Un violista ruso para comenzar

La participación de Konstantin Boyarsky se impuso en el mejor momento del reinicio de la temporada 2009. En el otro extremo queda el desconcertante trabajo de Jan Latham-Koenig para su versión de la "Quinta Sinfonía" de Beethoven. Calma y tiza: el año recién comienza.

12 de Marzo de 2009 | 11:44 |

Konstantin Boyarsky conectado a la viola. El ruso ofreció una correcta presentación y fue parte de lo más destacado del inicio del año en el Municipal.

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Con un conjunto que vuelve a presentar caras nuevas se dio inicio en el Teatro Municipal de la capital a la Temporada 2009 de la Orquesta Filarmónica de Santiago. Bajo la dirección de su titular Jan Latham-Koenig se escucharon dos obras de autores ingleses en una jornada que finalizó con la celebérrima “Quinta Sinfonía” de Ludwig van Beethoven.

Creemos que en este momento la orquesta no alcanza aún el afiatamiento necesario para lograr el bello sonido que le caracterizaba. Es lógico, se trata del primer concierto del año. Pero en varios momentos se escucharon sonidos crudos y poco balanceados. Afortunadamente, y pensando en su futuro, cuentan con un director que sabe muy bien cómo solucionar cada uno de estos problemas.

El programa se inició con el “Saludo de amor” de Edward Elgar, obra compuesta como  regalo para uno de los cumpleaños de su esposa, homenaje similar al realizado un tiempo antes por Richard Wagner con su querida Cósima. Resulta interesante consignar que a partir del original se han realizado varias adaptaciones para diversas combinaciones instrumentales que resultan de agradable audición, aunque creemos que la obra no es más que un entremés un tanto sensiblero y que bien podría servir de música de fondo para una película romántica de los ‘60. La pulcra versión fue recibida con relativo interés por el público.

Luego, el estupendo violista ruso Konstantin Boyarsky enfrentó el difícil “Concierto para Viola y Orquesta” de William Walton, obra que bien podría recibir el calificativo de sinfonía concertante, pues en extensos pasajes el solista es solo un complemento de la orquesta.

En sus tres movimientos este concierto es muy heterogéneo en melodías y ritmos, incluso no elude las alusiones al jazz, y siempre plantea grandes desafíos tanto para el solista como para la orquesta. En este sentido Latham-Koenig tuvo un éxito importante, al conjugar todas las complejidades de la partitura con la solvencia acostumbrada.

El  clima tenso y oscuro que predomina en gran parte de la partitura se logra a partir de una abigarrada orquestación, que en numerosos fragmentos demanda un gran virtuosismo de muchos de los instrumentistas en sus frases a solo. Uno de los momentos de excelencia de Boyarsky estuvo en su impecable interpretación del segundo movimiento. Creemos que esta obra fue el punto más logrado de la tarde.

Sinfonía desconcertante

El programa finalizó con una versión a ratos desconcertante de la “Sinfonía N° 5 en Do menor, Op. 67” de Ludwig van Beethoven. En ella quedaron planteadas muchas dudas, que provienen del enfoque impreso desde la dirección. No nos cabe duda la enorme capacidad artística de Jan Latham-Koenig, quien ha llevado a esta orquesta a niveles de excelencia, pero esta versión resultó por momentos muy extraña.

En primer lugar, el enfoque no quedó lo suficientemente claro en ninguno de sus movimientos y tampoco tuvo la fuerza expresiva necesaria para la interpretación de esta monumental obra. Las progresiones, cuando existieron, no tenían relación con el sentido general, y en muchos momentos se abusó de los golpes y del sonido estridente, particularmente en los bronces. Incluso los balances instrumentales no fueron siempre cuidados, al tiempo que abusó de los rallentando y los ascelerando, rompiendo así la unidad interpretativa. ¿Un mal día del director? Así lo creemos, pues le vimos sin esa energía que se traduce en la musicalidad que le es característica. Sólo afloró en algunas secciones, con bellos sonidos en las cuerdas y maderas.

Es sabido el impacto y entusiasmo que provoca esta obra en el público, que fue lo ocurrido con buena parte de la audiencia, pero independientemente de lo anterior estamos seguros de que tanto el director como sus músicos saben que pueden entregar algo más propio a sus niveles y jerarquía.

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