"No hay nada más moderno que la tradición"

Con 29 años de trabajo a partir de las tradiciones de Chiloé fusionadas con nuevas influencias, el grupo chileno presenta en vivo su repertorio de cantos y danzas, y de paso su director Marcos Acevedo revisa el contexto musical actual. "El formato de 'grupo folclórico' está agotado", dice.

15 de Abril de 2009 | 22:54 |

Empecinados. Es la palabra que elige Marcos Acevedo para definir el carácter de Chilhué, el grupo que dirige y con el que pronto cumplirá treinta años de trabajo dedicados a fusionar la música y la danza de raíz de Chiloé con elementos contemporáneos. El conjunto viene de hacer dos inventarios de su trabajo, en el disco Chilhué en vivo: 27 años de músicas y danza (2007) y el DVD Exégesis (2008), y este fin de semana (ver recuadro) inicia una temporada de actuaciones.


-Tiene que ver con lo empecinados que somos -define Acevedo-, en trabajar con códigos, señales que la danza tradicional o folclórica nos entrega, para afrontar la modernidad y tecnología. Tratamos de decir que estos materiales son esenciales para enfrentar el hoy. Los recogemos de lo tradicional y los traemos a la modernidad, pero siempre con la memoria de los abuelos, con la vigencia a pesar de los tiempos.


Ya no es copiar al chilote


Fundado en 1980 por el propio Acevedo, Chilhué ha publicado los discos El otro sentir de Chiloé (1986), Chiloé, poesía, mito y leyenda (1987), Cae la noche en Tierra del Fuego (1988), Chilhué en danzas (1990), … Y nosotros ya estábamos (1993), Chilhué, lugar de gaviotas (1998), Hechicerías, las leyendas de Cucao (2000), Instrumental (2002) y Palafitos (2004), además de los dos más recientes.


A lo largo de esa historia el grupo queda situado además en una continuidad de música basada en la raíz de Chiloé, cuyas tradiciones han nutrido a conjuntos precursores como Millaray a fines de los años '50, a elencos posteriores como Chamal o Bordemar y a la diversidad de ballet folclóricos chilenos. Y Acevedo tiene un punto de vista crítico sobre el estado de ese desarrollo.
 
-Estamos en un tiempo complicado para el formato del grupo folclórico, entre comillas, que creo está un poco desgastado -dice-. La mayoría de los grupos que funcionan con este formato mantiene una idea que no siento que haya evolucionado en los últimos cincuenta años. Esto complica el camino de algunas agrupaciones que pretendemos decir otra cosa, dar mayor profundidad a este tipo de materiales que requieren ser proyectados  con la visión de hoy, el paradigma que nos ampara.
 
Al mismo tiempo Acevedo cita a referentes tan diversos como las compañías internacionales de teatro Cirque du Soleil o La Fura del Baus. "Nosotros incorporamos la danza contemporánea e instrumentos para situar este modelo de grupo en otro contexto, pararnos en el escenario ya no como se ha hecho hace más de cincuenta años, con ese formato semicircular. Ya no se hace copiando al chilote, sino expresando lo que sentimos, lo que nos  pasa acá en la ciudad, en lo cotidiano y en relación al sentido de pérdida de lo identitario, que nos es común".
 
-¿Qué es más importante como fuente, los estímulos de afuera o esa vivencia cotidiana y real?
-Hacer un viaje al interior nos permite configurar algunas cosas muy relacionadas con lo nuestro. Se me viene a la memoria el trabajo de "La negra Ester", que plantea una estética identitaria clara y precisa de lo que somos. Siento que el teatro chileno ha avanzado mucho  más en ese sentido, o nuevos músicos que están recogiendo materiales desde la Nueva Canción Chilena o el Canto Nuevo para reinstalarlos cerca del Bicentenario, como Gepe o Chinoy. O grupos como La Mano Ajena o la Banda Conmoción, que vienen del mundo del teatro, tienen una visión más interactiva.


"En nuestro caso ese cambio no se ha dado", continúa. "Estamos casi predeterminados por figuras como la de Margot Loyola, que son referentes, pero también hace falta soltar las amarras, más allá de un Bafona o un Bafochi que plantean una identidad del espectáculo bastante estereotipada. Creo desde esta perspectiva que el formato de 'grupo folclórico' está agotado. No porque haya muchos significa que todo está bien. Es una dinámica anclada en los años '60, '70, y hay que tomar mucho más en cuenta lo anexo, lo escénico, la iluminación, el sonido. Somos responsables de hacer aportes más profundos y sostenidos, que consideren los arquetipos por sobre los estereotipos".


Ahora viene la Brujería


Chilhué tampoco parece desdeñar lo profundo. "Desde el fondo de cada una de estas danzas nos hablan nuestros abuelos, hechiceros, magos, algo anterior al tiempo", escribe el propio Acevedo en las líneas del reciente DVD Exégesis. "Se repite el rito del reencuentro con algo perdido, algo robado, algo oculto a propósito".
 
-¿Qué rol tiene lo ancestral ahí, que es todo lo contrario de lo "moderno"?
-Nuestro trabajo se orienta también a la tradición, que no es el pasado, es el presente. No hay nada más moderno que la tradición. Hay un acto de ritualidad en ese sentido, de replantear una danza que tiene un contexto de rito y conexión con lo que es el hoy. Se plantea un elemento identitario que va más allá de lo chileno, la intención de instalar ciertos códigos rockeros o bluseros para llamar la atención de lo fusionados que estamos en términos corporales. No somos únicos. Somos múltiples identidades.
 
-¿Cómo resuelven todo esto en el escenario?
-Chilhué es un grupo que no tiene grandes escenarios, se ha reducido cada vez más la opción de mostrarnos y de que nos conozcan. Tenemos que hacer trabajos de adaptación en danza y música por la precariedad de los escenarios, pero siempre nos preocupamos de los espacios para expresar nuestra esencia, entramos desde el público, hay juegos con la interacción.


-¿Qué viene después de los dos recientes discos? Uno es un inventario de sus 27 años, otro es un legado audiovisual en DVD.
-En el DVD quedó plasmado en un soporte audiovisual un material que no quería que se perdiera, y cerramos los círculos con una recopilación histórica del grupo. Ahora estamos trabajando un tema relacionado con la Brujería en Chiloé, pero no desde lo superficial, sino desde el significado profundo, de la relación del hombre con la naturaleza, del no perder los sentidos, sino recuperarlos. Eso se relaciona con el chamán, los aquelarres, el challanco, que es el espejo de agua con el que los Brujos determinan los tiempos: pasado, presente y futuro, o el invunche, que también tiene que ver con la imagen actual del chileno, esto de estar desvinculados en lo relacional, de tener todos los sentidos cerrados.

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