Haydn y Mendelssohn, los compositores del año

Al mando del prestigioso conductor Juan Pablo Izquierdo, la agrupación nacional ejecutó sinfonías y un concierto con clavecín de estos autores cuyas vidas se recuerdan en 2009 efemérides redondas.

28 de Abril de 2009 | 11:57 |

Izquierda, derecha y centro: El maestro Juan Pablo Izquierdo movió a su orquesta de lado a lado en la interpretación de las sinfonías escogidas.

El Mercurio

La Orquesta de Cámara de Chile, cuyo director es el destacado músico chileno Juan Pablo Izquierdo, ofreció otro de sus programas en la Temporada de Conciertos Ñuñoa 2009, los que se llevan a cabo en su Teatro Municipal, el recordado y famoso ex Teatro California. Ante un público que al igual que en otras jornadas colmó la sala, se desarrolló un programa dedicado a dos de los músicos cuyos aniversarios se celebran este año. Nos referimos a Franz Joseph Haydn y a Felix Mendelssohn.

Fue un programa muy bien recibido por el heterogéneo público, en el que no es extraño encontrar a familias completas dispuestas a gozar de la música. En la primera parte se escucharon dos obras de Haydn: su “Sinfonía N° 92 en Sol mayor, llamada Oxford”, escrita como agradecimiento al ser distinguido su autor con el grado de “Doctor Honoris Causa” otorgado por esa casa de estudios.

Ya desde la introducción lenta se apreciaron los cuidadosos fraseos, tanto como el homogéneo sonido del conjunto. Luego, en la parte rápida, se destacaron los diálogos de las cuerdas con las maderas de gran precisión y musicalidad. El “Adagio Cantábile” que le sigue nos mostró un noble y expresivo sonido, para llegar después al “Minuetto”, tocado con gracia y con el destacado protagonismo de cada una de las voces melódicas. En el trío de este movimiento es preciso señalar el rendimiento de los cornos por su sonido y musicalidad.

El jubiloso “presto” con que finaliza la sinfonía, sólo puede ser calificado de brillante y chispeante, con gran precisión en las figuras y articulaciones, que dieron cuenta del acabado trabajo de Izquierdo con sus músicos. Los largos y entusiastas aplausos premiaron con justicia la versión.

El clavecín y la estupenda

La segunda obra del programa fue el “Concierto para Clavecín y Orquesta en Re mayor” del mismo Haydn. Hace poco tiempo escuchamos esta obra pero en versión para piano con Alfredo Perl y la Orquesta Filarmónica. En esta ocasión la solista fue la estupenda Svetlana Kotova, quien brindó una versión pensada en las cualidades del clavecín sin pretender asimilarse al piano. Esto obliga además al director a ser muy cuidadoso en los balances, ya que aunque en esta ocasión el instrumento tuvo una sutil amplificación. Los diálogos entre solista y orquesta deben ser siempre equilibrados. Izquierdo sabe cómo hacerlo y el resultado fue óptimo.

De esta forma la clara digitación de Kotova, así como los ornamentos, se percibieron sin dificultad. Se rescata así el espíritu clásico que impregna la obra, al tiempo que queda todo el trabajo de los contrastes dinámicos a cargo de la orquesta, puesto que el clavecín tiene pocas opciones de hacerlos.

El primer movimiento fue transparente, elegante y de gran precisión en los diálogos solista y orquesta, mientras la “cadenza” a cargo de Kotova fue brillante. El segundo movimiento se inició con el sutil diálogo de cuerdas y maderas, al que se agrega luego el clavecín. El “rondó” final, tocado muy rápido, fue de enorme precisión, con articulaciones orquestales que complementaron los juegos del clavecín. La versión fue un todo muy orgánico que arrancó ruidosas manifestaciones de aprobación por parte del público.

Una sinfonía italiana, por favor

Luego del intermedio la jornada finalizó con la bellísima “Sinfonía N° 4 en La mayor”, llamada “Italiana” de Felix Mendelssohn. En ella la orquesta le agregó, de acuerdo al estilo romántico, mayor peso sonoro, aunque en su primera sección los violines parecieron insuficientes. Luego su sonido se balanceó perfectamente con el resto de la orquesta y apareció allí todo el espíritu festivo, misterioso y descriptivo de una obra muy bien captada por Izquierdo y sus músicos. En ese instante se olvidaron algunos momentos de sonido un poco sucio en los vientos o los leves desencuentros de tempi entre familias.

Luminoso y exultante fue el primer movimiento, que da paso luego al “andante con moto”, con ese misterioso y noble canto de las maderas que se superpone  al tema casi obstinato a cargo de las cuerdas, recreando maravillosamente el ambiente nocturno veneciano. En el tercero se produjeron algunos pequeños desajustes, aunque que no opacaron la expresividad total ni menos la belleza de su sutil final, el “saltarello presto”, a gran velocidad. Jamás restó precisión ni en el pulso ni en los diálogos entre familias instrumentales, donde la orquesta hizo gala de fraseos y articulaciones estupendas.

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