Gran final con Shostakovich

20 de Septiembre de 2006 | 00:00 |
Gilberto Ponce


Con un concierto sorprendente clausuró su Temporada Internacional la Orquesta Sinfónica de Chile. Sorprendente por la mezcla de obras y por el rotundo éxito obtenido en la interpretación de la magistral “Sinfonía Nº 10 en Mi menor” de Dmitri Shostakovich.

Victor Yampolsky, el director ruso residente en Estados Unidos, condujo a la orquesta en una de sus grandes presentaciones, donde mostró un sonido de extraordinaria calidad, una afinación impecable y una perfecta sintonía con el director para lograr una notable interpretación de la célebre obra.

Desde la oscura introducción del primer movimiento y la bella homogeneidad en las cuerdas que deben sostener la constante tensión que inunda toda esta sección, hasta el diálogo posterior con el clarinete y la flauta (ambos de magnífico desempeño), el arco expresivo se logró en todo sentido.

El segundo movimiento demandó de la orquesta una perfección rítmica absoluta, objetivo ampliamente conseguido. Agregaremos además el balance sonoro y dinámico. A esa altura el rendimiento de cada una de las familias sólo pudo haber sido calificado de extraordinario en cuanto a musicalidad, pues algunos pequeños defectos en los cornos durante el primer movimiento fueron aquí totalmente superados.

No es fácil encontrar el equilibrio de interpretación para el tercer movimiento. Creemos que Yampolsky le dio una precisa “gracia dramática”, que se movió entre la ironía y el drama. Sería injusto no destacar los solos de corno y sus notables contrastes dinámicos. La suma de logros continuó durante el complejo cuarto movimiento, con sus cambios de tempo y permanentes contrastes dinámicos, así como en la exigencia en cada uno de los músicos en cuanto a interpretación y sonido.

Dudas tras las certezas
Sólo cabe destacar el nivel alcanzado por la Orquesta Sinfónica. Y el profesionalismo de sus integrantes, pues sin estos factores el director no hubiera conseguido los magníficos logros que obtuvo. Lo anterior, que llevó al público a no cansarse de aplaudir, nos conduce a preguntarnos si cabe la inclusión de una obra como la “Suite de Danzas del Mundo” de Woytec Mrozek, con un excelente solista en clarinete que realizó los arreglos de estas danzas.

La obra cuyos arreglos no pasan de ser un ejercicio de orquestación que explota el virtuosismo del solista, no reviste mayores exigencias para la orquesta. Y luego de escuchar las primeras danzas, el resto de ellas no resulta mayormente interesante, salvo la aquélla (la penúltima) que se interpreta con otro tipo de clarinete. Ahí se logra una interesante atmósfera con el “pedal” de las cuerdas en el inicio.

Sin duda para el público resulta interesante escuchar tales demostraciones de virtuosismo, pero hubiera sido mejor oírlo en una obra de mayor peso. Con Mozart, por ejemplo. La dirección de Yampolsky mantuvo atenta a la orquesta en el seguimiento del solista.

El destacado músico nacional Juan Lemann escribió su “Obertura de Concierto” en 1986, año en que se estrenó. Se trata de una interesante y bien orquestada obra, que demuestra influencias tanto de Stravinsky como del jazz. La versión de Yampolsky hizo justicia a los valores de la obra que se abrió la segunda parte.

Como resumen de esta temporada, cabe destacar el nivel alcanzado por la Orquesta Sinfónica de Chile, así como el conocimiento de directores y solistas nuevos de calidad, que en conjunto lograron para esta Temporada Internacional un merecido éxito de convocatoria de público.
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