Serrat regaló una tranquila apertura al Festival

Lejos de las histerias que otros números provocan, la serenidad imperó en la presentación del catalán. Una antorcha de plata fue el premio material, pero el respeto del público fue la marca.

23 de Febrero de 2009 | 23:47 | Sebastián Cerda, enviado especial a Viña del Mar

El catalán se llevó la antorcha con cierto impulso de Soledad Onetto. El aplauso transgeneracional, entonces, se ubicó como el galardón más importante.

Tomás Fernández, El Mercurio

VIÑA DEL MAR.- De sólo ver su biografía y su currículo sonaba impensable, pero el catalán Joan Manuel Serrat ofrecía una de las principales incertidumbres para esta primera jornada de Viña, teniendo en la platea a los seguidores de Camila y a los radicales de La Noche, que poco y nada deben saber del cantautor.

Pero nada de eso puede ser preocupante para un hombre que no sólo tiene a un público fiel y maduro, sino que además se impone por presencia, como pocos en este Festival de los 50 años. Es cierto que el 60 por ciento de los presentes no estaba en conocimiento de sus canciones (y probablemente no les interesa estarlo), pero el catalán con su atmósfera y su porte logra lo que pocos en este escenario de dinámicas tan particulares: respeto.

No es difícil para alguien que en escena suele ratificar sus pergaminos, partiendo por una interpretación sin altibajos (siempre con sus clásicas notas reverberantes) y una banda de acompañamiento simplemente impecable, pero que también dispone de verdaderos clásicos del cancionero hispanoamericano y que esta noche interpretó. Allí están "Cantares", "Penélope", "Tu nombre me sabe a yerba" y "Mediterráneo", entre otras. En ellas también apuntó el micrófono al público, que en minoría y con intimidad respondió.

Su permanente locuacidad fue lo único que en ocasiones provocó lejanas silbatinas, pero lo que también propició el momento de mayor comunión, con el homenaje a la canción chilena que realizó con una mediterránea versión de "El cigarrito", de Víctor Jara, y que antes dedicó largamente a artistas como Violeta Parra, "Inti", "Quila", "Pato Manns" y especialmente al "Tío Lalo", Eduardo Parra, quien permanece en estado grave. A ellos se refirió como "los que han hecho crecer la música de este país".

Ese tránsito íntimo y calmo fue el que mantuvo hasta el final de su presentación, pese a no prescindir de guitarras distorsionadas, baterías marchantes y texturas cuasi épicas en algunos de sus temas. Una particular combinación que el público escuchó, atendió, aplaudió y premió con una antorcha de plata muy impulsada por los animadores. "No cabe duda", dijo Soledad Onetto, repitiendo el vuelito que sus antecesores transformaron en marca.

Pero nada de eso debe ser muy importante para Serrat ni, aunque parezca contradictorio, para su público. Lejanos a los ritos viñamarinos, no almacenan entre sus manifestaciones el grito de "antorcha" o "gaviota". Para ellos basta con un sincero y sonoro aplauso, que es lo que el catalán, por enésima vez, volvió a llevarse de Chile.

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