Ejemplo de integración

La "Cantata del café", de Bach, y la ópera "Brundibar", de Krasa, unieron a cantantes adultos y niños en escena.

26 de Enero de 2009 | 09:42 |

En medio de terrible conflicto que sacude a judíos y palestinos en la Franja de Gaza, en la segunda jornada del Primer Festival de Ópera de Cámara hemos visto un verdadero ejemplo de tolerancia y colaboración, el mismo que quisiéramos para todos los habitantes del Medio Oriente.

Decimos lo anterior puesto que en la realización de dos óperas breves, la producción y dirección musical estuvieron a cargo de Hanns Stein y Eduardo Moubarak, judío el primero y de origen árabe el segundo, demostración clara del poder del arte y de la capacidad del hombre para superar ancestrales diferencias.

En la primera parte se presentó "La Cantata del Café", una de las cantatas profanas de Johann Sebastian Bach, para la que Hanns Stein ideó una puesta en escena. No es mucho el margen que tiene un director de escena para el texto que utiliza Bach –que en este caso fue traducido al español–, por lo que la acción queda casi totalmente sometida a la expresividad de los cantantes.

En la obra Javier Arrey, barítono, reprende a su hija, la soprano Hanny Briceño, por su afición al café, y ésta encuentra un aliado en el tenor Javier Farías para burlar al padre y continuar bebiéndolo. La acción se desarrolla en una simpática y simbólica escenografía de Germán Droghetti, presidida por una enorme tetera, más una taza que es a la vez sillón.

Arrey cantó con hermoso timbre, en forma muy expresiva y con una dicción excelente, al igual que Javier Farías en sus breves intervenciones. No podemos decir lo mismo de Hanny Briceño, quien posee una voz bastante extraña, metálica, dura y con una emisión que impide entender lo que dice.

El acompañamiento estuvo a cargo de la Orquesta de la Facultad de Artes, dirigida por Moubarak. Los jóvenes tienen musicalidad, pero necesitaban al frente a un director que además de marcar pulsos fraseara musicalmente. Lamentablemente no fue éste el caso, pues sólo se limitó a mirar la partitura y apenas corregir algunos desajustes de tempi.

En la segunda parte se presentó, también en español, la ópera infantil "Brundibar", del compositor checo-alemán Hans Krasa. Se trata de una obra que el autor debió estrenar en una segunda versión y en circunstancias muy dramáticas, pues lo hizo durante su permanencia como prisionero en el campo de concentración nazi de Terezin, y debió reorquestarla para los instrumentos con que contaba en ese lugar. La ópera fue presentada más de cincuenta veces, con un elenco que iba variando a medida que los niños cantantes eran enviados a la muerte.
No obstante los anterior, la obra es un himno a la esperanza y a la bondad del ser humano.

La puesta en escena contó también con la escenografía de Droghetti, quien diseñó además el hermoso vestuario, y tuvo como protagonistas a los niños del Coro del Liceo San Francisco de San Ramón, dirigido por Laura Núñez. Tuvieron un sorprendente desempeño, de conmovedora e ingenua gracia, además de mostrarse muy seguros en sus voces e incluso desentendiéndose de la batuta, que les marcó algunas entradas erradas.         

La hermosa música de Krasa, que a ratos recuerda a Stravinsky o a Kurt Weill, es de gran colorido instrumental. Apoya muy bien la historia de dos hermanos que tratan de ganar dinero para comprar leche para su madre enferma, y de cómo vencen al organillero Brundibar con el apoyo de otros niños, además de un gato, un perro, un gorrión y otros personajes propios de su pueblo.

No podemos dejar de señalar la actuación de Cristóbal Rivera como Brundibar, quien a pesar de ser aún niño ya posee un hermoso timbre de barítono en ciernes. Asímismo Víctor Badilla y Silvia Vivanco, los protagonistas, perfilaron muy bien sus papeles. El resto mostró un gran nivel, y la orquesta tuvo en esta obra un rendimiento muy superior a la obra de Bach.

Un estreno muy emocionante, realizado en gran forma bajo la régie de Hanns Stein.

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