El lado terrestre de un marciano

Después de tocar desde 1998 en el dúo Marciano junto a Sergio Lagos, Rodrigo Castro lanza ahora su nuevo alias personal: en Andesground mete la raíz folclórica al computador. El resultado es el disco que lanza hoy, Andes on the moon, editado por el sello Dicap y en festival Carril D. Es como Los Beatles en los Andes, compara. "Pero al revés".

14 de Enero de 2009 | 22:15 |

Rodrigo Castro viene haciendo música desde la primera mitad de los años '90 bajo diversos nombres, algunos simples y constantes como Tec, otros inadvertidos como 16 Beat y el más conocido, Marciano, dúo que en 1998 inició junto al hoy célebre Sergio Lagos. Ahora tiene un nombre nuevo. Es Andesground, la identidad con la que el jueves 15 de enero este músico estrenará el disco Andes on the moon.

Definido como una "fusión de folclor chileno con la electrónica", el disco consiste en trece canciones de raíz folclórica y del movimiento de la Nueva Canción Chilena recreadas con secuenciadores y sintetizadores, en un encuentro de sonidos de trompe, trutruca o kultrun con estilos como el trip-hop. Lo secunda una banda de cuatro músicos: Mauricio Araya (guitarra), Michel Durot (trompeta), Pablo Aldana (bajo) y Sebastián Rodríguez (batería).

-¿Andesground es un nombre para el grupo o es un alias tuyo?
-Es un alias mío. Empecé este disco en julio de 2006 ya con el nombre de Andesground y con Sergio (Lagos), que tenía un programa llamado así en la radio Rock & Pop. Sergio colapsó de pega en el 2006, decidí trabajarlo solo y era súper bueno mantener ese nombre.


Atacama es espacial

El estreno de Andes on the moon será también la inauguración del Festival Carril D, que marca a su vez una reactivación del sello Dicap (ver recuadro). Con una carátula inspirada en la estética de afiches y murales de la Brigada Ramona Parra a comienzos de los '70, el disco contiene tanto composiciones originales como versiones de "El derecho de vivir en paz" y "Luchín", de Víctor Jara; "Vino del mar", de Inti-Illimani, y "El cóndor pasa" de Daniel Alomia.

-¿Desde cuándo te llama la atención esta música?
-Mi viejo trabajó en la Radio Chilena y tenía un programa con Ronnie Medel, un folclorista. También fue director de la (compañía disquera) IRT y grabó los discos de Congregación, de Frutos del País. En ese tiempo yo tenía un prejuicio súper tonto con el folclor y nunca lo consideré, pero tampoco me arrepiento, porque fue una cosa que se dio con el tiempo.

El disco también incluye fragmentos de grabaciones históricas del Museo de Arte Precolombino, y conserva una de las cuatro grabaciones inéditas que Castro hizo en 2006 junto a Roberto Márquez, director de Illapu. Se llama "Atacama espacial".

-El motor fueron las cuatro maquetas que grabamos con Roberto Márquez -recuerda-. Después de eso me puse a sacar canciones, a meter ritmos, y después a trabajar con archivos de audio del Museo Precolombino: diálogos, cantos chamánicos, cosas selknam. Me puse a jugar con estos sonidos, a ponerles ritmos, máquinas.

-¿Qué se respeta y qué se cambia al hacer estas versiones?
-En el tema de las canciones folclóricas soy súper purista en cuanto a la forma. Conservo el concepto de las melodías sin modificarlo. Pero al componer mis propias canciones hay un juego libre. Agarro un sampler, le pongo una guitarra, un ritmo... También tiene que ver con una grabación que escuché cuando chico, de Julián García-Reyes (productor radial, actual director de la emisora Oasis), que sacaba unos cassettes que se llamaban Los Beatles en los Andes, que eran canciones de los Beatles tocadas en zampoñas. Y esto es al revés: se trata de que un sintetizador haga de una quena algo sintético.

-En la promoción del disco aparece un paralelo entre Andesground y el grupo Gotan Project. ¿Te acomoda esa comparación?
-Me acomoda como reflexión, porque en 2002 estaba tocando en Marsella con Marciano, nos tocó actuar en un escenario con Gotan Project y vi que el lenguaje musical latinoamericano con tecnología va por ese lado. También escuché a Señor Coconut, a los colombianos Bomba Stereo, y se trata de dejar un poco la tontera de pensar en sonar como un alemán. Obviamente es al revés, ves a Gotan Project tocando en Holanda y dejan a todos locos.


Ni clubes ni discotecs

Rodrigo Castro tiene una nutrida discografía previa a Andesground. Como Tec ha grabado Into my mind (1993), Estados ambimentales (1995 y 2001), Discotec (2002) y Actividades extraprogramáticas (2003). Con el nombre de 16 Beat editó el EP 16 Beat (2004), y su más reciente disco es Guorx, grabado en 2004 y, tras una fallida edición por el sello alemán Force Tracks, editado en 2007 por el sello en Internet chileno Pueblo Nuevo. Aparte constan sus cinco discos con Marciano: Come astronautas (1998), Obníbula (2000), Polarizado (2002), Panamericana (2003) y Absoluto (2005).

-La gente se acuerda de la versión electrónica que Marciano hizo de un poema de Neruda. ¿Dirías que es un antecedente de esto?
-Sí, fue la primera vez que hice algo así. Fue algo bien instintivo, nunca hubo mucha reflexión al respecto, pero me parecía muy interesante el ejercicio de fusionar la poesía con la tecnología.

La actual puesta en escena del músico, además de la banda de cinco integrantes, se basa en el uso del tenori-on, instrumento capaz de generar sonido y proyecciones visuales simultáneas que, en el caso de Andesground, simulan imágenes propias del folclor y de la estética muralista de los años '70.

-La puesta en escena va a ser siempre así, se trata de encontrar los lugares adecuados donde llevarla -explica-. A fines de enero voy a tocar en el escenario de la Quinta Normal, y va a ser en las mismas condiciones. No quiero tocar en una discoteca.

-¿Esta música no es para clubes ni discotecas?
-Es para otro tipo de lugares, al aire libre… La gira nacional que quiero hacer es en grandes teatros de Chile, el Teatro Municipal de Iquique, la Universidad de Concepción, el teatro perdido que hay en Chillán.

-¿Nada que ver con las giras de Marciano, que eran a pura discoteca de provincia?
-Claro, es el extremo más opuesto. Tocábamos a las tres y media de la mañana, con todo el mundo muy loco, y nosotros también muy locos. De todos modos con Sergio este año vamos a terminar un disco que tenemos pendiente, y lo vamos a poner en otra plataforma de presentaciones. Un disco de canciones pero con otra visión.

-A propósito de canciones, ¿qué te parecen los discos de Sergio Lagos como solista?
-En realidad no lo he escuchado detalladamente. La verdad es que no.

-¿No te ha interesado?
-Quieres hacer una polémica…

-No, pero pensé que habrías escuchado lo que hace como solista tu compañero de grupo.
-Si quiero escuchar rock voy a escuchar a Tindersticks (grupo de rock alternativo inglés de los años '90), no a Soundgarden (popular banda de rock y grunge estadounidense). Pero obviamente todos tenemos inquietudes que desarrollar en algún momento, con toda libertad.

Dos visitas a Europa tiene en el cuerpo Rodrigo Castro, ambas con los propios Marciano: en 2001 el dúo actuó en el festival Sónar de Barcelona y en 2002 volvió a una gira por más países del continente. Y para 2009 planifica una tercera, esta vez con Andesground y con miras a instalarse por seis meses en Barcelona, entre julio y noviembre, para actuar además en ciudades como Madrid, Marsellla o Bruselas.

-¿Cómo sitúas a Andesground en el contexto de tu historia musical?
-Es como una nueva personalidad mía. Mi personalidad camino hacia la adultez -se ríe-. Siento que tiene que ver con una maduración como persona, como músico y en términos de vida. Dejarse de carretear como carreteaba hace tres años y hacerme cargo de un proyecto y un concepto que puede generar algo a nivel nacional y también afuera.

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