Crítica musical: La salvación salsera

Marc Anthony cerró los cincuenta años del Festival como lo que siempre ha pretendido ser: una fiesta. Natalino, un relleno.

01 de Marzo de 2009 | 08:03 | J.C. Ramírez Figueroa, El Mercurio Online






Noche meritoria


SANTIAGO.- “¿Quienes son estos Natalino?” se preguntaban varios. Ignorantes. ¿Cómo desconocer a este trío de “pop acústico” y que es “éxito en España” gracias a una canción de la telenovela “Machos”, como señaló Soledad Onetto? Y en lugar de convertir este debut viñamarino en un show memorable, Natalino optó por el lugar común, los saluditos al público, la instrumentación discreta y canciones que apelan a los clichés más lamentables del género.


Basta escuchar “Desde que te vi”, el gran éxito del que hablaba Onetto. ¡Sonaba igual que “En el muelle de San Blas” de Maná. Como esas versiones de canciones famosas para spots publicitario.


No se trata del recurrido chaqueteo frente al festival o a lo “chileno” que  denuncian algunos posteos escandalizados. Es simplemente una evidencia: el nerviosismo, las salidas de tono, canciones que persiguen a la mujer desde una carencia infantil como “Ángel del pasado”. Y, aunque el “pop romántico latino”, adolece de una estandarización temática y estructural (los mismos acordes, recursos orquestales, modulaciones), necesita precisamente riesgo y aventura. Por favor, ¿donde está la pasión y las canciones que nos emocionan, nos mueven la patita, nos hacen querer escucharla de nuevo? ¿O eso no importa?


Ya decíamos que la competencia es el refugio de algunas ideas o riesgos interesantes. “Ayer te vi” de Victor Heredia e interpretada por Emiliano del Río, ganó la gaviota y Lira de oro, y efectivamente, comparándola con el repertorio entero de Natalino, ciertamente hay un abismo.


Lo sorprendente y que, efectivamente, salvaría la noche fue Marc Anthony. Sabíamos de la locura que provocó en su anterior visita a Chile, incluyendo shows adicionales. También que era un respetado salsero que integró el estilo a los códigos pop estadounidenses. Y que el gran Paul Simon le echó el ojo.


Pero verlo, sonriendo, cantando al ritmo de una orquesta impecable y con el piano en clave salsera dominándolo todo, es notable. El público deliraba más que el de La Noche o Daddy Yankee. La clave quizá es que, a diferecia de la primera generación de puertorriqueños neoyorkinos, el cantante abre su música hacia el pop. Si, el comercial, el que suena en la radio, el tabú de los músicos serios.


Esa apertura pop lo hace pasar de la pegajosa “Dímelo (I need to know)” a “Volando entre tus brazos”, de la cita al bolero en “Hasta ayer” o el homenaje a Hector Lavoe en “Mi gente”. Su carisma era un plus ante músicos imbatibles, elegantes, unos verdaderos aristócratas del ritmo.


Y así se nos fueron los 50 años de un festival. Los cuestionamientos sobre si no es más que un recordatorio de los años en que no venía nadie a tocar a Chile, el rol de los periodistas musicales, los debates sobre los artistas, se archivan hasta el próximo verano. Al menos, terminó como la fiesta que siempe ha pretendido ser.

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