antaño, goza con el discurso. Su principal eslogan se centra en el miedo. Con vencer esa sensación planetaria creciente "que pretende sumirnos en el letargo". Sutil, no da nombres, no cita culpables. Entonces inocula la siguiente idea: el despertar de las conciencias; agruparse, como reflejo de una sociedad lúcida. El peso de su palabra no encuentra la respuesta que merece en la música. Ritmos de fusión, tenues trazos pop. El estribillo es un recurso al que escasamente recurre. Los arreglos saben de guitarras muy hispanas y un clarinete protagónico. Pero los giros rítmicos son pocos. Si Ismael Serrano quiere más adherentes para cambiar el mundo, no estaría mal contagiarse también de sus melodías.