Simply Red, gracias por venir

Los ingleses ganaron por goleada, sólo con el argumento del buen juego a partir de buenas canciones. Todas buenas. Y con los portorriqueños R.K.M y KEN-Y se cerró esta jornada vibrante en dos extremos: sobriedad británica y contundencia latina. Al medio, Meneguzzi, menos que aceptable.

27 de Febrero de 2009 | 13:22 |

Mick Hucknall, la voz del soul de ojos azules. Preguntas: ¿cuántas descargas de música de Simply Red se estarán ejecutando esta tarde o cuántas disquerías habrán atinado a poner sus discos en primera fila?

Tomás Fernández

Si el monstruo hubiera dirigido el timing de la cuarta noche del festival, es probable que terminara a una hora récord de la noche, con Simply Red convertido en el máximo número hasta el momento y con el beneplácito total de quince mil espectadores. Treinta minutos después del término de su presentación, Onetto y Camiroaga seguían ahí en el intento de explicarle a la Quinta Vergara, como si fuera un niño chico, que el concierto de Simply Red había terminado y que había que seguir con el programa. Pero hay algo que es cierto: por lo que mostraron los ingleses y de la manera como lo mostraron casi no hay argumentos musicales en contra. En efecto, podrían haber tocado más aún.

La tan habitual trayectoria con que se suele medir a los artistas, los premios que ha ganado o los discos que ha vendido en el mundo. Todo ello no son más que elementos periféricos a la música. Si en el fútbol se gana con goles, en el pop eso se hace con canciones. El año pasado Peter Frampton empató a cero colgado del travesaño con covers de los Beatles. Anoche Simply Red pasó una factura de goleada con un cancionero que ejecutó en un nivel sobresaliente.

Los americanos utilizan el término “blue-eyed soul” para referirse a cultores blancos de esta música negra de ritmo, melodía y groove. Se entiende bien: si Mick Hucknall no tiene los ojos azules, al menos es un colorín británico reconocible que canta el soul de un modo distinto, con sus tiempos siempre bien calibrados, con sonidos elegantes de saxofón alto y trompeta con sordina, que no hicieron otra cosa que marcar mayor elegancia en su vestir como crooner pop para cantar “It’s only love” primero, “Your mirror” después y “Holding back the years”, en seguida. Son canciones que atrapan aunque uno no las conozca.

Se llama oficio: cuando Simply Red logró dejar a quince mil personas con un nudo en la garganta después de tocar “You make me feel brand new”, luego supo descomprimir las tensiones y devolverle el aire con canciones vibrantes como “Something got me started”. Una de las mejores de la noche. Y eso que también fue uno de los argumentos por los que Hucknall fue basureado en el documental ficción inglés “Twenty-four hours party people”, que narra la historia del nacimiento de la escena pop y rock de Manchester de los años ‘70.

Paréntesis para la actuación de cortesía de Paolo Meneguzzi, que después de la actuación de Mick Hucknall, pareció un aspirante a ídolo americano. Más o menos lo que ha sido desde 1996, pero se salva relativamente porque la galería le tiene buena. Simpático, Meneguzzi. Tres canciones, pero nada más. Lo que venía entonces estaba en la puerta de un horno quemando fuerte para una Quinta Vergara hecha para la fiesta latina. La galería ha demostrado ser reggaetonera en serio, en su más profunda identidad. En las primeras filas, ahí donde se ubican las celebridades nacionales, se toman el reggaetón nada más que como curiosidad pintoresca.

R.K.M y KEN-Y, que es todo lo contrario a Simply Red, visten chaquetas de un corte militar con la bandera chilena impresa en brillantina, alaban al Señor entre sus canciones, y se mueven al ritmo con su cuerpo de baile. R.K.M es el hombre rudo que rapea y KEN-Y el jovencito romántico que canta melódicamente. Los dos marcan muy bien sus papeles (uno protege al otro) hasta en las pequeñas dramatizaciones que preparan para salir con canciones al paso de una audiencia que los premia coreando cada una de ellas. Un buen espectáculo. Hace cuatro años que el reggaetón es amo y señor del Festival de Viña más popular en lo alto de la galería. Pero hay más que eso y mucho más también. Y ésta ha sido una de esas noches para atesorar. Gracias a Simply Red, una buena razón para quedarse plantado a la TV hasta una hora imposible de la madrugada.

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