Tormenta eléctrica

Ante nueve mil asistentes extasiados con la descarga energética, el grupo neoyorquino mostró el domingo 30 su sonido en la Arena Santiago: el ruido de guitarras que ha influido sobre generaciones completas.

30 de Marzo de 2009 | 13:53 |

Primera vez: el grupo neoyorquino tuvo un intenso debut ante más de de nueve mil personas el domingo en la Arena Santiago.

El Mercurio

Kim Gordon tiene una lima entre los dedos y en los próximos segundos va a hacer algo incorrecto. Es la mitad del concierto de Sonic Youth en Santiago y de un momento a otro la cantante del grupo atacará las cuerdas de una guitarra eléctrica con esa lima de ferretería, para hacerlas chirriar y pervertir de paso el modo correcto de tocar una guitarra. De hecho bien puede ser una subversión doble, porque también tiene esa guitarra en las manos, y en el rock son mujeres como ella las que desde fines de los años '70 hicieron valer el derecho no sólo a cantar o a hacer coros, sino a tocar guitarras y bajos eléctricos, que es una de las mejores cosas que han pasado en toda la historia de esa música.

Sonic Youth es un grupo que viene también desde entonces dando vuelta las nociones de cómo tocar rock. Tres décadas casi completas para oírlos en vivo fue harta espera, pero el resultado acaba de ser uno de los más importantes y mejores conciertos de grupos internacionales dados en Chile. Tuvo que ver con los nueve mil entusiastas que llegaron a verlos el domingo pasado a la Arena Santiago, y sobre todo con la actitud del propio grupo para desplegar el mejor repertorio posible para una primera vez. O sea, un viaje por casi toda su carrera, que además es una historia determinante para grupos como Nirvana en particular y movimientos completos como el del rock alternativo de los años '90 en adelante.

Todos esos años

De los dieciséis discos que han grabado, Sonic Youth esta vez dejaron guardados algunos más recientes como Washing machine (1995), A thousand lives (1998) o NYC ghosts & flowers (2000), para retomar lo actual con su álbum de hace tres años, Rather ripped (2006), y con los valiosos preestrenos de The eternal, el álbum que van a lanzar en justos once días, el 9 de abril.

En cambio sí se remontaron a esa historia y dejaron amplios espacios para Daydream nation (1988), uno de los trabajos basales con que consolidaron su aproximación al ruido o noise, palabra que se ha vuelto un género desde entonces: ruido, considerado no como accidente ni error, sino como propósito. Antes de que se volviera un material para música electrónica o de softwares, el noise fue de guitarras en manos de grupos como Sonic Youth.

También hubo historia en juego con la presencia de un quinto integrante, Mark Ibold, el ex bajista de Pavement, otra banda crucial y temprana del rock alternativo, y en el cierre del concierto con "Express way to yr skull" (1986), una canción grabada originalmente junto a Stephen Malkmus, el cantante de Pavement. Más hacia atrás llegaron al abrir dos sendos bises con "Shaking hell" (1983), una canción del primer disco, y con la muestra de ruido inicial de "The burning spear" (1982), grabada en su primer EP.

Asimismo eligieron la muy adictiva "Kool thing" (1990), una canción grabada sin barreras entre rock y rap junto al caudillo de Public Enemy, Chuck D. Y desde la época en que los adelantados al rock alternativo quedaron rodeados por ese sonido cuando se puso de moda, el grupo trajo "Bull in the heather" (1994) y volvió a hacer bailar. Porque esta banda puede ser una tormenta eléctrica, pero la batería de Steve Shelley es implacable: por esos ritmos siempre ágiles es que las canciones de Sonic Youth permiten saltar como saltó el público en la cancha, y por eso la propia Kim Gordon puede bailar y girar cuando canta "Jams run free", una de las canciones recientes.
 
El ruido es una idea

Sonic Youth no suena fuerte, o al menos no siempre. Ni siquiera al borde del escenario se distinguía con claridad el sonido del tambor de la batería y casi fueron silenciados los buenos cambios de ritmo de "’Cross the breeze" (1988), donde Shelley embarca a sus compañeros entre un ritmo punk y uno metalero sin transiciones.

Una primera explosión real de sonido vino recién a la altura de la octava canción, uno de los estrenos. Y sí hubo momentos de alta energía eléctrica, pero no es el volumen el atributo principal del concierto. Más fuerte sonó, por ejemplo, el grupo escocés Mogwai en 2002, con un ruido casi físico del que todavía deben andar ecos en el Teatro Novedades. Durante buenos pasajes de Sonic Youth en vivo el ruido ni siquiera necesita ser concreto, sino más bien una idea.

Ese ruido puede venir por ejemplo de la radio portátil barata con la que después de la canción "100%" (1992) el guitarrista Thurston Moore jugó a alto volumen y a baja fidelidad para dejarla al final sintonizada en una sorpresiva canción de Charly García, más precisamente en "La ruta del tentempié" (1987), en versión chicharrienta extrema. Pero es sobre todo ruido de guitarras. Muchas guitarras. Trece sólo a un lado del escenario y otras tantas al otro lado, para probar las más diversas maneras de emplearlas.

La dupla entre Lee Ranaldo y Thurston Moore usa guitarras con cuerdas de distintos timbres y diferentes afinaciones, intervenidas por efectos, arrastradas sobre los amplificadores, tocadas con arco para violín o con baquetas de batería atravesadas entre las cuerdad y el mástil, o incluso con la guitarra y el guitarrista arrojados al público durante unos segundos de real riesgo en los que ambos, la guitarra y Moore, pasaron por entre decenas de manos. También está esa barra metálica con que el mismo Moore violentó al instrumento en "100%": ésa es la idea de un solo de guitarra para Sonic Youth. No al medio de la canción, al comienzo. No para lucirla, para electrocutarla.

Y ahí está el otro efecto personal del grupo, en el contraste con las voces neutras, casi impasibles en medio de la tormenta eléctrica. Es la voz lacónica con la que Thurston Moore dedica un saludo y dice simplemente "Chile: number one", y es en especial atrayente cada vez que Kim Gordon se pone a cantar. Como en "Calming the snake", esa canción nueva en la que ella da vuelta un estereotipo más y saca una lima, y no tiene que ser una lima de uñas. La misma Kim Gordon que, sin gritar, porque el ruido ya está de su lado, en el coro de "Kool thing" dice dos frases que son como una declaración de la insolencia, y que tienen tantos usos posibles: "No quiero. No lo creo".
 
Las canciones
1. Teen age riot (del disco Daydream nation, 1988). Voz: Thurston Moore.
2. Bull in the heather (de Experimental jet set, trash & no star, 1994). Voz: Kim Gordon.
3. Incinerate (de Rather ripped, 2006). Voz: Thurston Moore.
4. Hey Joni (de Daydream nation, 1988). Voz: Lee Ranaldo.
5. The sprawl (de Daydream nation, 1988). Voz: Kim Gordon.
6. 'Cross the breeze (de Daydream nation, 1988). Voz: Kim Gordon.
7. Schizophrenia (de Sister, 1987). Voz: Thurston Moore y Kim Gordon.
8. Calming the snake (de The eternal, 2009). Voz: Kim Gordon.
9. 100% (de Dirty, 1992) Voz: Thurston Moore.
10. Jams run free (de Rather ripped, 2006). Voz: Kim Gordon.
11. Mote (de Goo, 1990). Voz: Lee Ranaldo.
12. Kool thing (de Goo, 1990). Voz: Kim Gordon.
13. Pink steam (de Rather ripped, 2006). Voz: Thurston Moore.
14. The burning spear (del primer EP, Sonic Youth, 1982).
15. Sacred trickster (de The eternal, 2009).
16. Silver rocket (de Daydream nation, 1988). Voz: Thurston Moore.
17. Shaking hell (del primer disco, Confusion is sex, 1983). Voz: Kim Gordon.
18. Express way to yr skull (De Evol, 1986). Voz: Thurston Moore.

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